14 de febrero de 2020
14.02.2020
Deportivo22Girona

Solo Stuani y Figueroa Vázquez pueden con este Dépor

El Girona ahogó al Dépor, pero solo pudo impedir el triunfo en los últimos minutos con la ayuda del colegiado que permitió el juego cortante de los catalanes y que tenía que haber expulsado al uruguayo, bigoleador

14.02.2020 | 23:26
Solo Stuani y Figueroa Vázquez pueden con este Dépor

De la euforia al anticlímax y del anticlímax al enfado. Riazor latió como pocas veces en el primer partido que genera una decepción con su equipo en dos meses, pero que olía a grande, a resistencia de un grupo enorme y a colegiado sibilino. A la octava no pudo ser, pero el Girona del bigoleador Stuani no se bastó él solo para tumbar a un equipo con alma para regalar, tuvo que apoyarse en los obsequios puntuales y quirúrgicos del colegiado Figueroa Vázquez. El Dépor tuvo que extremar su apuesta ante un rival punzante y excelso en la presión, pero supo resolver y golpear a la mínima. La octava estuvo a punto de caramelo. Este punto ahora escuece, pero en breve empezará pronto a multiplicarse por tres cada fin de semana. La lucha continúa.

El Dépor sabía desde el inicio que se disponía al más difícil todavía. Es cierto que ya había pasado por su territorio el Cádiz, pero el potencial ofensivo de este Girona, ahora despertando, es mucho mayor. Martí sí estuvo listo en el planteamiento. Más que atacar, lo mejor que hacía su equipo era presionar arriba. El Dépor lo intentaba con un Gaku muy suelto, salía por dentro, por fuera, siempre acababa asfixiado por el punzante posicionamiento de su rival. Otra prueba para este Dépor hasta ahora invencible de Fernando Vázquez. El escalofrío por la lesión y la desolación de Somma sobre el terreno de juego acabó por quitarle voltaje.

Sufría, pero siempre tiene latente su colmillo afilado. Una presión sin mucho futuro de Bóveda acabó recuperando un balón en una zona sensible. El primer intento en superioridad no funcionó, pero un medio pase de Aketxe habilitó de nuevo al vasco que sirvió un centro goloso a Mollejo. Buen pase, mejor remate. Suave, pero picado al sitio exacto, imposible para Asier Riesgo, que perdía su imbatibilidad. 1-0. Riazor estallaba, hervía. Está a su máximo rendimiento para cabalgar en esa locura llamada Dépor.

El tanto agudizó la sensación de ahogo de los coruñeses. El Girona primero abusó al intentarlo por dentro, luego entendió que precisaba de un pase intermedio para salir fuera y volver a meter la pelota en el área. Ahí Maffeo creció, también Stuani como pesadilla. Mujaid, el ya central Peru y Montero se multiplicaron en el achice. También hubo suerte en una falta desviada, en un posible penalti de Mollejo y más de un saque de esquina. Resistió, pero en esa coyuntura no se le auguraba mucho futuro. Aguantó, al menos, hasta el descanso, mientras subían los decibelios contra el colegiado, que dio rienda suelta a la dureza, al juego cortante de los catalanes. Se hizo notar para mal y solo era el principio. Había partido, no respiro para los coruñeses.

El paso por los vestuarios no sirvió para que el Dépor plasmase alguna corección táctica que le diese respiro con la pelota. Siguió el partido de balonmano con un equipo local que, ante el esfuerzo y con futbolistas a veces fuera de sitio y corriendo por encima de sus posibilidades, mostraba sus costuras. Al Dépor le sentó bien la entrada de Salva Ruiz para calmar a un volcánico y amonestado Mollejo y para aliviar esa banda y los despistes de un Çolak, que se hartó de perder balones. No fue el sustento ofensivo que necesitaban sus compañeros, la pausa que requería el Dépor y que sí supieron dar Aketxe y Gaku.

El vasco fue clave en el 2-0. En una de las pocas salidas coruñesas supo madurar la jugada y buscar desahogo hasta que Álex se encontró un balón suelto en el área y lo clavó como nunca, con la zurda y en la escuadra. 2-0 y Riazor se venía a abajo. La euforia estaba desatada y lo único que empujaba a ser algo precavido era la media hora que aún restaba por jugar. El Girona no es cualquier rival en esta categoría.

Tuvo su momento el Dépor para gustarse entre el acoso continuo de los gerundeses. Una arrancada de un colosal Mujaid y un par de delicatessen de Aketxe y Gaku que casi acaban con el 3-0 de Çolak. Una pena. Fue poco, bien saboreado. La alegría pronto tornaría en aviso y tristeza y también en enfado.

Y fue justo cuando la resistencia empezaba a fructificar y las dudas a cuajar en los visitantes, Stuani demostró su gran clase en el área para resolver y acertar con la red en un remate con escorzo. 2-1 y en torno a un cuarto de hora de sufrimiento. Demasiado, sobre todo por el empuje y por la sensación de que el colegiado seguía influyendo en el duelo y no a favor del Dépor, precisamente.

Stuani acabó ajusticiando desde los once metros en un penalti absurdo y dudoso de Montero, marca de la casa, cuando minutos antes debía haber sido expulsado por un codazo en el área. Miró para otro lado el colegiado, allanó el camino. Álex se lo recriminó, le dio igual. Estuvo inclinando la balanza todo el partido y al final fue decisivo, lo que nunca debe ser un árbitro. Hoy pudieron con el Dépor, no siempre será así. 

 
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