12 de mayo de 2019
12.05.2019
Deportivo11Cádiz

Desencanto en Riazor

Un golazo de Querol aparta al Dépor de volver a ganar en su estadio cuatro meses después. No supo cerrar el duelo con otro tanto o defendiendo con la pelota y un eficaz Cádiz igualó el marcador. El play off, en peligro

12.05.2019 | 18:28
Desencanto en Riazor

Habían ganado las chicas, el día era estupendo en A Coruña, el equipo llegaba renovado con dos triunfos fuera, hasta el club parece aireado en pleno proceso electoral... Después de mil palos, hoy era el día para levantarse en casa. De estar medio muerto a resucitar en su hogar, el que siempre ha sido aliado. Pues esta vez tampoco. La maldición de Riazor en este 2019 se mantiene. Muestra mil caras y un mismo final, un destino marcado. El Dépor, con todas sus imperfecciones, había sabido aguantar y golpear en la primera parte. Ya le costó más matar el duelo, echarle el candado con la pelota en sus pies. El obús de Querol fue un golpe más en el ánimo de un equipo y de una hinchada deportivista que se habían venido arriba en un domingo casi veraniego, pero que se marchaban de nuevo desencantados para casa. Toca volver al alambre y seguir labrando el play off a domicilio. Entrar o no se decidirá por pulgadas.

Todos esperaban el partido del vértigo y se encontraron el duelo de la cautela. Dépor y Cádiz están configurados hoy en día para hacer daño con espacios, para tirar de velocidad. Lo tiene más dinamita y lo tiene más perfeccionado el conjunto amarillo, aunque fue el coruñés el que sacó réditos en el primer acto. Ambos eran conscientes de su potencial y también de cómo les podía hacer daño su rival. Casi calcando los planes, se mostraron obsesionados por cortar las jugadas tan pérdida. Una falta, otra. Se esmeraron, sobre todo, los gaditanos, que hasta esbozaban una media sonrisa cuando el Dépor se enfrentaba a largas posesiones con las que, en muchos tramos, se le vio tremendamente incómodo. Edu Expósito estaba unos metros por delante, a Álex le costaba superar líneas en la salida de balón. Y las pelotas largas de los centrales eran caramelos para los defensores andaluces. Mucho tanteo, también aburrimiento. Guardándose la distancia.

El primer acto tuvo sus fases. En los primeros compases los dos equipos solo probaron a los porteros rivales en jugadas a balón parado. Tras la primera media hora el Dépor sufrió una pájara de algo más de cinco minutos en la que pareció hincar la rodilla. Los extremos andaluces empujaban a sus laterales, no había salida. Frustrante. Riazor, esta tarde muy animoso, empezaba a impacientarse. El fútbol, una jugada bien trenzada, rescató entonces a los coruñeses, justo antes de cobrar el premio gordo. Ese movimiento colectivo con y sin balón liberó a los coruñeses y también les hizo lamentarse cuando vieron en el travesaño el disparo de Carlos Fernández. Olió la sangre el grupo de Martí, su contrincante se mostraba débil. Caería. Y llegó el tanto. Nació de la intensidad de Bóveda, el mejor del Dépor hoy. El vasco recuperó el balón, corrió la banda y conectó un centro largo que convirtió en oro Quique. El que siempre ha estado ahí. 1-0. Estallaba Riazor. Había ganas de celebrar, era el momento de liberarse.

El Cádiz salió decidido del vestuario a cambiar el panorama tras el descanso, a pedir la palabra en el duelo. Siempre amenaza con su atrevimiento y hoy, entre que no quería y no le dejaban, se le había visto excesivamente tímido. En dos minutos ya había disparado a la portería coruñesa, incluso había disfrutado de un saque de esquina. En los instantes sucesivos lo siguió intentando. Dani Giménez tuvo que lucirse a disparo de Darwin Machis. Apuntaba a cambio de guardia en el dominio del encuentro.

Pero pronto el Dépor se sacudió esa presión. Sigue sin estar del todo bien, aún así es otro equipo respecto al que cayó hundido hace semanas en el mismo escenario ante el Extremadura. Con sufrimiento y justito, pero todo hacía indicar que llegaría a la orilla con el botín máximo. En realidad, su pecado en la segunda parte fue que confió en exceso en el repliegue, en juntar las líneas, más que en defenderse con la pelota. Es cierto que tampoco le sobraba el aire y la seguridad con balón aún la luce a cuentagotas. No dio finalmente ese paso al frente. Ni quiso la pelota ni mató el encuentro. Y acabó pagándolo con uno de esos golazos que le han golpean de manera reiterada en la Segunda División de esta temporada.

Pudo hallar de nuevo la suerte en los últimos minutos. Se volcó, lo hizo con todo, como pudo, y a partir del triángulo Bóveda-Pedro-Quique. Carlos rondó el 2-1 con un cabezazo picado que agigantó la figura de Cifuentes. Al Cádiz no le sobraba el punto, se lo llevó. El Dépor quería los tres y otra vez le quedan a deber. Ojalá cobre en los partidos que quedan. Tendrá que luchar por el play off de ascenso hasta el último suspiro. Un mes de infarto y con heridas abiertas, también de ilusión. Final abierto.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook

Buscador de deportes