Escalada
Julia y Artai, la abuela y el nieto que se aventuran a escalar el rocódromo de Riazor: "Nos vamos a ayudar el uno al otro"
La Agrupación de Montañeiros Independentes y la Fundación Emalcsa organizan este viernes una jornada intergeneracional de escalada para difundir esta disciplina entre participantes de todas las edades

Mariquiña Castiñeira, Artai Taboada y Julia Rodríguez, en el rocódromo de Riazor. / Casteleiro

Resulta imposible para un novato evitar la impresión y, quizá, el vértigo, que se siente al mirar hacia arriba al pie del rocódromo de Riazor. La sensación de enfrentarse a un muro enorme, con resaltos en los que apoyarse para subir una altura que desde abajo parece infinita, es natural en quien se ajusta por primera vez un arnés y una cuerda para aventurarse a practicar escalada. Pero nada funciona mejor que el amor y la confianza de una abuela y un nieto para superar el miedo a las alturas y el esfuerzo físico que esta disciplina requiere. Julia Rodríguez, de 65 años, y Artai Taboada, su nieto de 8, participarán este viernes en la jornada intergeneracional de escalada que organizan la Agrupación de Montañeiros Independentes (AMI) y la Fundación Emalcsa con motivo del Día Internacional de los Abuelos dentro del marco de la XII Convocatoria de Deporte Inclusivo. "Nos vamos a ayudar el uno al otro", prometen sin dudar.
"Mi hija me lo comentó porque lo vio por redes. Como paso mucho tiempo en verano con el niño, decidimos apuntarnos", explica Julia. La conciliación familiar fue el primer paso para aventurarse con su nieto en una disciplina en la que el niño se inició durante el último curso. "Llevo un curso en las clases, esperamos divertirnos juntos", cuenta Artai a pocos días de participar en la actividad de escalada con su abuela. No se trata solo de rellenar horas de las vacaciones de verano, sino de "crear recuerdos para el día de mañana" entre los dos, según defiende Julia Rodríguez, que practica otras actividades deportivas en su rutina diaria.
Artai ya lleva algunas clases. Confiesa que prefiere escalar "sin cuerdas", precisa, sobre la modalidad de bloques, de menor altura. "Tiene algo de vértigo. Yo también, a ver cómo lo sobrellevamos. Espero que me ayude a quitarme ese miedo", explica Julia. No dudó en apuntarse a esta actividad con su nieto movida, también, por la ilusión de motivarse el uno al otro. "Yo ya tuve un bautismo de escalada hace tiempo. Recuerdo que fue duro y al día siguiente tuve bastantes agujetas, sobre todo en los hombros. Aun así, hay que volver a intentarlo", detalla. El niño, con más experiencia en la modalidad, promete que ayudará a su abuela a ponerse el arnés. "Vamos a subir uno al lado del otro y me vas a enseñar", le pide Julia a Artai.
Superación y autoestima
La escalada, y la sesión entre nietos y abuelos que se celebrará este viernes en el rocódromo de Riazor, no es solo una disciplina deportiva. Es, también, una vía para ganar valores y aprender a gestionar muchas emociones. "Es una disciplina da mucha confianza en uno mismo. Que vengan los abuelos a probarla, aunque no vuelvan o no sea su deporte, siempre es bueno para los niños porque ven que a ellos también les cuesta, pero lo intentan de todas formas", reflexiona Mariquiña Casteñeira, coordinadora de la Agrupación de Montañeiros Independentes. No se trata de practicar escalada con el anhelo de "ir al Mundial", sino de disfrutar de la actividad y recibir sus beneficios. "Aporta fuerza, ayuda a gestionar el miedo y la autoestima", añade.
Esta no es la primera jornada especial de escalada que organiza AMI con la Fundación Emalcsa. Ya realizaron una actividad similar por el Día Internacional de las Personas con Discapacidad y otras sesiones familiares en las que los padres escalaron con sus hijos. "Esta es la primera vez que lo hacemos con abuelos. La gente cuando viene ve que es una actividad más difícil de lo que pensaban, pero todos salen con una sensación de superación, aunque no consigan subir hasta arriba del todo", añade la coordinadora del club coruñés.
Lo más importante es que todo el mundo se involucre de alguna manera, aunque no sea con polvo de magnesio en las manos para agarrarse al rocódromo. "Un abuelo nos dijo que tenía 87 años. Incluso aunque no pueda escalar, por movilidad, sí puede participar asegurando a su nieto mientras escala. Puede ser parte de la actividad desde dentro, no como espectador", concluye.
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