04 de marzo de 2018
04.03.2018

Maksym Koval, el quinto al hoyo de la portería

Decepcionante estreno del ucraniano, que pifió primero en el 0-1 y luego en la acción que le costó la tarjeta roja. Tampoco cuaja, como pasó antes con Rubén, Tyton, Francis y Costel Pantilimon

04.03.2018 | 17:54
Maksym Koval, el quinto al hoyo de la portería
Koval embiste a Jordán en la jugada que le costó la expulsión.

El esperpento en la portería del Deportivo tuvo ayer un nuevo episodio con el debut de Maksym Koval, que tuvo un amargo y desafortunado estreno. La afición blanquiazul tenía ganas de verlo en acción y el ucraniano salió al campo muy motivado y con muchas ganas de agradar, pero tuvo una actuación decepcionante. Pifió primero en la acción del 0-1 y luego en la jugada que le costó la expulsión. Incorporado en el mercado de invierno, Koval se convirtió en el quinto guardameta que defiende la portería blanquiazul esta temporada. Antes que él lo hicieron Rubén Martínez, Przemyslaw Tyton, Francis Uzoho y Costel Pantilimon. Ninguno supo aprovechar su oportunidad para hacerse fuerte bajo palos, donde sigue ensanchándose el hoyo al que han caído la media decena de arqueros que han sido alineados por Pepe Mel, Cristóbal Parralo y Clarence Seedorf.

Tampoco Koval convence, al menos de momento. Tuvo dos errores de bulto, primero al medir mal en su salida en la acción del gol del Eibar. Confió en su rapidez para tratar de anticiparse y así evitar el remate de Inui, pero se comió el centro y permitió que el japonés finalizara a placer para inaugurar el marcador. Luego, volvió a pifiar tras una mala decisión de Raúl Albentosa. Koval dudó, luego quiso controlar el balón y acabó perdiéndolo y teniendo que derribar a Jordán para evitar el segundo tanto de los vascos.

Roja y a la calle a los 39 minutos, dejando a su equipo en inferioridad numérica con más de medio partido por delante. Hulk, como así le apodó Clarence Seedorf en la víspera del partido por su capacidad para estar disponible pese a tener un dedo roto, vio la roja tras embestir a Jordán y el técnico holandés tuvo que recomponer el equipo sacrificando a Emre Çolak para dar entrada a Rubén.

Koval empezó el encuentro hiperactivo, con muchas ganas de hacer méritos para acabar de una vez por todas con las dudas que durante toda la temporada han planeado sobre la portería del Deportivo. Incluso mostró dotes de mando para ordenar la defensa con más gestos que palabras por sus lógicas limitaciones con el idioma. Trató de iniciar las transiciones ofensivas desde atrás tocando el balón en corto cada vez que tuvo oportunidad, pero también recurrió a los varios balonazos en largo para sacarse la pelota de encima. Así es como tenía que haber alejado el peligro en la acción que le costó la expulsión, pero prefirió hacer un control que le salió defectuoso y acabó teniendo que hacer un dura entrada que le costó la roja.

La expulsión de Koval volvió a dejar al Deportivo en inferioridad numérica más de medio partido, igual que ocurrió hace seis jornadas frente al Levante, cuando Celso Borges se fue a la ducha tras ver la segunda amarilla a la media hora de juego. Ayer, en otro encuentro vital para aspirar al objetivo de la salvación, el equipo coruñés volvió a caer en el mismo error de quedarse con uno menos. Demasiadas facilidades para el rival, en este caso el Eibar, que no fue capaz de reflejar en el marcador esa superioridad numérica de la que dispuso en Riazor durante más de medio encuentro.

Koval fue uno de los siete cambios en el once con respecto a la alineación que venía de caer goleada en Getafe (3-0) el miércoles. Además del meta ucraniano, también fueron novedades Albentosa, Sidnei, Navarro, Borges, Çolak y Andone. Del anterior equipo titular, solo repitieron ayer Bóveda, Muntari, Adrián y Lucas.

El próximo viernes, en Montilivi, Rubén será de nuevo el que defienda desde el inicio la portería del Deportivo. El de Coristanco entró ayer al campo sin calentar por la expulsión de Koval pero estuvo muy metido en el partido y tras el descanso solventó sin apuros el poco trabajo que tuvo. Su intervención de más mérito fue una buena estirada con la que rechazó un disparo de Inui nada más comenzar el segundo acto. Jordán lo probó después desde fuera del área y Rubén, bien colocado, atajó el balón para abortar una de las pocas acciones finalizadas por el Eibar.

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