Fernando Vidal Raposo (A Coruña, 1962) anunció ayer su salida del club rodeado de la mayoría de los integrantes de su consejo de administración. Todos menos el nombrado por Abanca, máximo accionista del Deportivo. Una despedida que efectúa por segunda vez en poco más de tres años. Presidente del consejo de administración del Deportivo desde el 14 de enero de 2020, el dirigente blanquiazul había aterrizado en la plaza de Pontevedra el 21 de enero de 2014 como integrante del consejo de administración que lideró Tino Fernández, pero decidió dar un paso a un lado y abandonar su puesto en el club en octubre de 2017 tras casi cuatro años como responsable de la parcela deportiva. Su marcha se debió, argumentaba entonces, porque “en los últimos tiempos, por muy diversos motivos”, no se había sentido “todo lo cómodo y a gusto” que hubiera deseado para desempeñar “en responsabilidad” su labor de consejero, había explicado en una carta dirigida a los aficionados del club coruñés.

Estaba entonces el Deportivo en Primera División. Algo más de año y medio después fue el resto del consejo comandado por Tino Fernández el que decidió dejar vía libre a quien estuviese convencido de llevar la nave deportivista, entonces luchando por meterse en la fase de ascenso a Primera División. Vidal se postuló. Y también lo hizo Paco Zas, que se convirtió en el nuevo mandatario blanquiazul. Pero Zas aguantó poco más de seis meses y el exconsejero dio de nuevo el paso al frente. Esta vez lo hizo con un acuerdo con Abanca bajo el brazo, como anunció en la Junta Extraordinaria de Accionistas celebrada en Palexco en diciembre de 2019. “Me dirijo a ustedes en el mejor marco posible para transmitirles nuestra intención de dar un paso adelante para pilotar el nuevo consejo de administración”, anunció durante su intervención aquel martes 17 de diciembre de 2019. “Una de las grandes ventajas del acuerdo con Abanca es que la vida del club está en estos momentos solucionada incluso con un descenso a Segunda B”, explicaría más tarde, ya lejos del atril. El 14 de enero se convertía en el 44º presidente del Deportivo.

Sus primeras decisiones fueron borrar con todo lo que tuviese que ver con la época anterior y recuperó a gente de su confianza. Luis César, entrenador, y Carmelo del Pozo, director deportivo, fueron los primeros en perder sus puestos. Vidal recuperó a Fernando Vázquez para el banquillo y a Richard Barral para que se hiciese cargo de la parcela deportiva. La situación del Deportivo era crítica, pues estaba a siete puntos de la salvación. La majestuosa segunda vuelta le sirvió para acariciar la permanencia, pero fue empañada por la derrota en Riazor ante el Extremadura, a la que aún ayer Vidal recordaba como la fecha fatídica que impidió el “milagro”. En una temporada que se había visto suspendida por la irrupción del COVID-19, el equipo llegó a la última jornada con opciones de salvación, pero sin depender de sí mismo. No jugó ese partido y comenzó el caso Fuenlabrada.

El Deportivo inició el nuevo curso en Segunda B tras confiar en la ampliación de la Segunda, pero se topó con la oposición de Javier Tebas y del Consejo Superior de Deportes (CSD). Fernando Vidal decidió acudir a los tribunales, pero tuvo que formar un equipo que compitiese en la tercera categoría del fútbol español. La inversión en la plantilla y los nombres de los recién incorporados convirtieron al Deportivo en el equipo a batir, pero una derrota ante el Celta B en Riazor en diciembre lo cambió todo.

El nombre de Fernando Vázquez ya no ofrecía confianza; al mes de iniciada la competición el que había llegado como salvador en enero de 2020 ya era cuestionado. Bastó otra derrota, frente al Zamora en el cierre de la primera vuelta, para despedir al técnico de Castrofeito. Otra salida por la puerta de atrás como en 2014. Otra vez los mismos protagonistas. Ayer, Vidal aseguró que Abanca había pedido el despido de Vázquez tras la derrota con el Celta B pero que fue su empeño personal el que le dio una jornada más al de Castrofeito.

En esta temporada, también se ha visto debilitado el Deportivo Abanca, un equipo que en su debut en la elite se codeó con los grandes y solo la suspensión de la Liga evitó que alcanzase un logro mayor. Con la temporada concluida, Manu Sánchez se quedó sin varias de sus jugadoras fundamentales. Llegaron los refuerzos justos, pero en verano. En el mercado de invierno el equipo femenino parecía no existir. Es último, pero sigue con posibilidades de salvación, eso sí, con 17 jugadoras. “Quizás con 100.000 euros nadie se hubiera marchado”, dicen desde dentro.

Con el primer equipo en una situación complicada, y ya sin recursos para encontrar refuerzos en el mercado de invierno se ha precipitado la decisión final, la falta de confianza es ahora del máximo accionista, Abanca, hacia el consejo de administración.

Quedan cinco partidos para que concluya la primera fase y el Deportivo tiene que ganarlo todo, pero se encuentra sumido en una situación deportiva caótica a la que ahora se suma la crisis institucional.