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El Dépor se vuelve sin nada de Soria. Por su temporada no merece otra cosa, por su partido en una mañana inocua en Los Pajaritos, desde luego que sí. No fue ni mucho menos un vendaval el grupo de Rubén de la Barrera. Se le notó esa distensión lógica, esa falta de colmillo que requería la ocasión. Pero, como muestra de ese paso al frente que ha dado en las últimas semanas, fue competitivo, se sintió más a gusto con balón y, al menos, se hizo acreedor de un punto, incluso de la victoria. Acabó pagando una mala defensa de un saque de esquina y un error de Abad y su falta de pegada. Fue el enésimo baño de realidad. Ni maquillaje ni nada. Ni victorias en el tiempo de descuento que despierten la ensoñación de lo que pudo haber sido y no fue. El Dépor cae, la temporada 2020-21 es historia. Que tanta paz lleve como descanso deja.

El conjunto coruñés, con varias toneladas menos en sus hombros, salió al césped a disfrutar, a probarse, a medirse. Era invitado en fiesta ajena y encima no ponía nada en juego. Solo el honor, aunque todo lo que ha podido perder esta temporada esa meta no era capaz de activarle. Entre las bajas obligadas y los jugadores que preservan su físico ante un futuro en otros lares, Rubén de la Barrera cambiaba medio equipo. Tampoco significaba que tirase el duelo. El único fabrilista en la formación inicial era Adri Castro, que en las últimas semanas le ha ganado la carrera a Beauvue. La apuesta era competitiva.

Y se notó en los primeros minutos. El Dépor salió al ataque. Sin excesos, firme. La presión arriba llegaba casi en los instantes iniciales como carta de presentación. Dos centros al área en un minuto, piernas ligeras. No pintaba mal. El equipo soriano se veía algo sorprendido, aunque pronto pidió la palabra y el choque ya fue de ida y vuelta, con sustos en ambas áreas. Uno de Borges, otro de Asier Benito. Uno de Gabarre, una combinación de Adri Castro. Tanto Dépor como Numancia rozaron un gol que se resistía.

Eso sí, con el paso de los minutos y las noticias que llegaban desde Luanco el Numancia empezó a inclinar el campo. Era inevitable. Mandaba e incluso semejaba estar algo más cerca del gol, no mucho. Borges tuvo otra clara a la salida de un saque de esquina. Todo parecía pactado, encarrilado para llegar con empate, con el pulso en la vertical al descanso, pero un fallo encaminó al equipo coruñés al inicio del calvario que ni iba sentir. Un envío desde la esquina mal defendido en el primer palo y en el que Carlos Abad pudo hacer muchísimo más (por decirlo suavemente) abría el marcador para los locales. 1-0. Un error individual y ya por debajo en el luminoso. Quedaba una segunda mitad ya mucho menos golosa.  

El paso por los vestuarios trajo un Numancia que en los primeros minutos dio la impresión de querer finiquitar el duelo. La idea era marcar, cerrar el partido para añadir presión al Racing, que ganaba por la mínima. Todo, a ver si le temblaban las piernas. Pero quien flaqueó en los compases siguientes fue el propio equipo numantino. Se le estaba yendo la vida en la Primera Federación y poco a poco empezó a diluirse. Crecía el Dépor.

El equipo coruñés vivió entonces otra buena fase. Llegaba en superioridad, combinaba en banda, hasta le anularon un gol más que dudoso a Salva Ruiz, que había tenido otra muy clara en los minutos previos. El Dépor merecía ir ganando, ya no solo empatando. De momento, seguía de vacío y así se quedó. Su rival parecía dispuesto a que lo noqueasen. De hecho, virtualmente ya estaba en la lona.

Y llegaron los cambios y un revivir leve del Numancia. Fue lo justo para bajar la efervescencia del Dépor y frenar su ímpetu. En parte no era su guerra, pero si le invitaban, tampoco iba a desdeñar el obsequio. Carlos Abad acabó sacando una buena mano a un disparo de Menudo que se encontró en el medio de su cuerpo. Los últimos minutos el Dépor quiso la pelota, su rival resguardarse, y ambos no molestar. Adiós a una temporada que parecieron varios, por desgracia un calco de las últimas en la agotadora vida del deportivismo.