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Carles Marco, un secundario en el centro de la escena del Leyma Básquet Coruña

Sus genes le empujaban al teatro, pero un balón de baloncesto se cruzó en su camino y los focos le vuelven a apuntar con el ascenso del Leyma Básquet Coruña | Su baloncesto vistoso y su experiencia en múltiples facetas, bases de la apuesta por él

Carles Marco arenga a los jugadores del Leyma desde la banda del Coliseum durante un partido.

Carles Marco arenga a los jugadores del Leyma desde la banda del Coliseum durante un partido. / Iago López

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Carlos Miranda

Carlos Miranda

A Coruña

Carles Marco (Badalona, 1974), criado en una familia con mucho apego por el teatro, ha dejado a un lado ese rol de secundario que le ha acompañado en toda su carrera para colocarse, por fin, en el centro de la escena. Las tablas y los focos le llaman en esta ocasión. Fue entrenado por Aito, fue segundo de Ivanovic y Splitter. Supo labrarse una sólida trayectoria como jugador, en la que sumó más de 30 internacionalidades; y como técnico, al llevar más de una década eligiendo los proyectos y los roles que más le convenían a su crecimiento. Una serie de videollamadas y la insistencia de Charlie Uzal y del propio del Leyma le empujaron a volver a ponerse al frente de un proyecto de autor. Por cómo se ha construido y por cómo juega.

Decir que del paso previo del Leyma por la ACB quedaron solo cenizas es una obviedad. Solo había que vivir el día a día del club y mirar el casillero de victorias. No hubo ejemplo más gráfico de aquella temporada tóxica en la pista (no así en la grada) que el hecho de que no quedó ni un jugador en aquel vestuario. Renovación total. Y no fue únicamente por decisión del Basquet Coruña. Unos porque su destino era seguir en la ACB, otros porque no tenían hueco en el nuevo proyecto y otro grupo porque se cruzaron Epi y el Obradoiro en el camino. Nada de nada. En esa refundación es donde emergió la figura del propio Marco, que fue capaz de cohesionar las once piezas (luego fueron doce con Mus Barro y los posteriores cambiados forzados) en tiempo récord. Hizo del Leyma una máquina de ganar que mantuvo enganchado a un Coliseum que no le abandonó ni en los momentos de dudas de la segunda vuelta y el play off.

Y no fue solo porque el Leyma fuese inabordable, sino porque su propuesta era exuberante, atrevida, divertida, rezumaba sudor y dignificaba la palabra equipo. Hubo semanas y semanas en las que el MVP iba cambiando de un jugador a otro y eso también tenía que ver con la dirección desde el banquillo. Desde la fuerza del grupo, el equipo superó incluso el revés deportivo que fue la marcha de Yoanki Mencia (también gracias al fichaje del añorado Radoncic). Nadie pudo tumbarlo, hasta que lo hizo Obradoiro en Navidad en un Sar en combustión.

Un estilo tranquilo y con compostura

Toda la electricidad que transmitía su equipo en la pista era pausa desde la banda. Carles Marco quiso instaurar un estilo tranquilo, en el que reinaba la compostura y la deportividad. Nadie se libra de que las pulsaciones jueguen malas pasadas, pero fue impecable toda la temporada. También delante de un micrófono. Solo le traicionó el voltaje del derbi en el Coliseum y una frase a destiempo de Sergi Quintela que despertó a todo un equipo que, en su pista y ante su gente, acababa de perder un liderato que había sido suyo desde los compases iniciales de la Primera FEB.

Ese partido ante el equipo de Epi fue otra de las pruebas de fuego de la temporada. No tanto el encuentro en sí, sino la gestión de la derrota. No han estado nada acostumbrados a perder esta temporada Carles Marco y su equipo. Menos que esos contados reveses le pudiesen descabalgar de la lucha por un ascenso directo que la historia decía que debía ser suyo. Una semana después, volvió a caer cuando tenía el partido en su mano en Fuenlabrada: 75-74. Le pesaba lo ocurrido unos días antes en el derbi, también las defensas mixtas de los madrileños, que les vedaban el acceso a la zona. Fue uno de los males de la segunda vuelta y en ese choque les condenó. Entonces parecía todo perdido. Marco supo reconstruir lo para resistir y ganar ante Menorca, y para volver a parecerse a sí mismo y vencer a Gipuzkoa, Palmer y Menorca. El problema fue que el Obradoiro no falló.

Se tuvo que ir al play off, en contra de la lógica y su voluntad. Hizo cuero en esa prórroga ante el propio Menorca y, posteriormente, en el Coliseum frente a Palencia y Estudiantes, quienes quisieron colarse en fiesta ajena, pero no pudieron.

Marco, como buen base que fue, tenía un equipo en su cabeza y lo ha ido modelando en la pista y al otro lado de la línea, ya fuese como segundo en la élite o como principal en Oviedo, Girona o Palencia. El Leyma ha sido, de momento, su obra magna, esa en la que se involucró en un proyecto que partía de cero y que lo puso a funcionar en nada para convertirlo en una apisonadora. Ahora se le abren las puertas de la ACB para ese jugador que estuvo doce temporadas en la élite, que acumuló 361 partidos y que vivió otras cuatro campañas de segundo en Manresa. Por herencia familiar podía haber acabado en un escenario, por entorno pesó esa crianza en Badalona, una de las cunas del baloncesto español. Ahora le toca mostrar su baloncesto atrevido en una liga que conoce a la perfección y que pasa por ser la mejor de Europa. A Coruña tardó la primera vez 55 años en regresar a la primera división, ahora solo han sido dos temporadas. Y una de las razones es el liderazgo a dos velocidades de Carles Marco, ese que pone electricidad en la pista y pausa en la banda.

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