26 de septiembre de 2017
26.09.2017
Fútbol Deportivo

Coladero hacia la dura realidad

La esperanza tras el 1-0 ante el Alavés se esfumó en Cornellá, donde el Dépor volvió a dar todo tipo de facilidades - Los 15 goles encajados son su gran lastre, pero no el único

26.09.2017 | 14:32
Los jugadores del Deportivo forman una piña sobre el césped de Cornellá.

Tres días, solo tres, le duró al Dépor la esperanza tras la victoria del pasado miércoles en Riazor ante el Alavés, la única en las seis jornadas que se llevan disputadas. Tres puntos y sin encajar, como le gusta a los entrenadores. Por fin un candado en la portería, roto en pedazos nuevamente el domingo en Cornellá, donde el equipo coruñés volvió a dar todo tipo de facilidades al rival, en este caso al Espanyol. Cuatro dianas le endosó el conjunto catalán para agravar la sangría de tantos encajados. Quince en total, que hacen del Dépor el equipo más vulnerable de Primera División. Esa falta de solidez está siendo su gran lastre en este arranque de temporada, pero no es el único déficit en la escuadra de Pepe Mel.

►Otro inicio pésimo. El Dépor arrancó con un par de marchas menos que el Espanyol y el resultado fue que en poco más de veinte minutos ya perdía por dos goles de diferencia. Le volvió a faltar concentración y tensión competitiva, y no supo ajustar bien las marcas.

Reacciona a base de golpes. El equipo coruñés sigue necesitando verse por debajo en el marcador para ir de verdad a por los partidos. Sobre todo fuera de casa sale al campo a verlas venir.

Nublado en las dos áreas. No solo tuvo problemas en su propia área. También en la contraria, porque desperdició varias ocasiones lo suficientemente claras como para haber marcado bastante antes del gol de Celso Borges.

Fluidez consentida. El Dépor tuvo momentos de buen juego en los que metió atrás al Espanyol asociándose con mucha gente en el centro de campo, aunque a los catalanes no les importó ceder la posesión y retrasar líneas para defender su ventaja en el marcador.

Valverde, mejor por dentro. Las fases en las que el Dépor se sintió más cómodo con el balón coincidieron con una superioridad numérica en el centro del campo en la que colaboró la tendencia de Fede Valverde de irse hacia dentro para conectar con compañeros como Çolak, Guilherme o Borges.

Agujero negro en los costados. El Espanyol exploró una y otras vez las bandas del ataque, sobre todo la derecha, para tratar de sorprender al Dépor. Así llegaron todos los goles, incluida la acción que dio lugar al penalti infantil cometido por Alejandro Arribas. Un coladero que Pepe Mel no es capaz de sellar.

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