12 de enero de 2019
12.01.2019

El Dépor no levanta cabeza

El equipo de Natxo, lleno de dudas, vuelve de vacío de Son Moix ante un Mallorca decidido, con las ideas claras. La crisis se agrava y amenaza con mover los cimientos de un proyecto que debe mostrar su enjundia

12.01.2019 | 22:45
El Dépor no levanta cabeza

Un equipo decidido contra uno lleno de dudas. El Dépor cosecha una nueva derrota a domicilio, esta vez ante el Mallorca, en un duelo que ahonda en las ya evidentes dudas en torno al conjunto blanquiazul y que exige una respuesta interna (mano de entrenador, paso adelante de jugadores) o externa (fichajes). El grupo sufre una innegable involución que amenaza con comérselo, con fagocitar un proyecto que arrancó con un aspecto soberbio. Nadie se atreve, todo demasiado correcto. Puede más la responsabilidad que el reto de disfrutar de la oportunidad de subir a Primera División. Mental y futbolístico. Un panorama preocupante, que es mejor afrontar de frente y no ponerle excusas ni buscar rodeos.

Natxo abrió la primera hoja del libro de este Mallorca-Dépor con decisiones arriesgadas. Nunca se limita simplemente a cumplir el expediente. Edu Expósito, el interior más entonado del equipo en las últimas semanas, se quedaba en el banquillo. También lo hacía David Simón y Carlos Fernández se iba a la grada, aunque por desgracia para el equipo coruñés, en su caso, era por un nuevo contratiempo muscular. La baja del sevillano desactivaba la apuesta y el ensayo con tres delanteros y le daba de nuevo un oportunidad a un Fede Cartabia, que cada vez que juega el deportivismo está a la vez expectante por lo que puede ofrecer y temeroso por asistir a un nuevo 'crack' de sus débiles músculos. El argentino estuvo, no se lesionó, tampoco ofreció el desequilibrio que exige su condición de referente. Muy desdibujado. Falló hasta algún pase incomprensible, no se deshacía de sus pares, no parecía él. El equipo echó de menos a Carlos e incluso una versión mínima del ex del Valencia. Hoy no era el día.

Su falta de feeling en la zona decisiva no era una excepción en su equipo. Faltaban ideas, determinación, atrevimiento. Es cierto que el grupo subió levemente el nivel de su fútbol en ese primer acto con respecto a las últimas semanas. Aguantó el primer arreón local, estuvo más fluido con la pelota, aunque en zonas intrascendentes, y realizó, por momentos de manera excelsa, la presión tras pérdida. Al Mallorca no le duraba nada la pelota y solo podía crear peligro en arreones aislados con un disparo de Sastre y un saque de esquina que casi puntea Raíllo. Aun así, al Dépor no le llegaba. Le faltaba claridad en los últimos metros, por momentos le podía la precipitación, sobre todo, cuando intervenían sus delanteros. El Mallorca estaba en teoría sometido, pero no incómodo.En el fondo, todo parecía formar parte de su plan. El Dépor se mostraba, no creaba ocasiones, era un equipo previsible.

La segunda parte comenzó bajo los mismos parámetros. El Dépor dominaba y el Mallorca estaba entre dominado y agazapado. El espejismo duró diez minutos, entonces todo cambió, un periodo hasta el final del duelo que desnudó al Dépor con pocas veces esta temporada. El equipo balear, mucho menos académico que los coruñeses, se lanzó a tumba abierta al ataque. A arreones, con empuje, con toda el alma que le faltó a los blanquiazules. Primero fue un disparo desde la frontal que acabó en el palo tras un rebote, luego un cabezazo al travesaño y, por último, dos soberbias manos de Dani Giménez en jugadas a balón parado. Los locales crecían, los deportivistas menguaban. Solo pudieron cantar un 'uy' en un remate de cabeza de Domingos. Demasiado escaso, leve, tenue. Poco había sido y ahora era menos, se diluía el Dépor. La ola bermellona crecía, el gol parecía cuestión de tiempo. Y acabó llegando.

Fue una genialidad. Lago Junior galopó, nadie lo podía parar. Su disparo fue imparable, besó la red sin perder velocidad. Ese lanzamiento, ese gol tuvo toda la decisión que le faltó al Dépor durante todo el encuentro. Natxo, lento en los cambios como siempre y sin cintura en la toma de decisiones, terminó de mover el banquillo, incluso con una de sus variantes preferidas: la sustitución de lateral. Poco o nada resultó efectivo. Casi rescata un punto con un remate en plancha y un balón del olvidado Christian al palo, pero daba la sensación de estar impotente, rendido a su suerte, en su propio laberinto, sin saber muy bien cómo se gana un partido fuera de casa. Es normal lleva tanto tiempo sin hacerlo.

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