08 de diciembre de 2018
08.12.2018
Deportivo22Numancia

El Dépor se relame demasiado y lo paga

El mejor inicio de la temporada dio paso a un equipo conformista que se gustó demasiado y que no supo cerrar el duelo. Un baño de contrastes en 90 minutos. Adiós al liderato, fuera de la zona de ascenso directo

08.12.2018 | 15:28
El Dépor se relame demasiado y lo paga

Ni siquiera el Dépor es ajeno a su propia realidad. Fue tan asombroso y majestuoso en los diez primeros minutos que le debió parecer una quimera que pudiera perder o, siquiera, volar algún punto esta mañana de Riazor. Se vio tan superior, se gustó, se relamió tanto que no reparó en cerrar el partido. Golpeó y cedió la iniciativa a la espera de acabar ganando con espacios y por pegada, pero cuando se acordó de que aún no había finiquitado el trabajo, de cuál es el ADN de su fútbol, ya tenía al ladrón en la cocina. El Numancia, muy digno y con un soberbio Oyarzun, le robó dos puntos de los que duelen, de los que hicieron a la grada refunfuñar al final del partido. El equipo coruñés, sin posibilidad de acceder al liderato, jugaba sin red en Riazor ante la falta de victorias a domicilio y ya ha caído de esas privilegiadas posiciones.

No era un equipo de fútbol, era una jauría en plena caza. El Dépor jugó los diez primeros minutos casi respirar. Tocó, empujó, robó, corrió, presionó... y, claro, acabó marcando. Lo hizo Edu Expósito, pero podía haber sido él mismo unos minutos antes o Quique. La media carburaba, Carles Gil mandaba y Saúl no dejaba de circular y centrar por la autopista sin peajes ni barreras que se había encontrado por su banda. Sin Carlos Fernández ni Fede Cartabia, el equipo coruñés mostraba una versión superlativa, de los mejores minutos de toda la temporada y eso que el listón en Riazor estaba alto. Quizás con el rombo más creativo puro que puede alinear Natxo, todo hizo click durante ese tramo. El fondo de armario de esta plantilla parece, por momentos, infinito.

Edu Expósito le pegó a ese balón de abajo a arriba como si le fuera la vida en ello. Así de voraz se había mostrado el Dépor en esa arrancada inicial. El tanto premia a un futbolista en crecimiento que adecenta, de paso, el trabajo de Abegondo, que aspira a hacer lo que no ha hecho en los últimos años: nutrir regularmente al primer equipo. Pocos más completos que el canterano, que como siempre señaló al cielo tras marcar. Fue una descarga, una liberación y un descanso para el Dépor, también recordatorio para el Numancia de que era el momento de despertar. Estaba siendo arrollado por mérito de su rival y en parte por su propia imcomparecencia.

El equipo soriano se agarró a la pelota. Tocaba y tocaba y llegaba con cierta regularidad a zonas sensibles donde podía hacer daño. Chocaba y chocaba contra el muro blanquiazul, tampoco le sobraba la fe. En parte empujado, pero sobre todo por elección, al Dépor no le sobraba este nuevo contexto de partido. Replegado, recuperaba el resuello y tenía espacios para hacer daño. De vez en cuando también tejía alguna que otra jugada en estático. El problema es que empezaba a crear el caldo de cultivo que le arrastraría en la segunda mitad.

Pero antes, en una presión media, Diamanka le regaló de manera incomprensible un balón que Borja Valle no desaprovechó. Tiro cruzado y 2-0. Al berciano le costará sentar a Quique o a Carlos, pero si hay alguien que lo puede conseguir es él, un futbolista que sería titular y capital en cualquier otro equipo de Segunda. El Dépor acabó sesteando sin disimulo el primer acto en un anuncio de lo que estaba por venir.

Medio minuto de la segunda parte y ya se notaba que el guion y las energías del duelo eran otras. La entrada de Oyarzun fue profundamente terapéutica para el Numancia. Uno de sus envíos en una falta frontal le sirvió a Higinio para mandar el primer aviso. Un balón al palo, muy parecido al de hace una semana en el Cerro del Espino. Dani Giménez miró y se salvó. No ocurriría lo mismo minutos después. Unai Medina remachaba un centro de Oyarzun, el gran protagonista. 2-1.

El Dépor estaba incómodo, hasta se oían pitos en Riazor. Todo le tiraba. Seguía ofuscado en correr, en golpear con espacios. Tuvo que mover el banquillo Natxo y recuperar a Álex para que el equipo se asentase. Se agarró de nuevo a la pelota y volvió ese equipo dominador, aunque a otro ritmo. Caían las ocasiones como la fruta madura del árbol. Eneko Bóveda, Carles Gil en dos ocasiones... Muchos pudieron hacer el tercero, nadie lo logró. El Numancia había bajado su nivel, aunque seguía siendo una amenaza porque estaba en el partido y porque tenía a Oyarzun de su lado. Finalmente, llegó el jarro de agua fría con el tanto de Diamanka cuando el equipo coruñés mejor estaba. 2-2.

Así como la primera sustitución le sentó bien al Dépor las entradas de Krohn-Dehli y Christian Santos no lograron el efecto deseado. Se marchaba uno de los mejores creativos del duelo en el trivote y el gran generador de fútbol en la mediapunta. El equipo acumulaba delanteros, pero prescindía de los jugadores que debían llevarles limpia la pelota. Inofensivo en el arreón final. De regalo, el colegiado se inventó una roja a Saúl. Otra expulsión inexplicable esta temporada y van... Días en los que se tuerce todo. De volar a acabar estrellado. Un baño de contrastes en noventa minutos.

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