08 de abril de 2019
08.04.2019
Fútbol | Deportivo

Cinco años, ocho relevos

Desde el despido de Vázquez en julio de 2014, el primero con el actual consejo, cayeron Víctor Fernández, Víctor Sánchez, Gaizka, Mel, Cristóbal, Seedorf y Natxo

07.04.2019 | 21:47
Cinco años, ocho relevos

Nuevo relevo en el banquillo del Deportivo, el octavo en menos de cinco años para dar paso al noveno entrenador de la era Tino. Después de un inicio de temporada esperanzador en el que Natxo González parecía haber encontrado la estabilidad ansiada por el club desde hacía años en la dirección del primer equipo, la cuesta abajo fue imparable y acabó por llevarse por delante al vitoriano, el octavo técnico despedido por el actual consejo. Desde que Tino Fernández y su equipo tomaron las riendas del club, en enero de 2014, ningún entrenador se ha afianzado en el puesto.

El 8 de julio de ese mismo año el club anunciaba la destitución de Fernando Vázquez poco después de que el técnico de Castrofeito cumpliera con éxito su misión de devolver al Dépor a la máxima categoría. No llegó a dirigirlo en Primera División. Su puesto lo ocupó Víctor Fernández. Pronto cayó, igual que los seis siguientes: Víctor Sánchez del Amo, Gaizka Garitano, Pepe Mel, Cristóbal Parralo, Clarence Seedorf, que acabó contrato y no fue renovado, y ahora Natxo González. En total, ocho relevos de técnicos en menos de cinco años.

Vázquez dirigió 57 partidos al Dépor, 15 en Primera y los 42 en Segunda en la campaña del último ascenso. Luego Víctor Fernández estuvo al frente 30 jornadas, menos que las 46 que acumuló Víctor Sánchez en dos temporadas sucesivas saldadas con sendas salvaciones agónicas. En el verano de 2016 llegó Gaizka Garitano, que aguantó 23 partidos. Esa Liga la acabó Pepe Mel, quien inició la siguiente pese a las dudas sobre su continuidad. En total, dirigió 24 encuentros antes de la llegada de Cristóbal Parralo (13 jornadas) y Clarence Seedorf (16), dos recambios que tampoco tuvieron éxito. El Dépor siguió desmoronándose, acabó en Segunda y el nuevo director deportivo, Carmelo del Pozo, se fijó en el crecimiento de Natxo desde el Alavés, el Reus y la pasada temporada en el Zaragoza.

El Dépor de Natxo nació y murió con su característico rombo, un sistema al que el vitoriano regresó en las últimas jornadas con la esperanza de recuperar la confianza, la seguridad y, sobre todo, los resultados del primer tercio de la temporada. Sin embargo, el equipo continúa su cuesta abajo permanente y frente al Rayo Majadahonda completó su peor partido de los 33 disputados, más sonrojante incluso por la pésima imagen que por la clara y merecida victoria en Riazor del modesto conjunto visitante (0-2).

El Deportivo solo ha ganado uno de los últimos nueve encuentros que ha afrontado y el del pasado fin de semana acabó con la paciencia de la afición blanquiazul, que al final del choque mostró su descontento con una gran pitada y pañolada, así como con silbidos y gritos críticos hacia los jugadores, Natxo y la directiva. La cuesta abajo del Dépor en los últimos dos meses le ha dejado sin opciones de luchar por las dos primeras plazas, las de ascenso directo, y pone en peligro su puesto de play off que actualmente ocupa. Para no decir adiós también a esa vía alternativa para regresar a Primera División, el consejo opta por un nuevo cambio de rumbo sobre la marcha.

Durante toda su etapa profesional Natxo se ha caracterizado por ser un "currante" del fútbol y lo demostró durante los meses que estuvo en A Coruña. Mucho trabajo, orden y cuidado exquisito por los detalles, con largas jornadas laborales tanto sobre el césped como en su despacho. Desde su llegada instauró nuevos hábitos para aumentar la unión y la fortaleza del vestuario blanquiazul tras varios años de continuo debilitamiento, con episodios de indisciplina y una lucha de egos que, irremediablemente, se proyectó al terreno de juego hasta consumar el descenso tras varias campañas seguidas caminando al borde del precipicio.

Natxo implantó sanas rutinas para los futbolistas y técnicos, como por ejemplo compartir todos juntos mesa y mantel en Abegondo tras cada entrenamiento. Logró su objetivo de hacer piña, al mismo tiempo manteniendo las distancias con sus pupilos. Cada uno en su sitio para construir un equipo prácticamente de cero, que arrancó con fuerza pero que poco a poco se le ha ido cayendo.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook

Buscador de deportes