26 de febrero de 2019
26.02.2019
La pelota no se mancha

¿Qué le pasa a Riazor?

Es cierto que el ambiente en el estadio está algo más frío que en los dos últimos ascensos, hay tiempo para corregirlo

26.02.2019 | 01:24

Llegó el pitido final en La Rosaleda y, casi sin tiempo para recolocar el empate, empezaron a oírse en la zona mixta las primeras voces que invocaban al efecto Riazor. Habrá que esperar aún al lunes de Carnaval para ver de nuevo al Dépor, pero la maquinaria ya estaba en marcha. Un mensaje y otro, una declaración y otra. Primero fue Carmelo del Pozo, ayer Álex Bergantiños. Y los que faltan... El equipo de Natxo, más que vivo, sale reforzado de la etapa de alta montaña a domicilio que acaba de meterse en las piernas. Le creció la barba en ese viaje, ya compite. Pocos pronosticaban un siete de nueve en Gijón, Granada y Málaga. Ahora afronta un mes de marzo en casa en el que espera por fin asaltar la zona de ascenso. Su estadio, antes un baluarte, ha sido en este 2019 un problema. Se han escapado puntos inexplicables ante equipos inferiores: Nàstic, Tenerife o Lugo. Dudas. Todo con el equipo quinto y dejando un poso de decepción en la grada con una incómoda gestión. ¿Qué ha pasado? ¿Cuál ha sido la temperatura de Riazor? ¿Por qué piden ahora ese empujón extra?

Es innegable que, por momentos, la grada ha estado más fría esta temporada que en los dos últimos ascensos. Los estertores de la última experiencia en Primera División fueron duros, de un desgaste aún por calcular, y ese músculo económico del que disfrutan los recién descendidos hace que muchos aficionados interioricen que la gran mayoría de los partidos de casa están en el bolsillo. Por decreto. Y en esta Segunda hay que rascar mucho, infinito. Y si no, que se lo digan a Osasuna, que el sábado sufrió en superioridad numérica ante el Zaragoza para cerrar su partido en El Sadar. Y hay más.

El Dépor, alejándose de lo vivido hasta junio, removió este verano sus cimientos deportivos de arriba a abajo. Adiós a los caprichos de niños mimados, a las malas caras, a los egos. Quería y consiguió confeccionar un equipo del que su gente se sintiese orgullosa. Son un verdadero grupo, hay calidad, se llevan bien, tienen la mente abierta para aprender y dignifican la camiseta que llevan. No es poca cosa, es muchísimo. Encima comenzaron La Liga a un nivel de notable cuando en teoría era un proyecto en construcción. Pero esa perfección tiene también una cara b. En ocasiones, parece un equipo tan autosuficiente, tan autónomo, que no necesita del todo a su gente, que son capaces de conseguirlo por su cuenta. Craso error. Nunca será posible, cualquiera lo sabe, pero es complicado luchar contra las ideas que se instalan en el subconsciente. Desde hace meses ha sido uno de los retos de este equipo, del club, y aún no lo han logrado: incluir a la afición en el relato de este ascenso, convencerlos de que sin ellos será imposible, de que tienen unas líneas de oro reservadas en esta historia.

En la conquista de 2012 Riazor supo que era el momento de ser agradecido tras la primera caída después de 20 años inolvidables y ahí estuvo, desde el Dépor-Valencia. No se fueron, aguantaron, celebraron. Tampoco hay que subestimar el motor emocional que supuso entonces recuperar los derbis tras un lustro de inactividad, con partidos incrustados ya en la mente de cualquier aficionado. Dos años después, en 2014, costó un poco más, pero la grada volvió a ser de nuevo central. Era un club tan consumido por las deudas, tan abandonado por todos, tan al borde del abismo (nadie debe olvidar aquel 31 de julio de 2013) que lo único que le quedaba era su gente. Y tampoco le falló. La enérgica figura de Fernando Vázquez ayudaba también sobremanera en esa fluida comunicación entre el césped y la grada. Ahora en 2019 el desgaste es aún mayor, cuesta movilizar, hacer esfuerzos, pero este mes de marzo es un buen momento para empezar a construir una sólida historia juntos, hombro con hombro. La de un equipo valiente y fuerte, pero también humano, que necesita que lo levanten y lo alienten cuando flaquea. Y la de una grada, desgastada y aún magullada, pero inteligente y entregada como pocas que sabe leer perfectamente cuándo la necesitan.

Mosquera, la avanzadilla

Aún en fase beta por la reciente lesión y la falta de confianza, Pedro Mosquera ha demostrado en los últimos partidos que tiene sitio en este Dépor, al menos para entrar en la rotación de manera regular. Su presencia sirvió de avanzadilla ante lo que está por venir. Vicente y Pedro ofrecieron buenos minutos, a Carlos Fernández se le espera como a pocos entre el deportivismo y Nahuel estará listo para el lunes. A muchos de los jugadores que han sostenido el fuerte en la zona creativa y de ataque en los últimos meses se les ha hecho larga la travesía. El equipo necesita aire fresco y empieza a llegar justo a tiempo.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook


Buscador de deportes