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Baloncesto | Liga Femenina 2

El éxito de la filosofía de Maristas: "Me acuerdo de todas las jugadoras que han pasado por aquí"

Raquel Botana, referente para la base del equipo coruñés: "Es increíble que todas estas niñas se puedan ver reflejadas en nosotras" | Josefina Zeballos: "Esta ha sido mi primera temporada, pero siento que llevo aquí toda la vida por cómo me trataron"

La plantilla de Maristas posa con el trofeo de campeonas de la Liga Femenina 2

La plantilla de Maristas posa con el trofeo de campeonas de la Liga Femenina 2 / Casteleiro

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Daniel Abelenda Lado

Daniel Abelenda Lado

A Coruña

Maristas celebró este sábado uno de los días más felices de su historia al ascender por primera vez a la Liga Femenina Challenge, la segunda categoría del baloncesto español. Es ya una de las epopeyas que forman parte del libro ilustre de las gestas del deporte coruñés. Sin embargo, es un éxito que no es flor de un día y que va más allá de un partido, de una temporada o de un fin de semana para el recuerdo. Jugadoras que llevan toda una vida en el club como Eugenia Filgueira, que sienten los colores como Raquel Botana o que acaban de llegar, pero ya tienen en el colegio su segunda casa, como la argentina Josefina Zeballos. Nadie es forastero en un club que se enorgullece de su filosofía y mira con ilusión hacia el futuro.

"Me acuerdo de todas las jugadoras que han pasado por aquí estos años, esto, en parte, también es de ellas. Muchas, que jugaron aquí el año pasado o hace cinco, vinieron a apoyarnos", reconoció Eugenia Filgueira tras ser la encargada de alzar el trofeo que acreditó a Maristas como campeón de la Liga Femenina 2. La jugadora coruñesa lleva doce años en las filas de un proyecto que ha visto crecer, desde los años peleando por evitar el descenso a Primera Nacional, hasta atreverse a soñar con cotas mayores. "Siempre aposté por seguir en A Coruña porque es mi ciudad y me hace ilusión progresar aquí, con el equipo", defiende.

Como una de las veteranas, recuerda la ambición que insufló Fernando Buendía cuando tomó las riendas del banquillo hace ya cuatro años. "Siempre entrenamos los básicos y llegamos a donde podamos llegar. Cada año subimos un poquito más el listón hasta que, a la tercera, fue la vencida", celebra Filgueira. Detrás del éxito en la pista están los esfuerzos en los entrenamientos y en las vidas diarias de jugadoras semiprofesionales que hacen muchos sacrificios por y para el baloncesto coruñés. "Unas trabajan y otras estudian, pero con estas cosas vemos recompensados todos los esfuerzos", reconoce.

Una familia inconformista

No lleva doce años, sino diez meses, pero Josefina Zeballos ya siente una conexión de por vida con A Coruña después del curso que ha vivido en las filas de Maristas. "Esta ha sido mi primera temporada, pero siento que llevo aquí toda la vida por cómo me trataron. Y ojalá pueda seguir muchísimos años más. Es un club hermoso, una familia", señaló con euforia al finalizar el duelo de vuelta de la eliminatoria de campeonas contra el GEIEG.

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Andrea Pérez, Josefina Zeballos y Nevena Dimitrijevic posan con el cartel de ascenso a la Liga Challenge. / Casteleiro

La jugadora argentina ya estuvo en el radar del equipo coruñés en el pasado, pero los caminos se cruzaron el verano pasado para dar forma a un proyecto que no tuvo miedo a soñar en grande. "El objetivo nunca fue ser campeonas, pero se fue dando por la manera de entrenar y por los resultados. Hicimos un equipazo y no nos conformamos, eso fue la clave", analiza una de las líderes del equipo en la cancha. Para Zeballos, esta ha sido una experiencia soñada. "Desde chica siempre quise ser jugadora de básquet y siempre soñé con vivir algo así, jugando una final en mi propia pista. La gente sumó mucho", reconoció emocionada.

Un ejemplo para las niñas

Raquel Botana se debatía entre la emoción propia tras levantar un trofeo de campeonas que "se siente ligero" entre toda la euforia del momento y atender a las decenas de niñas que querían hacerse una foto con ella. Una referente dentro de una constelación de estrellas que son las heroínas de un club de colegio que se codea con los mejores equipos de España. "El hecho de tener aquí a todas estas niñas y que se puedan ver reflejadas en nosotras cuando jugamos, es increíble. Nos motivan un montón, ojalá se pueda repetir muchísimas veces más", valoró la interior arteixana.

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Raquel Botana abraza a Ana Jiménez en la fiesta del ascenso. / Casteleiro

Reconoció que tenían nervios antes de saltar a la pista. Por el ascenso, por la dificultad del partido y por tener una grada llena hasta los topes detrás de ellas. "Nunca jugamos con un pabellón tan lleno, pero nos vamos superando partido a partido. Sabemos que están con nosotras y nos apoyan. Fue un aliciente para conseguirlo", apuntó Raquel Botana. Lleven toda la vida o solo unos meses, las jugadoras ya forman parte de la historia de un club de colegio que brilla por méritos propios y donde nadie es forastero.

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