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Hockey sobre patines | OK Liga

El Liceo, entre la caldera hostil del Igualada y la fe de su afición desde A Coruña

La parroquia verdiblanca se congregó de nuevo en el bar La Cueva para seguir el cuarto partido de la final | Los jugadores de Juan Copa lamentaron el hostigamiento y el lanzamiento de objetos desde la grada de Les Comes

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Daniel Abelenda Lado

Daniel Abelenda Lado

A Coruña

Siempre quedará el Palacio de los Deportes de Riazor para un Liceo que, este fin de semana, no pudo sentenciar en Les Comes la final por el título de la OK Liga. No se escatimaron ni un gramo de esfuerzo los hombres de Juan Copa. Por orgullo propio y, sobre todo, para que la afición colegial no dejase de sentirse representada por la forma de competir, de luchar y, en esta ocasión, de caer, que mostró. Fue un duelo de soportar el chaparrón en Igualada. Ante un equipo que buscaba con ferocidad empatar la eliminatoria, que se sintió muy fuerte con el público de su lado. La próxima vez, en A Coruña, cambiarán las tornas y será el verdiblanco el que luzca con más intensidad.

Se convirtió en una caldera el pabellón de Les Comes. Ya lo fue en el duelo de este viernes y no fue diferente en el segundo asalto en tierras catalanas. Lleno hasta la bandera, con un ambiente hostil. Nada nuevo bajo el sol, pero no por ello menos reseñable. Se resignaron los hombres del Liceo a jugar con esa caldera, a mirar hacia la esquina donde se encontraba la delegación verdiblanca para elevar su moral cuando el Igualada golpeó de dos en dos. Para ellos celebró Dava Torres, baile mediante, el 2-2 momentáneo al inicio del segundo tiempo.

Los jugadores del Liceo celebran un gol ante la reacción de la grada de animación del Igualada.

Los jugadores del Liceo celebran un gol ante la reacción de la grada de animación del Igualada. / Óscar Bayona

En el resto de la pista, un coro entre los cánticos, los gestos, algún que otro insulto y lanzamientos de objetos en el final del partido. Llamaron la atención varias veces los jugadores verdiblancos sobre los comportamientos peligrosos en el fondo que defendieron en el segundo tiempo. Y terminaron el partido mostrándole al dúo arbitral las monedas que llovieron desde la grada sobre su banquillo. La prueba del delito, a falta de detectar al infractor.

Rabia y esperanza desde A Coruña

El Liceo no estuvo solo en Cataluña, pero, desde luego, sabe que estará mucho mejor acompañado este martes (20.30 horas) en el quinto y definitivo partido de la final. El liceísmo se volvió a reunir en el bar La Cueva para animar ante la pantalla de televisión. Camisetas, bufandas y alguna que otra bandera tiñó de verdiblanco el establecimiento donde la fe nunca llegó a desvanecerse. Los dos mazazos iniciales amenazaron con bajar la moral, pero la reacción colegial, antes y después del descanso, permitió creer en la remontada.

La moneda cayó cruz, cuando los arlequinados resolvieron el encuentro a su favor. Con los cánticos de siempre, los que arengan a los jugadores colegiales, en los labios y en el corazón, la afición del Liceo terminó entre el sinsabor de una derrota dolorosa y la tarea que tiene por delante en apenas 48 horas. Llenar hasta la bandera el palacio de Riazor para convertir la noite meiga de San Juan en una fecha para el recuerdo del hockey coruñés. Ahora sí, 50 minutos y un solo gol más que los que pueda firmar el Igualada separan al Liceo, y a su afición incondicional, de una noche mágica en la que celebrar con oro antes de saltar sobre el fuego.

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