Un gol de Keko al comienzo del partido permitió al Deportivo derrotar al Pontevedra y espantar los fantasmas de un nuevo descenso. No se han ido del todo, porque el Coruxo tiene un partido pendiente y la distancia no es del todo real para un equipo que va con lo justo y que ayer sobrevivió a un compromiso que manejó de manera irregular. No está para muchos alardes el conjunto de Rubén de la Barrera, que con el triunfo alimenta las esperanzas de alcanzar todavía unas posiciones de ascenso lejanas. No lo hace con juego ni tampoco con sensaciones, pobres todavía, pero sí al menos con resultados muy necesarios.

El Deportivo se jugaba la temporada en un partido que debía ganar para no asomarse de manera definitiva al fracaso completo. Era un compromiso trascendental para el futuro del club, por lo que poco o nada debía estar sujeto a la improvisación. A través de la alineación ya se podían sacar conclusiones importantes, la principal el espíritu rupturista que le imprimió Rubén de la Barrera. Era un todo o nada que escondía también una renuncia. La ausencia de Borges, según el club por unas molestias musculares, de Uche o de Claudio Beauvue se podía interpretar como una forma de reconocer parte de los males que llevaron al Deportivo a una situación límite como la de ayer.

El técnico sacudió al completo el equipo en busca de soluciones y una victoria que diera al menos tranquilidad y alejara el fantasma de un nuevo descenso. Entraron Álex Bergantiños, tradicional apagafuegos de un equipo siempre en combustión, Keko, Miku y Borja Galán, y de entrada el Deportivo se mostró concienciado ante la delicadísima situación que se le presentaba. Apretó arriba ante un Pontevedra desconcertado por el dibujo blanquiazul, en el que Álex ejercía como tercer central y Raí se emparejaba en el mediocampo junto a Diego Villares. La apuesta suponía una renuncia a la filosofía tradicional de Rubén de la Barrera porque el equipo buscaba abreviar, manejar menos la pelota y buscar las transiciones rápidas. Para eso tenía a Keko, pero también a Miku para jugar de espaldas y permitir desplegarse al equipo.

La receta le funcionó de maravilla al Deportivo en los primeros minutos y prácticamente en la primera jugada estuvo a punto de adelantarse tras una buena combinación entre Keko y Miku. El centro original desde la derecha lo recogió Héctor Hernández, que volvió a colgar el balón al área para que Borja Galán, completamente solo en el punto de penalti, adelantara a los blanquiazules. El remate del madrileño no pudo ser más defectuoso, pero en un minuto el equipo ya había hecho mucho más que en buena parte de los partidos precedentes, en el que siempre se le dio mejor tener el balón que atacar.

Replicar esa acción podía ser la clave del éxito para un Deportivo que en el inicio tuvo continuidad para buscar la portería rival y embotellar al Pontevedra cerca de su área. No le dejó salir con facilidad a través de la presión y a través de esa ambición llegó el primer tanto. Villares peleó un balón dividido cerca de la frontal y lo cedió para Keko, que se perfiló en busca de un disparo al palo más alejado del portero. A los cinco minutos el equipo de Rubén de la Barrera se ponía en ventaja con merecimiento y se sacudía buena parte de la ansiedad con la que llegaba al encuentro.

Era la mejor manera de empezar para un conjunto deprimido frente a otro con problemas parecidos, pero al Deportivo le costó a partir de entonces manejar el partido y los visitantes fueron creciendo poco a poco con el paso de los minutos. Los blanquiazules apenas sufrieron porque consiguieron alejar a Rufo y Charles del área de Lucho García a través de la entrada de Álex y el sistema con cinco defensas, pero dejaron de llevar la iniciativa.

Villares y Raí apenas entraban en juego y el conjunto de De la Barrera empezó a sobrevivir a través de una buena presión y de la solvencia atrás. Estaba cómodo porque el rival no le apretaba lo suficiente como para inquietarse, pero al mismo tiempo perdió de vista la portería rival y la posibilidad de enterrar a un rival titubeante. El Deportivo se quedó sin la referencia de Miku, que en varias jugadas de esa primera mitad le dio oxígeno mediante un juego de espaldas que solo él es capaz de interpretar en la plantilla, y de Keko, al que dejó de buscar en las conducciones y le pasó factura.

El Pontevedra empezó además a amenazar a través de acciones en las que el conjunto blanquiazul no fue capaz de ajustarse, como en un disparo de Rufo después de una recuperación en el centro del campo en el que tuvo la posibilidad de avanzar prácticamente hasta la frontal porque no le salió nadie al paso. El remate le salió centrado y lo atrapó Lucho García.

Al Deportivo se le presentaba una segunda mitad en ventaja, pero con algunas dudas por la manera en la que gestionó el tanto a favor con el que se marchó al descanso. No mejoró después del paso por los vestuarios porque el equipo blanquiazul tampoco fue capaz de controlar el juego. El conjunto de De la Barrera no manejó la pelota ni salió con peligro aprovechando que el Pontevedra se exponía más en busca de un gol que le mantuviera en la pelea por mantenerse en la categoría. Cada vez parecía más evidente que el arma principal con la que contaba el Deportivo era el contragolpe, así que el técnico colocó a Rayco y Lara en el campo. Los dos le dieron algo de oxígeno al equipo, pero quien lo salvó fue Lucho García cuando el encuentro ya moría. Un par de intervenciones suyas, la primera providencial en un remate tras saque de esquina, conservaron un resultado para alimentar las esperanzas de cara a las dos últimas jornadas de la primera fase.