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Fútbol

Joana Montouto, de jugar en la élite con Vero Boquete y Alexia Putellas a las filas del Atlético San Pedro: «Sentía como un fracaso no consolidarme en la élite, pero ahora sé que fui una afortunada»

Ganó dos Copas de la Reina con el Espanyol al lado de jugadoras como Vero Boquete, Silvia Meseguer, Marta Torrejón y una incipiente Alexia Putellas: «Tuve que dejarlo por problemas de alimentación» | La temporada anterior jugó en el Unión Campestre y en la presente fichó en San Pedro de Nós: «Ya he sacrificado mucho por el fútbol, ahora me centro en el pádel y ya no me enfado si no juego»

Joana Montouto posa con uno de los equipos que dirige en la cantera del Club Esclavas.

Joana Montouto posa con uno de los equipos que dirige en la cantera del Club Esclavas. / Iago Lopez

A Coruña

De levantar títulos con Verónica Boquete a disfrutar con el Atlético San Pedro. De la máxima exigencia siendo adolescente a jugar sin expectativas en plena madurez deportiva. De ayudar a pavimentar el camino a la élite del fútbol femenino gallego en el siglo XXI a ver por televisión, con las heridas cicatrizadas, como algunas de sus excompañeras levantan Balones de Oro. «Lo tuve todo. La Selección, las Copas, la Primera División... Cuando era más joven, sentía como un fracaso no haberme mantenido ahí, pero, con el tiempo, me di cuenta de lo afortunada y privilegiada que he sido. No cambio mi experiencia futbolística por nada del mundo». Así resume Joana Montouto (Vigo, 1990) su experiencia como una de las futbolistas referentes en Galicia a principios de la década de 2010. La camiseta del Espanyol con la que ganó dos Copas de la Reina junto a Marta Torrejón, Marta Corredera, Silvia Meseguer o una prometedora Alexia Putellas lucen en su armario del mismo modo que lo hacen la del Unión Campestre que defendió el curso pasado o la del Atlético San Pedro que viste durante la presente campaña.

Montouto tardó poco en llamar la atención. Comenzó a jugar de la mano de su hermano mellizo en el patio del colegio Apóstol y, entre niños, destacó por su velocidad y su olfato goleador. Con 14 años, cuando ya no tenía espacio en categorías mixtas, el Lavadores descolgó el teléfono para hacerse con sus servicios, pero, justo antes de cerrar los últimos trámites, se cruzó en su camino el equipo que definiría su carrera: el Olivo. El cambio a última hora catapultó su trayectoria en una entidad que estaba a punto de convertirse en la primera gran referencia del fútbol femenino gallego en los años 2000.

Al filo de los 17 años, y después de brillar durante dos cursos en Vigo y alcanzar la Selección Sub 19, el Prainsa Zaragoza le hizo una oferta irrechazable: abrirle las puertas de la máxima categoría. «Fue Vero [Boquete] quien llamó a mis padres para que me dejasen ir. Ellos querían que esperase un poco, pero yo sentía que una oportunidad así solo pasaba una vez en la vida», explica. Así que se marchó rumbo a Aragón para vivir un curso de contrastes. «Lo pasé mal. Personalmente, fue muy difícil, me costaba estudiar y concentrarme, pero creo que en cuanto a fútbol fue mi mejor temporada», comenta. Una de las claves de ese despegue deportivo fue la plantilla que la rodeaba: «Jugar con Vero al lado es muy fácil, casi todos mis goles fueron gracias a ella. Me enseñó muchísimo, porque yo técnicamente no era la mejor», indica.

Joana Montouto, con el dorsal 12, en un partido de la Selección Española.

Joana Montouto, con el dorsal 12, en un partido de la Selección Española. / Cedida

Del cielo al infierno

Sus méritos en la entidad maña la pusieron en el radar de un Espanyol que marcaba el paso del fútbol femenino nacional junto al Levante o el Rayo Vallecano. Montouto, Boquete y Meseguer se unieron a una plantilla en la que ya estaban Miriam Diéguez, Marta Corredera, Adriana Martín, Sara Monforte [actual entrenadora de la entidad perica] o Marta Torrejón [capitana del FC Barcelona], además de una prometedora Alexia Putellas que, pese a tener ficha del filial, estaba ya en dinámica del primer equipo. «Subía a veces a entrenar con nosotras y ya era buena, me llevaba muy bien con ella», recuerda Joana. En Barcelona no ganó la liga, pero sí dos Copas de la Reina [2008-09 y 2009-10], aunque su despedida fue tan prematura como dolorosa: «Tuve que salir del Espanyol porque tuve problemas con la alimentación», admite.

El Olivo fue su refugio. En 2011 llevó al cuadro olívico a la máxima categoría acompañada de una generación que más tarde se asentaría entre las mejores, con Anaïr Lomba, Lombi, Sara Tui, Vicky Vázquez [entrenadora de As Celtas] o Ana Buceta. Sin embargo, la llegada de Quin Valbuena al banquillo cortó su sueño de raíz. «Psicológicamente me machacó mucho. Una vez, cuando falleció mi abuela, me pidió que fuese a jugar porque me necesitaba y después no me sacó a jugar. Lo pasé muy mal con él y terminé apartándome del fútbol», apunta Joana.

Montouto, entre dos rivales del FC Barcelona en su etapa con el Espanyol

Montouto, entre dos rivales del FC Barcelona en su etapa con el Espanyol / Cedida

Madurez y nueva perspectiva

Tras una temporada en blanco, Joana se reconcilió con el balón en el Sárdoma, el Mos, el Umia y una experiencia internacional en el Boavista portugués. En los últimos dos años, ya asentada en A Coruña, ascendió de Tercera a Segunda gallega con el Unión Campestre y se dejó «liar» por Virginia Del Río, entrenadora del Atlético San Pedro, para competir esta temporada en la primera división autonómica. Después de casi veinte años de «sacrificios y lesiones», ha cambiado el chip y ahora disfruta del plano más social del deporte. «El fútbol ya me ha atado mucho, quiero pasármelo bien. Juego media hora y soy feliz, me divierto en el banquillo. Antes me enfadaba si no salía, ahora no quiero ni ser titular, prefiero que juegue la gente que va siempre a entrenar», confiesa.

El pádel, en el Irmandiñas, y su papel como entrenadora en la cantera del Club Esclavas, donde dirige dos alevines y un cadete, son sus prioridades ahora mismo. «Lo nuevo siempre hace un poco más de ilusión», bromea. Alcanzó la cima, sanó sus cuentas pendientes y ahora transmite su experiencia a una nueva generación que tiene el camino abierto gracias a nombres como el suyo.

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