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Cuando tuvo que mirar a los ojos a la muerte, al precipicio, le aguantó la mirada. El Dépor, con toda su humanidad a flor de piel, salió victorioso de un partido encrucijada. Podía tirar para arriba, para abajo o para muy abajo. Y, de momento, regatea el pozo. El grupo de Rubén de la Barrera tiró de entrañas, fútbol y personalidad para hacer hincar la rodilla a un Pontevedra menor. Salieron al rescate Álex, Miku o Keko y también Lucho García con su mano salvadora al borde del descuento, mientras Borges estaba en la grada y Uche en el banquillo para vergüenza de quien diseñó este proyecto. El Dépor, titubeante y tirando de supuestos secundarios, parece levantarse, ojalá sea a tiempo.

Era el día D y Rubén de la Barrera quiso dejar su impronta desde el segundo cero. Se habían acabado los votos de confianza, los cambios graduales, la higiene de vestuario. Se iban al banquillo Mujaid y Uche, entre otros, y a la grada Celso Borges, que minutos después el club colocaba en el parte de lesionados. Cambios en todas las líneas y revolución en ataque. Entraban tres y salían y tres. Y, curiosamente, ahí empezó a romper el equipo coruñés el duelo.

Emergió un Dépor mejor colocado, más vivo y decidido. Todo fluía de repente, no parecía el equipo encallado de siempre, era otro. Se presentaba con la cara lavada a uno de los duelos más importantes de su historia, el que podía marcar la diferencia entre respirar y entre empezar a quemarse en un infierno inimaginable o, al menos, la vida. Y, además del fútbol, quien alivió el ambiente fue Keko. Ya había avisado Borja Galán en un cabezazo y él fue decisivo. Su rosca fue plástica, salvadora, abrió la válvula del aire de una tetera en ebullición. 1-0. El gol llegaba pronto, premiaba a un Dépor incipiente y presionante arriba, también las conexiones del madrileño con el venezolano. Lo más destacado de la primera parte. Decisiones radicales, guion imprevisible.

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El Dépor no bajó el pistón tras la primer bofetón a un Pontevedra aturdido. Apretó, le incómodo, no se arrugaba ni mucho menos. Por fin iba por delante. Luisito no había imaginado un duelo así. Rondaron el segundo tanto los blanquiazules, aunque sin ocasiones excesivamente claras. Le costó a los granates sacudirse la presión e igualar el encuentro, aguantarle el pulso a su contrincante. Eso sí, su plan nunca cambió. Recuperación y ataque centelleante. Daba igual si lo intentaba un millón de veces, el éxito estaba en la rapidez, no en la laboriosidad o en la finura. Parecían posesiones del baloncesto NBA moderno. Un disparo de la pesadilla Rufo fue su único bagaje en el primer acto de un envite que llegó más igualado al descanso. 

El Pontevedra movió el avispero nada más salir de vestuarios. Un par de ataques y un triple cambio fueron su manera de escenificar algo que estaba por suceder, pero que nunca llegó a ocurrir. Foguetes. Aun así, al equipo coruñés no le quedó otra que sufrir en el segundo acto. Su rendimiento fue a menos, aunque se mantuvo en un nivel aceptable. Le faltó cuajo y un gol para haber puesto el choque en franquicia y mirar la vida de otra manera. Tampoco le ayudó la pérdida de fuelle de sus dos futbolistas referencias de la primera parte, Keko y Miku. Se fueron apagando ellos, se difuminó el Dépor.

¿Quién fue el mejor jugador del Dépor ante el Pontevedra?

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El conjunto granate pareció más fiero en Riazor por los miedos de la parroquia deportivista que realmente por lo que hizo sobre el césped. Sus intentos, su potencial empezaban y acababan en un Rufo muy solo. Olía a peligro, no podía hacerlo él todo. Tuvo el Dépor ráfagas de juego más que aceptable con alguna contra o recuperación, e incluso Lara pudo cerrar el partido. Nada. Tocaba sufrir, nadie lo dudaba.

Y si hace dos semanas fue ese despeje de Borja Galán cuando el Guijuelo acariciaba el 1-1, esta noche esa función le tocó a Lucho García. El colombiano parece a veces dubitativo en alguna salida de puños, pero su mano a un cabezazo picado de los granates es oro puro. Su grito lo decía todo. El deportivismo no sabe aún muy bien lo que vale. El Dépor, maltrecho, sigue en pie y con dudas, pero listo para cualquier lucha.