12 de junio de 2019
12.06.2019
Deportivo42Málaga

Una remontada de magia y amor propio

El Dépor estuvo al borde del abismo por dos derechazos del Málaga de Ontiveros, pero le dio la vuelta con fe y fútbol y se gana el derecho a soñar, a jugársela en La Rosaleda. Noche que recordó a los viejos tiempos

12.06.2019 | 23:11
Una remontada de magia y amor propio
Una remontada de magia y amor propio

Fue la noche de Pedro, de Fede, de Carlos, de Edu, de Borja... de todos y cada uno de los deportivistas. Los que estaban sobre el césped y en Riazor, los que sufrían en la distancia. Los jugadores y el deportivismo lo pasaron mal, rematadamente mal en una noche de mil caras, de mil vidas, casi tantas como tiene este equipo. El Dépor se vio más fuera que dentro, pero con amor propio, fútbol, fe y pegada arrinconó y golpeó con fiereza a un Málaga, que saltó al césped como un pavo-real y que se marcha trasquilado de A Coruña. Un 4-2 que al equipo coruñés y a este vestuario le permiten soñar con seguir en la lucha por el ascenso y dar un golpe encima de la mesa en esta Segunda. En muchos momentos de esta temporada, a pesar de avasallar a rivales en 2018, se ha mostrado siempre con un punto de timidez, con esa sensación de que pide permiso para todo, de estar de prestado, pero hoy se le vio desgarrado, arrebatador, aniquilador. Un caníbal luchando a dentelladas por lo que que era una quimera hace unas semanas y ahora mismo es la ilusión de toda A Coruña. Y pobre del que quiera robarnos la ilusión.  

Víctor pisaba en la previa la zona de banquillos a solo unos metros de una banda de la que fue dueño en la época dorada. Su presencia, además de una amenaza futbolística como estratega rival, acentuaba el recuerdo de lo que ha sido este Dépor y de lo que es. Esa diferencia es a veces cruda y así se puso de manifiesto en el primer acto. Las sensaciones previas apuntaban a que el Málaga llegaba como el equipo más en forma de la categoría, que estaba un par de peldaños por encima de los coruñeses. Y así fue. Ni más ni menos. Primero por fútbol y luego por pegada. La primera media hora fue suya, se jugó a lo que él quiso. Y el Dépor, apresurado, alocado y hasta un poco sobrepasado, buscaba su sitio en un duelo en el que jugaba de invitado en su propia casa.


Desde el minuto inicial el Málaga quiso la pelota y sus interiores aprovecharon lo huecos dejados por una cobertura deportivista, que se escudaba en exceso en el repliegue. Mucho balón y pocas ocasiones para los andaluces, pero en la primera oportunidad clara que tuvieron no fallaron. Ahí empezó el festival Ontiveros. El canterano malacitano se libró de su defensor como quien se quitaba una mota de polvo de la cara. La facilidad fue extrema, tanta como la que le concedió la cobertura coruñesa a Luis Hernández para rematar a placer en el área. Trompazo. Cuando el Dépor empezaba librarse de la presión y desperezarse, llegaba el el golpe y de los gordos.


La suerte y la poca pericia de un defensor andaluz rescató al Dépor en dos minutos. De un Riazor frío se pasó a un estadio en ebullición cuando Carlos marcaba de nuevo un penalti salvador. 1-1. La eliminatoria volvía prácticamente a la casilla de salida y ahora, desprendiendo también en parte esa sensación de inferioridad, el Dépor buscaba a mirar a la cara a su rival. Pedro estaba muy activo, Fede casi se la lía a Bare en una carrera. Carlos, Borja Valle y Edu seguían extraviados, pero al menos Martí ya podía reclutar algunos efectivos para inquietar arriba.

 
Y justo cuando Riazor empezaba a ilusionarse, llegó el segundo golpe. El primero fue por un error y el segundo, sobre todo por la genialidad de un jugador olvidado por Muñiz y restacado por Víctor, llamado Ontiveros. El andaluz aprovechó una permuta en la cobertura coruñesa para inventarse un folha seca imparable para Dani Giménez. 1-2. Riazor volvió a enmudecer, el equipo lo sintió como pocas veces en este curso. Hasta agradecía el descanso.
 
El Dépor fue todo amor propio tras el paso por los vestuarios. El Málaga dio un paso atrás cuando no lo necesitaba y ahora ya se arrepiente, aunque Víctor se escude en la pegada coruñesa. El Dépor subió su línea de ataque y ajustó su presión. Agarrado a Pedro, el alma de este equipo, se conjuró para remontar y lo hizo. Fue una segunda parte increíble de soñar, de creer, de las que se merecía esta hinchada. El segundo tanto, la igualada, llegó en una eléctrica y soberbia jugada colectiva. Pedro, a la red. El tercero, el de la remontada, con un rebote y dos futbolistas a recuperar como Fede y Carlos. El sevillano hacía su segundo tanto de la noche, mientras el deportivismo aún se recuperaba del susto por el balón al palo de Ontiveros con el 2-2. Una explosión de emociones. Y aún quedaba el momento más mágico.

Ya con el Málaga refrescado y mirando de nuevo a la portería de Dani, una contra bien trenzada por los deportivistas le quedó a Borja Valle en su sitio preferido. El arrastre de Saúl le dio el medio metro que necesitaba y soltó el latigazo al primer palo. Bote, mano blanda de Munir y adentro. 4-2. Nadie se lo creía, Riazor se frotaba los ojos y disfrutaba como nunca esta temporada. Se lo merece. Aún queda por sufrir y por soñar, empezando este sábado en Málaga. A esta eliminatoria aún le restan mil aventuras.  


 
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