Hockey sobre patines
Liceo-Igualada: Equilibrio, fricción y alta tensión para reinar en la OK Liga
El último encuentro entre verdiblancos y arlequinados terminó con 'tangana' entre los jugadores coruñeses y la afición visitante
En lo que va de curso, ambas escuadras se han medido tres veces en partidos vertiginosos, arduos y de máxima igualdad

Bruno Saavedra protesta una acción sobre Pascual en el Liceo-Igualada de OK Liga en Riazor. / CASTELEIRO
El trono de la OK Liga se decidirá entre chispas, presión y decibelios. Así lo indican los últimos enfrentamientos entre Liceo e Igualada, extremadamente equilibrados sobre la pista y con acciones al límite, más allá del resultado. Dos equipos que no rehúyen el contacto, que juegan duro y que ganan partidos apoyados en su carácter cuando no basta el talento. Una final de sangre caliente y revoluciones aceleradas. Dentro y fuera del parqué.
Las llamas del precedente más reciente entre ambas escuadras todavía queman en A Coruña e Igualada. La fricción comenzó sobre las tablas del Palacio de los Deportes de Riazor, en un partido (3-3) que no estuvo exento de polémicas ni de roces. El más destacado, justo antes del descanso, cuando el stick de Dava Torres se partió en dos y Jacobo Copa terminó estrellado contra la valla. Las discrepancias sobre la acción surgieron al instante y tanto los jugadores como los cuerpos técnicos se encararon entre ellos. Pero se quedó ahí. El choque se fue a la caseta y la tensión se difuminó. La segunda mitad, pese a tener sus cosas, fue tranquila y todo parecía quedar en anécdota. Hasta el final del encuentro.
Roce con la grada
Con las pulsaciones todavía disparadas, los aficionados visitantes (20 o 30, pertenecientes en su mayoría al grupo Front Tauró) hostigaron a los jugadores del Liceo, mientras daban su habitual vuelta de honor saludando al público. El conflicto verbal escaló rápidamente y terminó en un intercambio de golpes en el hall del Palacio de los Deportes después de que Tombita sufriese «una agresión física directa por parte de un ultra visitante que saltó desde la grada», según reflejó el Liceo en un comunicado posterior.
Después del enfrentamiento, llegó la guerra de versiones. El Igualada negó «rotundamente» que su afición dirigiese «amenazas o agresiones» hacia los jugadores verdiblancos y el Liceo recalcó que Riazor «ha demostrado históricamente ser un espacio seguro y de convivencia entre aficiones» y que no iba a permitir que «se normalicen conductas violentas» en el pabellón.
«Lo que pasa en la grada no tiene perdón. A Riazor puede venir cualquiera tranquilamente con sus hijos, ver el partido, hablar con los jugadores... Es maravilloso. Pero llega esta gente, que debería dedicarse a animar a su equipo y no meterse en más historias, y ocurre esto. Lo pasamos por ahí en pistas más pequeñas. A veces lo decimos y parece que nos estamos quejando, pero es la realidad», afirmó Juan Copa en la rueda de prensa posterior al duelo, unas palabras que no sentaron bien entre una afición arlequinada que se vio directamente señalada. El club, tal y como apuntó el directivo Antón Baldomir en LA OPINIÓN, reconoció que la reacción de la plantilla local estuvo fuera de lugar, pero también admitió que, en cierto modo, comprende la reacción de sus jugadores: «Llega un momento en el que dices 'por aquí no paso'. Y en Riazor no vamos a aguantar eso. No en nuestra casa».

Nil Cervera supera a Matías Pascual en un duelo del Igualada-Liceo en la Copa del Rey. / RFEP
ADN similar
El Igualada no es un rival más. Su nombre está grabado a fuego en el vestuario liceísta, más allá de lo extradeportivo, porque ha sido uno de los dos equipos, junto al Voltregà, capaces de tumbar al cuadro coruñés en la OK Liga regular. Lo hizo en la primera vuelta de la competición, en un estrepitoso 4-0 en el que el Liceo no pareció el Liceo. En aquel partido de noviembre, los hombres de Marc Muntané sentenciaron el duelo con cuatro tantos antes del descanso y una gran actuación de Roger Bars, ante una escuadra colegial irreconocible.
Los verdiblancos, sin embargo, encontraron su momento para vengarse donde más le dolió al conjunto arlequinado: la Copa del Rey. Se encontraron en semifinales, en un duelo de estilos en el que el Liceo jugó a protegerse y el Igualada a correr. Pese a la igualdad y a la solidez de Arnau Martínez y Blai Roca bajo palos, Dava Torres y Nil Cervera sellaron el pasaporte coruñés a una final que terminó derivando en el primer título del curso.
El tercer cara a cara, el de Riazor y la polémica, midió al líder con el entonces segundo clasificado, en un partido que, más allá de la tensión del final, se jugó de tú a tú y terminó en tablas dada la resistencia hercúlea de ambas defensas. Fue el fin de una racha inmaculada de victorias para los coruñeses (12), pero un punto más que resultó decisivo en la consecución del primer puesto final. El Palacio se mantuvo invicto, pese al bombardeo arlequinado, y así continúa. Este fin de semana, los artilleros catalanes vuelven a poner a prueba la solidez local. Y el Liceo, con el título en el horizonte, se prepara para resguardar su guarida.
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