13 de enero de 2018
13.01.2018
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El Dépor se condena

Un pifia de Rubén, un titubeo de Albentosa en la salida de balón y un fallo de Adrián ante Neto deslucen una destacable exhibición colectiva que le llevó a tutear al Valencia. Acaba la primera vuelta con 16 puntos. A sufrir

13.01.2018 | 23:43
El Dépor se condena

De poco vale que el Dépor haya tuteado a un Valencia de Champions, escaso consuelo ofrece que el equipo se haya mostrado más competitvo, con un mejor funcionamiento colectivo en las dos últimas semanas, de nada sirve que Adrián tuviese el empate en el descuento. El Dépor volvió a tirar por la borda un encuentro más que aseado por su falta de contundencia en las áreas. Una mano blanda de Rubén, un titubeo de Albentosa y un fallo con dolorosas reminiscencias de Adrián en el descuento le condenan. Siempre se inmola, eso es muchas veces lo que más duele. El partido de manera aislada podría servir para el halago, pero hay ya muchos encuentros disputados, una vuelta entera, una trayectoria para reflexionar. Los fallos se repiten. No son puntuales, son una tendencia. La realidad de este grupo.

Trivote y tridente. Cristóbal quería trasladar en parte la fórmula de Vila-Real a este duelo de Riazor y darle una vuelta para hacer hueco a Lucas, un futbolista llamado a ser capital en este proyecto. debe dar mucho más. La apuesta despojaba al conjunto coruñés de creatividad, de futbolistas de toque como Çolak o Carles Gil, pero en cambio pretendía blindar la media y darle vértigo y desequilibrio en la zona de ataque. El traje que estrenaba no le sentó nada mal en los primeros minutos. Salió arrollador. Un par de recuperaciones plenas de intensidad y otras tantas internadas por la banda de Luisinho y Adrián y el Valencia ya había recibido el mensaje de que hoy no le iban a por la alfombra roja. El conjunto ché ahogado, pronto sacaría la cabeza.

Quedó inaugurada a partir del minuto quince la alternancia en el dominio del juego. El Valencia buscaba combinar, cabalgar a las contra y encomendarse a sus individualidades, el Dépor no le perdía la cara. Durante muchos momentos fue mejor. El balón parado fue una fórmula que tampoco dejaron de lado ninguno de los dos equipos. Los ché lanzaron infinidad de saques de esquina, Borges mandó una al palo tras otro de estos lanzamientos. Los coruñeses avisaban, los valencianos se salvaban y pedían paso. Espadas en todo lo alto. Había partido y el Dépor no perdía. Visto lo visto esta temporada, no era poco.

Quien iba creciendo era Guedes. Un espectáculo. Imparable, vertical, pleno de confianza. Una pesadilla para Juanfran, para cualquiera. Minutos antes de que sobreviniese la desgracia, ya había probado en dos ocasiones a Rubén. Mientras, el Dépor jugaba sus bazas, más modestas. Intenso, rascando. Borges cabeceaba arriba otro balón que olía a gol. No se movía el 0-0... hasta que apareció otro clásico blanquiazul esta temporada.

No llegan los dedos de una mano para contar los puntos que ha perdido por errores de sus porteros. Se le escurre la salvación entre los dedos de la mano, igual que ese balón manso de Guedes que acabó en la red. El meta lleva tres pifias. Y las de Pantilimon, y las de Tyton... ¿Cuánto más habrá que esperar para que acuda al mercado? El 0-1 fue un golpe, uno de tantos. Hizo daño, el descanso fue bien recibido por un Dépor respondón, pero al que le faltaba algo de creatividad con la pelota en los pies.

El Valencia envalentonado por ir por delante en un encuentro con el viento favor salió con el afán de finiquitarlo. No fueron muchos, pero el Dépor aguantó los golpes. Estaba de nuevo en el alambre, Cristóbal tampoco quiso especular. Seis minutos Çolak ya estaba sobre el campo. Salía Borges, a pesar de que Mosquera tenía una amarilla. Arriesgando. Pronto se volvería a condenar.


Albentosa recibió un balón envenenado. Con una maniobra pareció librarse de la picadura, pero su lentitud al tomar la segunda decisión le colóco de nuevo en el radar de la presión atacante. La pelota acabó en lo pies de Rodrigo, que la mandó a la red después de que su disparo lo desviase Sidnei al intentar taponarlo. Otra vez la suerte, los errores propios. El problema es que este año van muchos así.

El Dépor buscó la heroica en los siguientes minutos y empezó a notar el esfuerzo. El efecto Çolak se evaporaba. Pesaban la mala suerte, el fatalismo, los errores propios y el cansancio. No le salía nada y al Valencia, todo. Un partido soñado para un gran equipo. Mala ecuación. Cuando moría el encuentro y se multiplicaban los pitos desde la grada, una conexión de un desdibujado tridente dio el 1-2. De nuevo, Andone. Tres minutos y descuento para obrar el milagro. Había vida. Algo le decía a la grada que el empate era lo justo, confiaba.

Fue imposible. Y no por el Valencia, sino por el Dépor. Como siempre, en este partido y en otras ocasiones. Adrián echó la vista atrás seis años y medio y volvió a dudar y fallar ante un portero ché cuando tenía toda la portería para él. Fue en una segunda jugada tras un saque de esquina, ya en el descuento. Otro golpe, el enésimo. Habrá que levantarse.

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