18 de noviembre de 2019
18.11.2019
Albert Luque

El apellido les delata

Los canteranos Manu Mosquera, Albert Ramis Luque y Hugo Padín luchan por emular a sus familiares y hacer cumbre en el estadio de Riazor "Siempre quise apartarlo de mi nombre", relata el técnico del Extremadura

17.11.2019 | 22:35

Llevan el deportivismo y el fútbol en las venas y ahora buscan su propio camino. Lejos quedan ya Fran y José Ramón, Pepe y Marcos Vales o los Agulló, pero sigue habiendo en Abegondo aspirantes a perpetuar las sagas familiares en el Dépor. Manu Mosquera, Albert Ramis Luque y Hugo Padín son tres promesas de las categorías inferiores que llaman la atención y no solo por su fútbol. Han tenido la inspiración en casa, aunque esa cercanía y la comparación también puedan generar presión extra en carreras incipientes. Integrantes del Fabril y de los equipos juveniles, los tres ya viven las últimas etapas de su formación y coquetean con el profesionalismo, incluso con la caseta de Riazor. Así los ven, así los guían su tío Albert y sus padres Carlos y Manu.

"Siempre he querido apartar de ellos mi nombre. Cero presión y cero decirles lo que deben hacer, solo les hablo de valores". Manu Mosquera explica la receta que ha aplicado con su progenitor, ahora en el Fabril, y con David, su otro vástago, cedido por el Dépor al juvenil del Extremadura. "Ya cuando estaba en alevines los expertos de la cantera me dijeron que, por condiciones y estilo, podía llegar al Fabril y ahí está. Lo está haciendo muy bien. Lo más importante es que han compaginado los estudios y ahora a Manu se le abre la opción de ser profesional".


Manu Mosquera (c), felicitado por sus compañeros del Fabril tras marcar un gol este verano en Carballo  | rcdeportivo

Mosquera hijo se crió en un entorno blanquiazul y su llegada al Dépor casi se podría entender como una salida natural. Diferente es el caso de Albert Ramis Luque, sobrino de unos de los históricos del 4-0 al Milan. "Estoy muy apegado a él. Es un chaval trabajador y profesional", avanza su tío, que en cierta medida tutela su carrera. Fue él el que llamó a la puerta del Dépor para buscarle un lugar para seguir creciendo. "Llegó a su último año de cadete en Barcelona y hablé con Albert Gil para hacer una prueba. Primero estuvo una semana, luego otras tres y se acabó quedando. Si no creyera en él, no habría dado yo ese paso". Albert es extremo como su tío, pero hay diferencias: "Jugamos en la misma posición, pero él es diestro, actúa a pierna cambiada. Yo era más potente y tenía mejor disparo, y él es más habilidoso".

Su sobrino Albert no se vino para A Coruña tan solo por seguir la saga, hay condicionantes que han animado a la familia. "Cada cierto tiempo voy a verlo y lo bueno es que si pasa algún momento bajo, tengo ahí a gente de confianza, como Manuel Pablo, que puede hablar con él". Su tío apuesta por darle libertad, pero estar siempre vigilante, que conozca lo bueno y lo malo del fútbol: "Sigue en la residencia, no da problemas. Lo dejo que vaya a su bola. Debe cometer errores, yo también erré. Este año está jugando menos y hablo con él porque tiene que estar tranquilo, también es parte del fútbol, a mí me pasó". A estas alturas, no cree que el apellido le pese. "Pienso que ahora mismo le beneficia, igual más adelante sí es diferente, cuando se acerque al primer equipo y lleguen las comparaciones".

"Hablo muy poco con él de fútbol, tiene que volar solo". Han pasado cuatro años desde aquel día en el que la familia Padín estaba de vacaciones en Portugal y recibió la llamada del Dépor para que su pequeño empezase a emprender el camino que llevó a su padre a hacer cumbre en Riazor. "De 500 salen uno, dos o ninguno. Tiene que llevarlo con calma y responder en los estudios, que es algo que ya hace. Lleva tres años ya viviendo en A Coruña". Sobre si ve en su hijo algo de él, primero responde con sorna "el apellido" para luego radiografiarlo: "Juega en la banda izquierda, tiene gol y es rápido, y por encima de todo es muy inteligente, que es lo importante". Al haberlo vivido desde dentro, Padín respeta a los técnicos. Hoy sigue activo, aunque en una categoría no profesional, y entrena también a jóvenes. Lo que ve en el entorno de los campos de la base le desalienta: "Hay padres y madres... Es penoso lo que se vive. Es un problema grande".

Pedro y los hermanos Sánchez

No solo ellos, hay más ejemplos. Pedro Barbolla Sánchez, defensa juvenil, hijo de Henry, libero que debutó con el primer equipo en el partido de la huelga de la temporada 84-85. Y los hermanos Sánchez, Aarón y Carlota. Su padre jugó en el Fabril. Los dos ya debutaron con el primer equipo, solo le falta al mayor hacerlo en partido oficial. Todos persiguen un sueño que acaba en Riazor y en casa conocen el camino.


A la izquierda Albert Ramis Luque y a la derecha Hugo Padín | rcdeportivo
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