CAUSA SOLIDARIA
De A Marola a A Magdalena nadando por los niños de acogida: “Son mi trampolín”
Peio Ormazabal afronta este domingo una travesía a nado entre Oleiros y Cabanas para recaudar fondos para Acougo y dar visibilidad a la realidad de los menores del sistema de protección

Peio Ormazabal, durante una de sus travesías a nado. / Cedida
Pablo Martínez
Peio Ormazabal lleva años buscando en el agua una manera de ayudar a los demás. Este domingo, 16 de agosto, a partir de las 10.00 horas volverá a hacerlo de la mano de Acougo, la asociación gallega de familias de acogida. El navarro afincado en Santiago se enfrentará a una travesía de 16 kilómetros entre el peñón de A Marola (Oleiros) y la playa de A Magdalena (Cabanas) con el objetivo de recaudar fondos y contribuir a visibilizar la realidad de los niños y niñas que se encuentran bajo el sistema de protección.
Su relación con este tipo de desafíos comenzó hace años, cuando empezó a colaborar como voluntario con niños con discapacidad. El primer reto que completó fue gracias a Jonan Insusta, un joven ciego, con síndrome de Down y síndrome de West, que le animó a cruzar a nado el Estrecho de Gibraltar. Después llegaron otras hazañas de mayor distancia que siempre tenían como objetivo común una causa solidaria. En una de ellas consiguió recaudar 37.000 euros para menores con leucemia.
Su alma caritativa también le llevó a cruzar el Canal de Menorca, de unos 40 kilómetros, una travesía con la que logró reunir más de 56.000 euros que se destinaron a un estudio de investigación del cáncer hematológico infantil. Regresó al agua tras la pandemia para cooperar con las víctimas del COVID-19.
Ahora encara un desafío más corto en kilómetros, pero que él mismo considera más exigente. “Igual tiene menos distancia, pero para mí es un reto más complicado”, explica. En este caso, Peio tendrá que superar todo el recorrido mientras arrastra un kayak de seguridad con el que transportará a niños del sistema de protección.
Su experiencia como padre de acogida
Y es que la verdadera razón de este desafío reside en eso. Ormazabal conoce muy de cerca la realidad del acogimiento. Él mismo ha sido padre de acogida de dos niños que actualmente viven con otras familias. Esa experiencia terminó de unir su historia personal con la causa que el domingo buscará apoyar.
“Sin ellos no tiene sentido. Tengo que tener un motivo que me da fuerzas. Son mi trampolín, por supuesto, sobre todo por amor”, afirma. Para Peio, los niños son su motivación para afrontar un exigente reto, especialmente por su exigencia física, que le obligará a permanecer en el agua durante aproximadamente siete horas.
Hace falta algo más que entrenamiento, porque ahí en alta mar hay animales, es complicado, pasas frío, tragas agua, las corrientes cambian, tienes dolores de hombro… Hay muchos factores que influyen negativamente. Voy a acabar destrozado. Los hombros, los pectorales y los brazos van a sufrir. Es un reto de bastante intensidad".
El recorrido no será sencillo. El viento, las mareas, la temperatura, las orcas y el propio cansancio convertirán la travesía en una auténtica demostración de resistencia y fuerza. “Hace falta algo más que entrenamiento, porque ahí en alta mar hay animales, es complicado, pasas frío, tragas agua, las corrientes cambian, tienes dolores de hombro… Hay muchos factores que influyen negativamente. Voy a acabar destrozado. Los hombros, los pectorales y los brazos van a sufrir. Es un reto de bastante intensidad”, explica.
Todo este desgaste físico también exigirá entereza mental. En ese juego psicológico, Peio vuelve a agarrarse a su principal impulso: los niños y niñas de acogida: “Te aparece el muro y ellos te ayudan a superarlo”. Su experiencia en este tipo de vicisitudes le ayudará, aunque no asegurará el éxito. “Un reto nunca sabes al 100% si lo vas a superar”, reconoce.
El entrenamiento también ha sido diferente al de otros desafíos. Ormazabal, “un deportista autodidacta”, ha decidido centrar buena parte de su preparación en el trabajo de fuerza, empleando incluso dos tablas de paddle surf para entrenar el rozamiento y ha trabajado especialmente con las pesas.

Peio Ormazabal, durante uno de sus retos. / Cedida
“Me he reventado a nivel muscular. He entrenado mucho de otra manera, con más trabajo de fuerza y muchas aletas. Es muy distinto a lo que hacía antes. He trabajado hasta acabar destrozado y seguir al día siguiente con el mismo entrenamiento, porque es lo que me voy a encontrar”, explica.
Un objetivo final
Peio intentará llegar a la playa de A Magdalena después de siete horas en el agua para poder dar el reto por superado, pero el principal objetivo responde al carácter recaudatorio de la campaña. Se instalarán stands de Gráficos Esteiro a pie de playa y se ha abierto un crowdfunding para quienes quieran colaborar y no puedan asistir el domingo.
El dinero obtenido será destinado al trabajo de Acougo, pero la intención del navarro es que la iniciativa sirva como altavoz para una realidad que a día de hoy requiere todavía de mayor visibilidad.
“Lo importante es que la gente se solidarice. Porque lo que hace falta realmente son padres. Hay gente preparada para ser adoptada, pero lo que hace falta es facilidad de acogida”, apunta. Por ello, la prueba servirá como una forma de llamar la atención, en busca de familias dispuestas a abrir las puertas de sus hogares a niños que se encuentran dentro del sistema de protección.
Un navarro adoptado por Galicia
En su historia personal, Peio también ha vivido una situación de acogida. Además de acoger durante años a niños del sistema de protección, el atleta navarro también fue recibido con los brazos abiertos hace más de once años por Galicia, concretamente por Santiago de Compostela. Ormazabal asegura sentirse plenamente integrado en la ciudad, en la que actualmente regenta el Hostal Rey Fernando y gestiona una lavandería.
“Es una ciudad que me encanta a nivel cultural, una ciudad con muchos estudiantes. Me encanta ese relevo generacional que hay: salgo a la calle y siempre veo gente, a mí eso me da vida. Estoy encantado”, comenta.
Se define como un enamorado de la costa gallega, en la que este domingo volverá a escribir un nuevo capítulo de su combativa y solidaria historia. Una historia vinculada con Galicia para siempre: “Tengo mis raíces y mi gente de allí, por supuesto, pero estoy feliz en Galicia y aquí me voy a quedar. Lo tengo claro. Uno es de donde pace”.
En definitiva, Peio Ormazabal se sumergirá en las aguas del peñón de A Marola para, después de 16 kilómetros y siete horas aproximadamente, llegar a la orilla de la playa de A Magdalena por una causa solidaria. Una iniciativa que cuenta con el apoyo del Concello de Cabanas y de su alcalde, Fernando Couce; del Salvamento Marítimo de A Coruña; de la Zona Portuaria de A Coruña; de Gráficas Esteiro; de Cruz Roja; de Joaquín García Bouza, entrenador personal del navarro y seleccionador nacional de escalada de dificultad; y de Miguel Rey, persona de confianza de Peio que le ayudará en los avituallamientos.
Fuente: El Correo Gallego
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