Rugby
La perseverante Maica Martí, tras dos lesiones de rodilla: «Después del primer partido no podía parar de llorar»
La valenciana vuelve a jugar con el CRAT: «Querer vestir esta camiseta de nuevo me llevó a buscar las ganas cuando sentía que no podía más. El año pasado recaí por volver antes de tiempo para no perderme los partidos importantes; ahora, la rodilla responde mejor» | El equipo cierra la liga este sábado contra Cisneros en busca de la permanencia: «Es una final a todo o nada, pero somos optimistas»

Maica Martí, en la Ciudad Deportiva de la Torre. / CASTELEIRO
Descender al infierno, aprender a convivir entre las llamas y resurgir en una situación límite para ayudar al equipo a sellar el objetivo, cueste lo que cueste. Aunque sea la salud propia. Ese ha sido el proceso que Maica Martí (Valencia, 2000), jugadora del CRAT Rialta, ha afrontado en los últimos dos años debido a las lesiones. La valenciana tuvo que parar en 2024 tras sufrir un problema de menisco y regresó a principios de 2025 para ayudar al cuadro coruñés a lograr la salvación en la Liga Iberdrola. Su acto, pese a ser generoso y casi heroico, le salió caro: el esfuerzo de volver prematuramente la mantuvo casi otro año en el dique seco. «No esperaba recaer, fue una consecuencia de querer ir deprisa para jugar los partidos importantes [de la campaña anterior]», comenta Martí. «Volví antes de tiempo y la rodilla no respondió bien, no tuve una buena adaptación a la carga. Perdí toda la musculatura del cuádriceps, que me había costado muchos meses de trabajo, en solo tres partidos. Y, encima, me llevé un golpe. Parecía una broma de mal gusto», relata la pilier de la escuadra que dirigen Juan Pablo Chorny y Pablo Artime.
Su particular calvario terminó el pasado 18 de enero de 2026, cuando volvió a vestirse de corto para participar en el duelo contra el Pozuelo. «Después del primer partido no podía parar de llorar. He trabajado mucho y con mucha gente para poder jugar de manera continuada. De momento, todavía me estoy encontrando. La rodilla responde mejor que el año pasado y no me está costando coger el hilo del grupo. Cada partido es un paso adelante, pero estoy muy, muy contenta de estar de vuelta», destaca.
Un trayecto lleno de espinas
La recuperación de la primera lesión de Martí fue dura, pero la segunda se convirtió en una auténtica montaña rusa. «Ha sido un proceso agotador a nivel mental. Un día te planteas volver a jugar y otro te planteas dejarlo todo, me venía abajo si no veía avances. La rodilla estaba inestable, se hinchaba con el mínimo esfuerzo. Prácticamente, tuve que aprender a hacer de todo menos caminar: agacharme, doblar, subir y bajar escaleras... Lo más básico».
Pese a que su estadía en la enfermería fue exigente a todos los niveles, rendirse nunca fue una opción para una Maica que tenía entre ceja y ceja volver a vestir la camiseta del CRAT. Cuanto más oscuro era el camino, más se aferraba la valenciana a la luz de sus compañeras, que la acompañaron en el proceso y le sostuvieron la mano en los vaivenes más complicados. «Parte de la perseverancia que tuve en esos peores momentos se dio porque quería volver a jugar con ellas y con el CRAT, que después de seis años ya es mi casa. Querer estar ahí fue el punto en el que me apoyé para volver a jugar, lo que me llevó a buscar ganas donde no las había en los días que sentía que no podía más», relata la jugadora del conjunto coruñés.
Y, aunque todas las personas que la rodearon fueron importantes, el nombre de Mariana Romero [también jugadora del equipo] sobresale por encima de todos. La venezolana también afrontó una larga recuperación de rodilla y se mantuvo firme a su lado hasta que ambas cruzaron la línea de meta: «No me llegará el tiempo que me quede de vida para agradecerle todo lo que ha hecho por mí. Fue una etapa durísima para las dos».

Las jugadoras del Cocos placan a Mariana Romero en un lance del partido contra el CRAT en Elviña esta temporada. / Iago Lopez
Otro desenlace agónico
La sombra de las lesiones ya es pasado. Con Maica y Mariana recuperadas, el CRAT cierra la liga regular este sábado, en Elviña, frente al Cisneros (16.00 horas). Un partido que, de vencer, daría la salvación matemática al equipo e, incluso, podría llevarlas a la disputa del play off por el título, en función del resto de resultados de la jornada. Si pierde, el equipo coruñés disputaría el play out frente al perdedor del Turia-Barça, los dos equipos que se juegan el ascenso en la División de Honor B. «Es una final a todo o nada, pero la afrontamos con ganas y somos bastante positivas. Los resultados de la segunda vuelta están siendo favorables», indica Martí. Prueba de ello es el triunfo de la semana pasada frente al Cocos, en Sevilla. «La Cartuja siempre es un campo difícil, pero entramos muy metidas, sabíamos lo que nos jugábamos y trabajamos todas muy bien, en especial la delantera», comenta Maica.
En los últimos cursos, el cuadro de Artime y Chorny se ha acostumbrado a resistir, inmerso en un gran cambio generacional. «Somos un equipo que trabaja muy bien bajo presión. Todas somos conscientes de lo que supone que el CRAT esté en esta categoría para el rugby gallego en general, del espacio que proporcionamos para muchas niñas. Somos un grupo muy unido que creemos y confiamos hasta el final», señala. Martí, junto a Romero, lleva años compaginando sus funciones en el campo con su labor de formadora en la base. «Isa, Rosina, Sara, Noa... Fuimos las primeras entrenadoras de muchas niñas que hoy están jugando con nostras en el primer equipo. El orgullo que siento al verlas ser titulares en División de Honor no puedo explicarlo con palabras. En cuanto tengan un poco más de rodaje, van a dar mucho que hablar», concluye.
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