27 de agosto de 2019
27.08.2019
La Opinión de A Coruña
La pelota no se mancha

Una semana para apuntalar, un año para crecer

Este Dépor es un proyecto a medias porque perdió potencial y le faltan jugadores estructurales con la Liga ya en marcha

26.08.2019 | 23:36
Juan Antonio Anquela, ayer a primera hora de la mañana en Abegondo.

Al Dépor le pilló un tsunami a contrapié en El Alcoraz. La ola le iba a golpear y con fuerza. Nadie lo dudaba. La incógnita real era si iba a coger al equipo coruñés bien plantado, listo para aguantar el golpe, balancearse e incluso tener respuesta. Ni de lejos. El Huesca es ahora mismo el conjunto que está más cerca de Primera División. Tiene jugadores, entrenador, modelo de juego, está saneado anímicamente por un final de liga meritorio en el escalón superior. Bajó en febrero y empezó a regenerarse desde dentro antes de acabar la pasada Liga. Pero se asciende en mayo o junio, no ahora. Ese es también el consuelo para el Dépor. Los equipos que suben, evolucionan, crecen, lo pasan mal, se reinventan...; pocos o ninguno se ponen de cero a cien en agosto. ¿Qué eran hace un año Osasuna y Mallorca? De momento, el panorama muestra a un conjunto blanquiazul en construcción que fue un títere en manos oscenses. Duro de asimilar. En Riazor se aprecia ahora mismo un proyecto a medias. Porque perdió potencial, porque le faltan jugadores estructurales con la Liga ya en marcha y porque Anquela sigue sin entender del todo lo que le demanda su grupo antes y durante los partidos. Lectura y cintura. Todos los males se juntaron con un puñado de preocupantes actuaciones individuales y fueron 90 minutos de avalancha tras avalancha. Duele acabar sepultado, pero mejor empezar a quitarse la tierra de encima en agosto, cuando el mercado está abierto, cuando queda casi un año entero para construir. Soluciones desde dentro y desde fuera. Hay que actuar ya.

El último mercado de fichajes enseñó al Dépor lo dañino que puede acabar siendo quedarse corto, apurar el cierre del libro de pases. Ni pudo ni supo suplir a Carles Gil y un equipo ya en línea descendente se fue deshilachando hasta entrar por los pelos del play off de ascenso. El resurgir solo sirvió para dejarle a las puertas. Dolió. No se puede permitir repetir la historia, la duda, la operación fallida en el último instante. Ese pasado reciente empuja al Dépor facturar en nada a Diego Rolan. Es una operación delicada con implicaciones inmediatas y futuras, pero pocas manos le quedan ya a esa partida de póker. De su salida dependen tres fichajes, que es muy probable que acaben siendo dos. Debería llegar un zurdo para la banda, un pivote y un central ante el contratiempo con Peru. Todos los años va a haber contingencias. Hace un año eran Carlos Fernández y Fede Cartabia, ahora empiezan con el vasco. Aun así, es muy probable que no dé para tanto el remanente que vaya a dejar el uruguayo. El proyecto necesita reforzarse, dar vigor con gente de peso a esa columna vertebral que quería mantenerse y que se ha esfumado. El golpazo que se llevó en Huesca es una invitación más a no vacilar. Tic, tac.

El envite del domingo fue, además, una buena prueba de estrés para saber lo que hay que buscar fuera y cuál es el camino a emprender dentro. Gaku tuvo hace una semana un estreno magistral en Riazor, deslucido en la última media hora. Durante ese tramo se vio naufragar el entramado defensivo coruñés desde el inicio hasta el fin, sobre todo a partir de un doble pivote desbordado. En El Alcoraz subió la exigencia, se multiplicaron los problemas, con la banda izquierda como vía de agua principal. Para partidos de ese nivel el Dépor necesita alguien más por dentro en la media de un perfil táctico junto a Álex y el nipón. El Huesca sí tenía una pieza más y ahí empezó a ganar el duelo. Anquela no lo vio o no reaccionó, ahora no debe obviarlo. Quizás en Riazor ante rivales iguales o inferiores pueda exponerse, pero cuando sube el listón... Unos retoques tácticos pueden ajustar las piezas y hacer rendir a todos más y mejor. También ayudará en la salida de balón. Gaku baja a donde no debe, arriesga y el resto están incómodos, dubitativos con la pelota. No todo se soluciona fichando.

A derribar la puerta

El Fabril arrancó con un empate su Liga de Tercera División en Redondela. Lejos de los flashes de Riazor y el primer equipo, muchas veces no es sencillo de asimilar para los jóvenes su realidad. Seguro que mentalmente se la repitan machaconamente en su cabeza todo el verano, mientras juegan ante rivales de Primera. Complicado. Les toca ahora, a pesar de alejarse de su deseo, perseverar y derribar la puerta. Insistir, aunque la entrada esté dura como una piedra. No desfallecer. De manera intencionada o por la propia imperfección de este Dépor, pocas veces ha estado el primer equipo tan cerca. Y no solo en verano.

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