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Piragüismo

Carlos Arévalo: «Fui al Mundial con todo lo que tenía y el bronce me sabe a oro»

El betanceiro sumó en Polonia su tercera medalla del curso en K1 200, tras haber logrado una plata y un oro en el último Europeo

El rendimiento del K4 500, en pleno cambio generacional, fue la gran asignatura pendiente en la cita internacional: «Los veteranos debemos enseñarle a los jóvenes lo que significa esa embarcación»

Carlos Arévalo festeja la medalla de bronce en Poznan

Carlos Arévalo festeja la medalla de bronce en Poznan / Jakub Kaczmarczyk

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A las puertas de las vacaciones, y tras otra exigente temporada en los brazos, Carlos Arévalo es un hombre satisfecho y feliz. En los últimos meses, el palista betanceiro ha sumado a su brillante palmarés dos medallas en el Campeonato de Europa del pasado mes de junio (oro en K1 200 y plata en K4 500) y un bronce en K1 200 en el Mundial recién disputado en Poznan (Polonia), donde ha vuelto a demostrar un altísimo nivel individual. «Cierro uno de los mejores años de mi carrera deportiva, estoy peleando por ser una de las personas más rápidas del planeta encima de una piragua. Eso me motiva mucho para seguir trabajando», confiesa.

‘Top’ 3 en Polonia

En aguas polacas, Arévalo volvió a la primera esfera mundial por méritos propios. Voló en las series eliminatorias y en la semifinal y se plantó en la última ronda con el objetivo de estar entre los tres primeros. «Llegué en muy buena forma y me encontré aún mejor», reconoce, aunque una «mala salida» lastró sus primeros metros en la prueba definitiva. «Había bastante viento a favor y olillas sobre el agua, entonces fallé en la primera palada. Me dio rabia, porque en un 200 no puedes cometer errores, y se me complicó un poquito la regata, pero me fui enganchando, rectifiqué y corrí muy bien por el medio», explica.

Al final, un último esprint de vértigo, cargado de potencia en cada palada, que le sirvió para cruzar la meta apenas dos centésimas antes que el lituano Arturas Seja y ser tercero. «Cuando crucé la meta, no tenía ni idea de cómo había entrado, no te da tiempo a pensar mucho, pero hay que darle emoción», bromea el palista del Fluvial de Lugo. «La verdad es que fui al Mundial con todo lo que tenía y este bronce me sabe a oro», reconoce en un tono más serio. Hace cuatro años ya fue campeón del mundo en la misma categoría, en Canadá.

El debe del K4

Mientras en el plano individual atraviesa un momento dulce, Carlos Arévalo admite que hay que darle «una vuelta» al K4 500, otrora embarcación estrella del piragüismo español, que atraviesa un bache de inestabilidad deportiva. «Veníamos de ser campeones de Europa, en la siguiente Copa del Mundo tuvimos otra vez un resultado regular y ahora, en el Mundial, igual de mal o peor [acabaron octavos]. Hay que ver que está pasando y volver a ponerlo en el sitio que merece, peleando en lo más alto», reflexiona el palista betanceiro. La embarcación es «siempre complicada», pero, cuando funciona, está «para luchar por todo», como hizo en la cita continental celebrada en Portugal.

Parte de la inconsistencia del barco grupal se debe a un inevitable cambio generacional que, poco a poco, obliga al seleccionador a abrir las puertas a nuevos talentos y a probar combinaciones de equipos que requieren paciencia. «No es solo mover las piezas o cambiar a la gente de sitio, hay que dar un periodo de adaptación que puede llevar casi un mes. Debemos hilar las cosas con calma, pero es complicado, supone mucho trabajo. Los mayores que ya nos hacemos viejetes tenemos que enseñarles a los jóvenes lo que significa el K4», comenta el betanceiro.

Futuro inmediato

Tras los éxitos de 2026, el próximo año se antoja decisivo para poder participar en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028. El calendario de 2027, eso sí, será calcado al que acaba de terminar, con la única diferencia de que las Copas del Mundo de primavera se desplazan a septiembre. «Alargaremos un poco la temporada, pero del resto es todo igual. Con el nuevo sistema de clasificación olímpica, de puntuación por competición, volvemos a tener cinco pruebas internacionales válidas. Hay que competir y puntuar en cinco de cinco», resume.

Antes de eso, descanso, tiempo en familia y desconexión de una piragua de la que, un curso más, ha vuelta a ser estandarte nacional.

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