Athenea del Castillo (Solares, 2000) es un torbellino dentro y fuera del campo. A la misma velocidad que inventa regates y deja atrás rivales, ríe, transmite vitalidad, habla y lidia con sus sentimientos en una temporada dura que le ha enseñado mucho. Un hipotético descenso le puede separar del Deportivo y de A Coruña, donde se siente plena, y con solo mentar esa posibilidad en la entrevista se le quiebra la voz y aparecen las lágrimas.

¿Sigue creyendo el vestuario?

Claro que sí, todo el mundo cree, pero tenemos que ganar todos los partidos y esperar. El equipo quiere estar en Primera mucho tiempo y yo creo que nos lo merecemos.

¿Cómo encaja partidos como el del Valencia en el que generan muchas ocasiones, pueden golear y acaban empatando?

Me frustro un poco porque hice todo lo posible para que el equipo consiguiese los tres puntos y tuvimos muchas ocasiones. Tampoco podemos pensar en eso, debemos corregir los errores a balón parado e intentar ser más fiables en el área contraria para ganar partidos.

Pasaron de ganarlo todo el año pasado a casi no levantar cabeza en este. ¿Cómo se asimila?

A mí me ha costado un poco porque no estoy nada acostumbrada a esta situación, a que el equipo estuviese nueve jornadas seguidas sin ganar. Pero tengo gente veterana en el vestuario que me ha explicado de qué va esto, que me da consejos, como Alba, Ainoa o Villegas.

Es difícil sin el termómetro de Abegondo, pero ¿cómo ha sentido por la calle a la afición en los momentos difíciles?

Igual, de verdad. Es que si una persona es deportivista, lo es en los malos y en los buenos momentos. Siempre que me han visto o que me han reconocido, me han dicho que están con nosotras y que sacaremos adelante esta situación entre todos y eso es lo que tenemos que hacer: hay que remar juntos.

Es alegre fuera y transmite lo mismo dentro. ¿Juega tal y como es?

Yo creo que sí. Si tienes pensamientos positivos, ayuda. Nunca dejé de atreverme a hacer cosas en el campo. Tengo la suerte de que puedo ganarme la vida haciendo lo que me gusta. Voy a entrenarme y estoy en un rondo y tiro diez caños y voy cinco veces al medio y me río. Cuánta más alegría transmitas, más fácil va a ser afrontar esta situación. Soy así.

¿Son A Coruña y el Dépor como los imaginaba cuando dio el paso de venir hace casi dos años?

No dudé en ningún momento cuando el Dépor subió. Yo quería estar aquí. Fueron muchos años, cuando yo estaba en Segunda, que me quiso firmar y no di el paso, quizás por miedo. Era una niña, tenía 16 o 17 años, y para jugar en la misma categoría quería estar en mi casa. Cuando venía con el Racing, siempre llovía y decía ‘uuuff’, pero ahora me arrepiento mucho, me encanta. La ciudad es preciosa.

¿Es consciente de que si se produce el desenlace que nadie desea a final de temporada puede acabar marchándose?

Si el equipo está en Primera, tengo otro año más de contrato. Y si no es así, se acaba. No quiero pensar en eso porque yo aquí soy muy feliz, no me gustaría. Por lo menos ahora este es mi sitio, en el que debo estar, donde más voy a crecer y progresar, donde mejor jugadora voy a ser. Estoy aprendiendo muchas cosas fuera de mi casa. Tampoco quiero despedirme antes de tiempo.

Es un lugar donde crecer y también hay relaciones personales. ¿Está unida al club a todos los niveles?

El equipo es una piña. Tengo relación con todas y cada una de mis compañeras fuera de lo que es Abegondo. Todas tienen muchas esperanzas en mí, me ayudan en todo lo que pueden. Con Pablo (Pereiro) y con Manu (Sánchez) tengo muy buena relación. Siempre que me tienen que echar la bronca son los primeros que me dan una collejita. Pero cuando todo va bien, son los primeros que me apoyan y me ayudan. Es cierto que están muy encima de mí, porque yo soy una de las niñas pequeñas. A veces hay que darme también un tirón de orejas y decirme ‘esto es así y así’.

¿Es consciente de su potencial y de la carrera que tiene ante sí?

Me lo dicen, pero debo tener la cabeza donde la debo tener y por suerte, dentro de lo malo, estoy aprendiendo muchas cosas.

A pesar de todo, no ha desaparecido de la selección, ya sea con la absoluta o la sub 23. ¿Le anima?

Tuve la suerte de debutar y que me sigan llamando..., aunque me hubiera gustado que fuese en otras circunstancias. Cuando nos convocaron a mí y a Peke fue una alegría para todo el vestuario.

“Muchas de las jugadoras que hay en el vestuario sienten al Dépor muchísimo y podrían quedarse”

¿Han hecho terapia? ¿Han hablado en el vestuario de lo que realmente les ha pasado esta temporada para tal cambio?

La verdad es que no lo hemos hablado mucho, pero creo que es un año en el que ha habido muchos cambios, en el que gente importante se ha ido y ha llegado gente nueva. Lo que llegó y lo que había no se podía comparar y, entre todas, no encontramos la solución lo antes posible. Las que se fueron eran buenas para unas cosas, las que llegaron se pensó que podían ser buenas para esas cosas y, al final, hemos tenido que buscar una solución e intentar cambiar.

Sin hablar de casos concretos como el suyo, ¿cree que muchas futbolistas del equipo, aunque tengan nivel de Primera, estarían dispuestas a quedarse para devolver al equipo donde se merece?

Yo creo que sí. Muchas de las jugadores que hay en el vestuario, por no decir todas las que llevan muchos años, sienten esto muchísimo. Ya lo han dicho Peke o Iris. Pero también Pablo (Pereiro) o Manu (Sánchez) son conscientes del potencial de cada una y de todo lo que pueden dar y creo que en ese aspecto no van a ser egoístas.

¿Extrañaron el público?

Mucho porque en Abegondo siempre nos hemos hecho fuertes. Ahora han vuelto y hemos respondido. Es un plus para nosotras.