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Baloncesto | Primera FEB

La marea naranja lleva al Leyma Coruña a hombros hacia la Liga ACB

La afición naranja mantuvo la fe en los últimos minutos para aupar a sus jugadores y llevarles en volandas en la prórroga | Fiesta, confeti y lágrimas en una fiesta a pie de pista con los nervios a flor de piel

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Daniel Abelenda Lado

Daniel Abelenda Lado

A Coruña

Cualquiera de los 7.000 espectadores que coparon las gradas del Coliseum en la Final Four de Primera FEB hubiese preferido celebrar un ascenso tranquilo, con un marcador abultado y una fiesta bien merecida. Pero el Leyma Coruña, fiel a la filosofía que adoptó el día que Carles Marco llegó al proyecto, no entiende de días tranquilos ni de bajar los brazos. Fue un éxito labrado en la pista, pero coronado desde la grada, donde la marea naranja, mayoría frente a la Demencia del Estudiantes, mantuvo la moral de la tropa cuando cualquiera se hubiese resignado a aceptar la victoria de los madrileños.

Tembló, vibró y jaleó al hacerse realidad una prórroga impensable. Y lloró, con las emociones a flor de piel, al ver conseguido el sueño que en el último cuarto pareció tornarse en pesadilla. El Leyma vuelve a la ACB, pero lo hace, sin dudas, a hombres de una afición que lo elevó a la gloria.

Fue una tarde de repetir rituales. Marcha desde Matogrande hasta la puerta 14, un recibimiento a bombo y platillo gradas coloridas a una hora del salto inicial. Festejos con las primeras canastas, pitos con decisiones controvertidas y, sobre todo, arengas cuando más las necesitó el equipo. Los partidos se ganan en la pista, pero los ascensos, como este, se deciden en la grada. En la de un Coliseum que acalló a la Demencia del Estudiantes cuando ya veía el final de su travesía por el desierto de Primera FEB. Bombazo a bombazo, grito a grito, sellaron un ascenso con tintes de epopeya.

La fiesta del ascenso

Se desató entonces la locura en la pista. Lágrimas de rabia en los ojos de Jayson Granger y de alegría en los de Caio Pacheco. Abrazos con las pocas fuerzas que quedaban en la parroquia de Carles Marco, que se desfondó para creer como nadie cuando cualquiera hubiese bajado los brazos. Guillem Jou, a hombros de Macachi Braz, descolgó las redes de la canasta triunfal. Pacheco, emocionado, se quedó con la que protegieron en la segunda parte. Una fiesta total en la pista en la que se cumplieron los sueños del anfitrión, rompiendo el maleficio.

El confeti secó las lágrimas y el sudor. Y confirmó que el sueño anhelado desde aquel descenso contra el Bilbao hace trece meses, vuelve a ser realidad. El Leyma, a hombros de su marea naranja, vuelve por la puerta grande a la Liga ACB.

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