Tenis
El Real Club de Tenis Coruña forma talento y exporta futuro: «Si quieres aspirar a ser profesional, tienes que irte a Estados Unidos porque en España no te dan facilidades»
La entidad coruñesa cuenta con nueve jugadores becados en diferentes universidades norteamericanas que buscan una experiencia de primer nivel: «Es duro y cuesta adaptarse, pero si pudiese volver atrás, volvería a irme mil veces más»

Nico Bellas, Eva Álvarez, Yeray Quián y Saúl Berdullas posan en las instalaciones del Real Club de Tenis Coruña. / GUS DE LA PAZ
«Si quieres seguir jugando al tenis después de los 18 y aspirar a algo más, la única opción que tienes es irte a Estados Unidos, porque en España no existe la posibilidad de que te convaliden asignaturas o te den facilidades». Esa es la realidad a la que se enfrentan las grandes promesas del tenis gallego —e, incluso, español— cuando cumplen la mayoría de edad. La incompatibilidad para gestionar sus estudios con el desarrollo de una carrera de alto nivel lleva a muchas de las grandes joyas jóvenes del país a cruzar el océano Atlántico para luchar por sus sueños de hacerse un hueco en el deporte profesional. En los últimos años, el Real Club de Tenis Coruña se ha convertido en uno de los trampolines regionales hacia las universidades norteamericanas. En su momento fueron jugadores como Luis Fernández o Uxía Martínez, entre otros muchos, quienes abrieron las puertas. En la actualidad, cuenta con nueve tenistas al otro lado del charco: Blanca Trillo, Eva Álvarez, Álex Vizoso, Saúl Berdullas, Nico Bellas, Daniel García, Álex Pardo, Paula Casares y Yeray Quián. Toda una generación que, verano tras verano, regresa a sus orígenes para inspirar y aconsejar a gente como Jorge Álvarez, Jacobo Gómez, Noa Pena o Pedro Antón, los próximos en tomar la gran decisión de continuar sus trayectorias en América.
«Es duro, porque es un cambio muy grande y lleva tiempo adaptarse, pero es una experiencia buenísima y yo la recomiendo mucho», confiesa Saúl Berdullas, uno de los alumnos más veteranos. En septiembre cursará su cuarto año, después de haberse forjado entre Chicago y Dallas. «Aprendes un montón, conoces a mucha gente y te abre la mente. Si tuviera la oportunidad de volver atrás e irme de nuevo, lo haría mil veces más», señala Álex Pardo (Texas), otro de los tenistas coruñeses con mayor bagaje. Para Yeray Quián, afincado en Florida, lo más importante es que «a nivel económico se ahorra mucho», porque las becas son una gran ayuda para cubrir gastos de desplazamiento y estudios. «Tienes cuatro años para sacarte una carrera y no tener esa presión de jugártelo todo solo con el tenis», comenta.

Saúl Berdullas, Yeray Quián y Jorge Álvarez caminan por las instalaciones del club. / GUS DE LA PAZ
Día a día de alta exigencia
Para cruzar el charco en busca de una oportunidad en el engranaje universitario de Estados Unidos, primero hay que cumplir en España. «Los entrenadores de allí te quieren ver, saber como eres en la pista y cómo te comportas fuera. Lo más normal es jugar torneos internacionales para dejarte ver. Y, luego, lo más normal es contactar con alguna agencia que se especializa en el proceso de llevar a gente a América y, cuando llegan las ofertas, buscar la mejor», expone Saúl. Una vez instalados en territorio americano, los deportistas se sumergen en una rutina prácticamente profesional. «Los entrenadores están muy pendientes y lo preparan todo a conciencia, sabiendo que somos estudiantes y que eso también es importante. Entrenamos todos los días, normalmente hacemos dos horas y media o tres de tenis y una y media de físico. Entre eso y las clases tenemos poco tiempo libre, no nos da tiempo a aburrirnos», bromea Berdullas sobre su rutina semanal. «En mi caso, entrenamos por las mañanas y eso te da la sensación de que vives más para el tenis que para los estudios, cosa que aquí [en España] es al revés», agrega Álex.
El caso de Nico Bellas es diferente, ya que cruzó el océano antes de terminar el instituto para desarrollar su potencial deportivo en una academia de alto rendimiento en Florida, tras haber despuntado dos años en la Rafa Nadal de Mallorca. En septiembre, con 18 años recién cumplidos, comenzará la universidad en Nashville. «Di el salto a las academias porque quería seguir compitiendo a nivel internacional. Gracias a eso, he viajado por muchos sitios y este año incluso gané un ITF en Puerto Rico. Eso me ayudó mucho a que me viesen los entrenadores de las universidades», apunta el joven tenista.
La mayor complicación, para los cuatro, estuvo en la adaptación extradeportiva a un estilo de vida diferente al español. «Lo más difícil para mí fue adaptarme a los horarios de las comidas y pasar de cenar a las 22.00 para hacerlo a las 18.00. Eso y la vida social, la cultura de los bares que tenemos aquí de salir con tus amigos o quedar para tomar algo. Si no fuese tenista, creo que no sería capaz de vivir allí», explica Álex. Yeray coincide, aunque considera que la burbuja en la que viven con otros estudiantes facilita la socialización y la compatibilidad de agendas: «Al final, te juntas con gente del tenis. En mi equipo hay 4 o 5 americanos de 18 que somos. Es cierto que ellos son generalmente más cerrados en lo social, pero yo viví con un sueco, con un italiano y el año que viene lo haré con un francés. Te adaptas, coges un poco de cada forma de vida».
Vuelta a casa y perspectivas de futuro
Sus primeros recuerdos con una raqueta en la mano son con 4, 5 o 7 años y todos han crecido, en mayor o menor medida, vinculados al Real Club de Tenis Coruña. Por eso, cuando tienen vacaciones, regresan a las instalaciones del club en Oleiros para defender su escudo en diversos Campeonatos Gallegos y pasar tiempo con los jóvenes que tratan de seguir sus pasos. «Me fui a los 15 años a la Rafa Nadal, pero, desde que estoy fuera, siempre que hay un parón vuelvo aquí. En navidades, en verano... Aprovecho para entrenar en casa», indica Nico.

Los jugadores del RCTC bromean con sus compañeros y entrenadores en la grada. / GUS DE LA PAZ
«Yo fui campeón de Galicia en todas las categorías con el club y espero poder serlo durante muchos años más en la absoluta», desea Álex, a quien siempre le resulta «muy especial volver» porque es consciente de que son un espejo para las futuras generaciones de la entidad: «Me hace mucha ilusión que los niños nos vean como referencia, que nos pregunten que tal nos va. Al final, se fijan en los profesionales, pero a ti te ven mucho más cercano. Me encanta volver, ayudarlos y entrenar con ellos. Una de las cosas por las que siempre tengo ganas de volver a España es para poder reconectar con el club y con la gente».
El gran objetivo de los cuatro es tratar de «dar el paso al tenis profesional» y «hacer todo lo posible» para prolongar su vínculo con el deporte de alto rendimiento el mayor tiempo posible. Sin embargo, y pese a que el plan A está más que claro, tampoco se cierran otras puertas. «Estoy sacando una carrera y, si no llego a profesional, me gustaría trabajar en Estados Unidos un par de años y después volver», comenta Saúl. Álex, en cambio, se lo toma «con un poco más de calma». «Me gusta más representar a un equipo que a mí mismo, así que espero acabar bien los estudios y pasármelo lo mejor posible mientras estoy allí. Después, ya veremos que posibilidades hay», concluye.
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