El Deportivo confirmó el domingo su presencia el curso que viene en la Primera RFEF después de una temporada muy por debajo de las expectativas iniciales. El proyecto para el regreso al fútbol profesional naufragó a pesar de la inversión efectuada y al club no le quedará más remedio que intentarlo de nuevo el próximo año, aunque en otras condiciones. La capacidad financiera no será la misma, tal y como avisó el presidente, Antonio Couceiro, después de que el máximo accionista se haya visto obligado a cubrir pérdidas por valor de nueve millones en el presente ejercicio. Pero la firme intención del consejo de administración es que el futuro se construya alrededor de Rubén de la Barrera.

“Empieza ahora el momento para hablar y ver”, resumió el técnico coruñés después de la victoria del domingo frente al Langreo con la que el equipo garantizó su presencia en la Primera Federación. De la Barrera será la figura sobre la que se articule el proyecto de la temporada que viene, basado en un giro hacia la cantera que a estas alturas ofrece incógnitas. Couceiro ha subrayado en varias ocasiones que Fran González, responsable del fútbol formativo, y Juan Carlos Valerón, entrenador del Fabril, tendrán un papel protagonista dentro del organigrama del club, pero ha sido menos contundente sobre el futuro de otros. El papel del director de fútbol, Richard Barral, principal artífice junto al expresidente Fernando Vidal de una plantilla muy cuestionada por su rendimiento en relación a su coste (6,6 millones de euros, según el presupuesto), sigue en discusión, a la espera de las decisiones que el presidente avanzó la semana pasada después de la asamblea.

La parcela de Barral, encargado del diseño del equipo este curso y responsable de la firma de una serie de contratos de varios años que ahora desde el club se miran con recelo y preocupación, quedaría debilitada frente a las funciones crecientes de Rubén de la Barrera. El técnico tendría mayor poder de decisión en la configuración de la plantilla para evitar repetir los errores que este curso desembocaron en un fiasco.

La inversión efectuada ha quedado en entredicho dado el escaso protagonismo que con el paso de las jornadas adquirieron algunos de los jugadores llamados a liderar el proyecto. Uche, Beauvue o Borges contaron cada vez menos para De la Barrera, que pagó unas carencias que antes sufrió Fernando Vázquez. La ausencia de determinados perfiles en la plantilla de tres cuartos hacia adelante fue identificada por el de Castrofeito, que prefirió priorizar el orden defensivo para armar un conjunto sólido.

Rubén de la Barrera intentó un giro hacia su filosofía futbolística que tuvo que matizar sin apenas tiempo cuando constató las lagunas existentes en la plantilla. A partir de ahí buscó un fútbol basado en la presión en campo contrario que se atascó ante determinados rivales (Marino de Luanco o Langreo), por eso la idea es que la configuración del equipo la próxima temporada esté más adaptada a sus preferencias y participe de ella.

Una plantilla pendiente de las salidas y de una reestructuración

La plantilla del Deportivo se someterá a una reestructuración este verano después de que no se lograse el regreso al fútbol profesional. La importante, y cara, apuesta no se podrá mantener el curso que viene, aunque el objetivo se mantendrá en el ascenso a Segunda División. El presidente, Antonio Couceiro, advirtió la semana pasada que el desembolso será menor y al mismo tiempo adelantó que algunos jugadores ya han trasladado su intención de abandonar el club. La reconstrucción del equipo, sin embargo, estará condicionada por los contratos que se firmaron el verano pasado. La estrategia de la dirección de fútbol fue firmar por varias temporadas a jugadores llamados a ser importantes en el proyecto, confiando en que se lograra el ascenso. El hecho de no subir a Segunda División obligará a renegociar esos contratos. Nombres como los de Borges, Keko, Uche o Beauvue estarán sobre la mesa para adaptarse a la nueva realidad, con un gasto más contenido después del desembolso efectuado este curso. La inversión no se tradujo en los resultados esperados y el máximo accionista (Abanca) buscará reducir unas pérdidas que este ejercicio alcanzarán los nueve millones de euros.