Carlos Fernández (Castilleja de Guzmán, 1996) estrenó el pasado domingo su cuenta goleadora como txuriurdin ante el Sevilla, su equipo de procedencia, apenas dos semanas después de ganar en La Cartuja la final de la Copa del Rey 2020 frente al Athletic Club, en la que jugó los últimos minutos. Hace dos años luchaba con el Dépor por el ascenso a Primera, frustrado a última hora en el fatídico partido de Palma, y ahora gana títulos con la Real Sociedad, el club que apostó por él en enero: diez millones de traspaso, más dos variables, y contrato hasta 2027. Tras varias cesiones seguidas en A Coruña y Granada, el delantero echa raíces en San Sebastián: “Estoy convencido de que es mi sitio”.

Acaba de llegar a la Real y ya ha jugado y ganado una final. ¿Cómo fue esa experiencia?

Imagínate... Uno como deportista sueña con esos momentos y trabaja para poder conseguirlos. Hacerlo realidad fue algo maravilloso, y encima poder participar. El año pasado con el Granada había tenido la desgracia de que el Athletic fue el que nos eliminó en semifinales y tener la oportunidad de ganar la final, con lo importante que era para la Real después de tanto tiempo, fue algo muy bonito que jamás olvidaré.

¿El primer título de muchos?

Ojalá. En la carrera de un deportista hay muchos más momentos malos, o en los que no cumples los objetivos, que buenos, pero merece la pena pasar esos momentos por poder vivir alguno, aunque sean menos, como el que me tocó vivir a mí en Sevilla [La Cartuja]. Fue algo increíble, imposible de describir con palabras, tienes que sentirlo y ojalá no sea el único en mi carrera.

El momento más feliz hasta ahora es ese título, ¿el más duro fue el ascenso frustrado con el Dépor?

Sí, sí, sí. Totalmente. Todo el año estuvimos peleando, trabajando, viviendo diferentes situaciones y altibajos como nos tocó vivir ese año en A Coruña, con una primera vuelta muy buena y una segunda no tan buena hasta que destituyen a Natxo [González]. Luego llega Martí, conseguimos clasificarnos para el play off y teniéndolo prácticamente todo de cara llegó la desgracia de ese 3-0 en Mallorca que nos mató a todos, a la ciudad entera. Fue una pena cómo puede llegar a cambiar tanto un gol, que es lo que nos separó de volver a Primera, y llegar a la situación que por desgracia está viviendo el club ahora, pero tanto para lo bueno como para lo malo hay que intentar ver el vaso medio lleno. También puede ser poco tiempo lo que se tarde en volver a la máxima categoría. De hecho, el Mallorca estando en Segunda B ascendió dos veces consecutivas hasta Primera. Por ciudad, por afición, por equipo, por historia y por todo, es algo que nadie quiere que se mantenga en el tiempo. Yo como un aficionado más del Deportivo estoy convencido y deseo que pronto volvamos a ver al Dépor donde se merece, que es mucho más arriba de donde está.

Usted empezó en el banquillo aquel partido en Palma, ¿le sorprendió esa decisión? ¿fue un síntoma de miedo?

No, para nada. Aparte, incluso durante el play off fui titular en partidos en los que compañeros que habían sido importantes durante el año no jugaron de inicio, como por ejemplo Quique en Málaga. Había una plantilla increíble y el míster pensó que los mejores once para las circunstancias que se iban a dar dentro del juego eran esos, ni mucho menos creo que saliera con miedo.

¿Esa espina de no subir con el Dépor le va a acompañar siempre?

Sin duda. Por las personas con las que me tocó convivir, gente que lleva muchísimos años en el club, verle esa cara de dolor… y por toda esa afición, por toda la gente que nos ayudó y apoyó, y por nosotros mismos, que habíamos remado y luchado muchísimo en adversidades y momentos en los que pierdes la confianza, no te encuentras bien y piensas que el objetivo puede pasar, y cuando parece que lo tienes ya conseguido, que solo quedan 90 minutos y tienes dos goles de ventaja y los pierdes, pues fue un palo terrible, una espina que llevaré clavada siempre. Ojalá pueda ver al Dépor en Primera y pueda pasar esta etapa dura que le está tocando vivir, sin duda saldrá más reforzado y más fuerte. Siempre le desearé lo mejor de corazón al Deportivo, a su afición y a su gente.

¿Lo sigue en Segunda B?

Sí. Cuando estuve en el filial del Sevilla desde muy pequeño me tocó jugarla mucho y sé lo difícil y dura que es. La sigo y tengo amigos que la juegan, por supuesto también en el Deportivo. Al Dépor lo sigo y también toda la situación que ha ido teniendo a nivel de club. Tengo amigos, Bergantiños, Eneko [Bóveda], amigos que son del Dépor, gente del club, servicios médicos, trabajadores… Les tengo un cariño especial por cómo son como personas y cómo me trataron. Por ellos siempre le voy a desear lo mejor al Deportivo. Soy un aficionado más. Lo dije cuando me fui y es la realidad.

¿Le sorprende que no acabara la fase inicial entre los tres primeros para poder aspirar al ascenso?

Es que la Segunda B es jodida, es muy complicada. La gente no se imagina lo complicada que es. Yo lo he vivido. Para el Deportivo es algo nuevo, tiene un proceso de adaptación y son partidos duros. No me sorprende porque sé de la dificultad de la categoría, pero sí me jode por todo el cariño que le tengo al club.

Sevilla, A Coruña, Granada, otra vez Sevilla y ahora San Sebastián. ¿Ha encontrado al fin su sitio?

Sí. Así lo veo yo. Estoy convencido de que es mi sitio. A nivel de ciudad, de club y de todo, de poder estar a gusto, ser feliz y dar el mejor rendimiento en el campo, sin duda.

Llama mucho la atención el trabajo de Imanol Alguacil, ¿cómo es?

El míster es un entrenador muy intenso, que domina el juego de posición con balón. Siempre nos pide que intentemos jugar y proponer, y sobre todo siempre quiere que dominemos las máximas facetas del juego posibles. Hoy en día vemos en el fútbol de élite que tienes que estar preparado para afrontar cualquier tipo de situación que te toque. Dentro de un mismo encuentro hay diferentes momentos en los que el partido demanda una cosa u otra y el míster trata de prepararnos lo mejor posible para todo eso. Es un trabajador incansable, muy exigente pero a la vez una persona maravillosa, muy cercana al futbolista.

¿Con continuidad en la Real cree que puede llegar la llamada de la selección?

Bueno, ese es el sueño de cualquier jugador profesional, poder llegar a vestir la camiseta de la selección absoluta de tu país. Es lo máximo a lo que puedes aspirar pero, sinceramente, ni lo pienso. Es un premio al trabajo en tu club. Yo quiero aportar lo máximo a la Real Sociedad, que ha sido el equipo que ha apostado por mí, y ojalá podamos ofrecer un buen rendimiento. Lo que nos depare el futuro, ya veremos qué es. Estaremos preparados para aceptarlo y para disfrutarlo.