Polideportivo
El alto coste del equipaje sensible del deporte de A Coruña: De los viajes del Liceo a los palos de golf de Adarraga y el florete de Breteau
El equipo verdiblanco destina 100.000 euros cada temporada a los desplazamientos para jugar a domicilio en la OK Liga | El golfista profesional relata que «cada semana le pierden los palos a un jugador» | El maestro del Club Esgrima Atlántico: «Nuestro equipamiento supera los 2.500 euros»

José Luis Adarraga y Yann Breteau, posan con sus equipos de competición. / Carlos Pardellas

Ya es común en la idiosincrasia del deporte coruñés relatar los frecuentes viajes del Liceo, el Dominicos o el Compañía de María a Cataluña para batirse con sus rivales en la OK Liga o la OK Plata. El Marineda recaudó fondos para financiar su viaje a Alicante para alzar la Copa Princesa. Integrantes de Maristas, Zalaeta, el CRAT, el 5 Coruña y muchos otros equipos sacrifican su tiempo libre y, en algunos casos, su propio bolsillo, por amor al deporte y compromiso hacia sus compañeras.
El Liceo tiene que reservar en torno a 100.000 euros cada temporada para los gastos sus viajes para jugar como visitante en la OK Liga. Son todos en avión y suele viajar una delegación de diez jugadores más los integrantes del cuerpo técnico. Exige, también, costes adicionales respecto a un vuelo turístico, al tener que facturar todo el equipo deportivo. Esto incluye las equipaciones, pero también material sensible como los sticks y las protecciones de los guardametas. El escenario es muy exigente para las arcas de los clubes, incluso para uno que acostumbra a triunfar y quedar en los puestos más altos en las competiciones que disputa.
Con los palos a cuestas
El listón crece de forma notoria al cambiar de deportes de equipo a disciplinas individuales. José Luis Adarraga lleva casi 20 años portando el nombre del Real Club de Golf de La Coruña por los campos de todo el mundo. Sin embargo, es el primero en reconocer los «precios prohibitivos» y los gajes de ser profesional. «La Federación gallega nos apoya para las inscripciones en las escuelas de clasificación, que nos sirven para intentar entre en el Tour. Para todo lo demás, solo contamos con nuestro dinero y patrocinadores propios», explica.
Una bolsa de catorce palos «puede superar los 2.000 euros», pero al coste económico se suma el valor personal. «Son palos hechos a medida. Hay a quien a le da igual, pero a la mayoría de los golfistas, no. Son nuestros, los dominamos y estamos más tranquilos con ellos», expone.
Con un equipo tan particular como voluminoso es imposible evitar costes adicionales en los traslados. «Las compañías aéreas nos ponen problemas porque el equipaje deportivo son 20 kilos como máximo. Los palos solos ya pesan 14 o 15 kilos. A eso le sumas la bolsa de transporte y ya superas el límite. Tengo que hacer peripecias para meter las bolas en la mochila o en la maleta», explica.

José Luis Adarraga ensaya un golpe junto a su bolsa de palos en el campo del Real Club Golf de La Coruña en A Zapateira. / Carlos Pardellas
No se libran de los extravíos. Según Adarraga, «cada semana le pierden los palos a un jugador». Aunque suelen viajar con un par de días de antelación para aclimatarse al campo, no siempre solucionan las pérdidas de equipaje a tiempo. «El año pasado, en Egipto, a un jugador le llegó su maleta al terminar el torneo. Como era muy grande, nadie le pudo prestar ropa y jugó con la que llevaba puesta», relata José Luis Adarraga.
Carretera y floretes
A Coruña tiene una amplia oferta de clubes de esgrima que asumen el peaje de viajar con frecuencia a Madrid o a Sabadell. Ese es el esfuerzo que hacen muchos tiradores enamorados de «una modalidad cara». «Todo el equipo puede superar los 2.500 euros», estima Yann Breteau, maestro del Club Esgrima Atlántico. Las cifras pueden variar por la calidad de los trajes, chaquetillas, zapatillas o guantes, pero es inevitable invertir dinero en los recambios de las hojas de los floretes. Incluso, cuando los resultados deportivos y los clubes facilitan descuentos para sus deportistas.
Para competir, alternan los cómodos trayectos en tren cuando la oferta de viajes les favorece con los tediosos traslados en coche. Son más exigentes para el entrenador, por las horas al volante, pero es la alternativa más rentable cuando no hay más remedio. Breteau reconoce que no tienen tantos problemas «con aerolíneas de bajo coste» cuando eligen el avión, pero recomienda siempre a sus pupilos llevar la ropa de competición en su mochila de mano. «Siempre te pueden dejar un florete o comprar las hojas en el torneo», razona.

Yann Breteau posa con un florete y la bolsa de viaje en las instalaciones del Club Esgrima Atlántico en la Casa del Agua. / Carlos Pardellas
Saltar al escenario internacional puede elevar los sacrificios de forma exponencial. «Mi hijo, Ignacio Breteau, está en el equipo nacional y, por suerte, no paga por ninguna Copa del Mundo. Germán Ferreiro entrena con ellos y la Federación le da alojamiento en Madrid, pero se paga él mismo los torneos», expone el gerente del Esgrima Atlántico.
Las subvenciones públicas son un gran apoyo, pero no lo cubre todo. «En la temporada 2023-24, Germán gastó 7.000 euros en total en viajes y tenía 1.500 euros en subvenciones», detalla. San Kim, otro joven tirador del club que ya va por su tercer Mundial, se movió en cifras similares: «Gastó 7.800 euros, pero tenía ayudas de 7.000 euros por resultados a nivel individual». Aunque el talento consigue victorias con la careta puesta, el esfuerzo es mayúsculo fuera de las pistas.
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