Zamora10Deportivo

Las que le esperan en cada esquina, las que se prepara él mismo. El Dépor cae en el Ruta de la Plata y el mayor de los pecados no es la derrota en sí. Es que no le hiciese ni cosquillas a su rival, es su falta de cintura y hechuras para rebelarse a un destino marcado desde el minuto 10. Y, encima, está consiguiendo poner en peligro su pase a la segunda fase por el ascenso a Segunda. La tormenta perfecta, lo imposible ya está aquí. Entre las trampas ajenas, como las del campo helado y los rivales que juegan el partido de sus vidas, y las propias, como sus limitaciones en ataque y la falta de un técnico que aporte soluciones, el grupo coruñés enfila un nuevo camino entre brasas. Nada bueno puede salir de su deambular como equipo, poco bueno puede salir de enfrentarse en estas condiciones al infierno, a un futuro de impredecibles consecuencias. En un nefasto e incalificable desempeño, fue un muñeco de trapo en manos de un rival voluntarioso, con las ideas claras y mejor adaptado al medio, cualidad de la que carece el Dépor, enredado en la Copa, en un entrenador paralizado y en las ensoñaciones de quien cree que hizo la plantilla perfecta y no necesita fichar.

Fernando Vázquez tiraba de raíces para confeccionar un once con las habas contadas. También demostraba que no era ciego ni establecía jerarquías superfluas tras el duelo de Copa ante el Alavés. Manu Mosquera sentaba a Nacho y Adri Castro, recién salido del COVID, también jugaba ante el temor de que la fragilidad de Keko le jugase una mala pasada. Seis canteranos en el once que elevaron el ánimo del deportivismo tras el agravio de la Federación. Había que jugar en la adversidad, contra los elementos y con su gente. El subidón duró lo que tardó el Zamora en trenzar dos jugadas. Ni tres minutos. En los primeros compases ya se vio que hoy tocaba dura y helada realidad más que cuentos de hadas.

Transiciones, mejor adaptación, presión medida, buen fútbol... El Zamora ahogaba al Dépor, mientras los coruñeses intentaban no resbalarse o domar balones rebeldes en superficies que habían estado bajo cero. Y en el medio de los vaivenes y tras defenderse como podían, llegaba el primer del equipo local a los diez minutos. Centro de kilates desde de la derecha y Adri Herrera se colaba entre Granero y Mujaid para batir a un Carlos Abad que ya había salvado una antes. Estocada al Dépor, que no se mantenía en pie ni física ni futbolísticamente y encima tenía que remontar.

El Dépor cae en Zamora

El Dépor cae en Zamora

No le quedaba otra que estirarse, que levantarse, aunque fuese aturdido. Al Dépor tampoco le sobraban las ideas, sí incomodidad. Uno de sus múltiples problemas de esta tarde fue la ausencia de un delantero que le aportase soluciones. Nacho ya está por detrás de los canteranos y Rui Costa va por el mismo camino. El portugués se enredó en regates, en malos controles y decisiones. Estos partidos se deciden casi en economía de guerra con arietes que economizan, que son efectivos y que generan con lo justo. Él nada de nada. Estropeó casi cada pelota que le llegó.

Y todo, a pesar de que el Zamora levantó el pie. Parecía amenazante, era todo latente. Pocas veces ejecutaba, aunque el Dépor no se libraba de algún susto. El equipo coruñés solo le metió el susto en el cuerpo a su rival en una doble ocasión de Salva Ruiz y Adri Castro y en una contra mal llevada por el ariete de la cantera. Todo en jugadas aisladas, en acciones personales. Subía levemente el nivel, estaba lejos de que esa mejoría surtiese algún efecto. Un azucarillo de equipo.

El inicio del segundo tiempo mostró, en teoría, a un Dépor activado. Fueron cuatro minutos, un espejismo. Dos escarceos y a hibernar. El paso del tiempo solo mostró a un Zamora cada vez más asentado. Era capaz de solventar cada situación. Con el partido más templado, con el duelo más abierto. Fácil, muy fácil. Mientras, el Dépor era la nada, un barco hacia el iceberg. Le costaba un mundo enlazar alguna acción de merito y cuando lo conseguía, ya estaba Rui Costa ahí para malograrla.

El banquillo plagado de canteranos y el miedo a lesionar a Keko maniataron aún más a un hierático Fernando Vázquez. Ya de por sí le cuesta ser proactivo y hoy el escenario no le favorecía. No aportó nada de nada, más allá del inocuo cambio hombre por hombre de Nacho por Manu Mosquera y la entrada postrera de Álex Barba. El Dépor consumió los últimos metros entre la inoperancia del que no puede, del que no le guían para que pueda y del que ni siquiera le mueve el amor propio para apretar desde el orgullo. Un equipo, un club que mira, de nuevo, al abismo, su desagradable cotidianeidad.