10 de noviembre de 2018
10.11.2018
Deportivo40Oviedo
 

Poco fútbol, mucho gol

El equipo coruñés, incómodo y sin la pelota, luce pegada para acabar goleando a un vaporoso Oviedo. La voracidad de Quique y Carlos Fernández despeja el camino en el segundo acto. Duerme en zona de ascenso

10.11.2018 | 22:45

Un ascenso requiere una y mil formas de ganar. Un día avasallando con el juego, otro luciendo pegada... El Dépor acabó goleando esta noche a un Oviedo tan voluntarioso como vaporoso. Le disputó la pelota e incómodo sobre manera a los coruñeses, pero le faltó la malicia ofensiva que le sobró a los blanquiazules. En el día con menos fútbol de toda la temporada en Riazor, el grupo de Natxo se agarró al balón parado y a la dupla Quique-Carlos para destrozar a su rival. Suma y sigue. Duerme segundo en la tabla tras el Alcorcón a la espera de que Málaga y Granada demuestren si son capaces de seguirle el ritmo.    

El día estaba desapacible y desde los primeros minutos el Dépor sintió lo mismo sobre el terreno de juego. Pero no era el tiempo, era el fútbol. Sus propias sensaciones sobre el césped, las trampas que le iba poniendo el Oviedo. El equipo asturiano, con un poco de bisoñez en el primer acto, fue valiente. Quiso la pelota, apretó arriba, dificultó la salida de balón coruñesa. El grupo de Natxo no dominaba, su media no se imponía y no hay nada que le pueda exasperar más. Vicente sigue sin ser el que era y el rombo naufragaba con el atenuante de que el esférico no le estaba llegando en las mejores condiciones. El mediapunta valenciano y Diego Caballo fueron las únicas novedades. Una obligada, otra elegida. No se notó la mano del ex del Aston Villa por detrás de Quique y Carlos Fernández. Su fútbol de pausa no le hubiera venido nada mal a un equipo tan a disgusto durante muchos minutos. Él no se encontró, sus compañeros tampoco. Es para reflexionar esa pérdida de control y peso en el juego de los coruñeses respecto a los dos primeros partidos en Riazor ante Sporting y Granada.

A pesar de este panorama y de que durante fases el balón estaba más vivo en los pies de los visitantes, el Dépor dispuso de las mejores ocasiones del primer acto. Solo hubo un aviso serio del Oviedo antes de los cinco minutos. Y ahí se acabaron sus balas. El problema fue, además, que los asturianos se derrumbaron como un castillo de naipes a la mínima exigencia. Media ocasión y ya estaban por delante los coruñeses con un remate de un omnipresente Domingos. 1-0, en el minuto 21. Su cabeza salvó en Gran Canaria, su frente abría esta noche el camino. Golpeó tan solo que era imposible no marcar, más de un oviedista debió sonrojarse al ver la jugada. Por acciones como esta es por las que el equipo de Anquela está en la zona media de la tabla.

El tanto parecía que iba a despejar el cielo a los coruñeses, pero nada más lejos de la realidad. Tras pasar unos minutos noqueados, el Oviedo se agarró de nuevo a la pelota y se decidió a presionar arriba. Las imprecisiones coruñesas le daban vida, aunque tampoco las traducía en ocasiones. La munición de fogueo de los carbayones no hizo daño en casi ningún momento y a punto estuvo Quique de hacer el 2-0 en una jugada aislada. El disparo que sacó Champagne llevaba todo el veneno que le faltó a su rival.

El descanso no cambió el panorama. El Dépor ajustó su apuesta y aprendió a moverse en otro guion de partido. No le importó por momentos cederle la pelota a su rival y abrió la vía para sacar el balón jugado con pases a zona intermedias. Buscaba seguridades, aún no las tenía. Su rival, con menos inocencia, quería guerra. Bárcenas, un futbolista muy interesante, traía de cabeza a Diego Caballo. Joselu estuvo a punto de conseguir el empate. Unos minutos que fueron el prólogo de la acción que rompió el duelo.

Con el Dépor incómodo, Quique nunca se desvía del objetivo, como los buenos killers. Vio un balón botando, campo abierto y a Forlín titubear y olió la sangre. Allí se lanzó. Le quitó las pegatinas al defensa y batió a Champagne por bajo. 2-0. Riazor respiraba y disfrutaba. El Dépor no estaba jugando nada bien, pero lucía una pegada descomunal. Es lo que tiene ser uno de los transatlánticos de la categoría y disfrutar de una pareja a la que se le caen los tantos de los bolsillos.

Joselu volvió a avisar y se esfumó en ese momento cualquier opción de que hubiese partido. Carlos y Quique se encargaron de fulminar el encuentro en cuatro minutos. El Oviedo ni siquiera marcó el de honor casi en el descuento tras un fallo de Domingos. No era su día. 4-0, al igual que ante el Elche para el Dépor. Un pareja voraz, un equipo aniquilador. En los días que falta fútbol hay que tirar de otros matices de tu apuesta. Hoy el Dépor fue otro, igual de efectivo.     

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