La nueva secretaría técnica del Deportivo está enfrascada en cerrar la plantilla con fichajes para el ataque y las bandas y en acelerar la encasquillada salida de los descartes, pero mira también a medio plazo y uno de sus objetivos es la renovación de una de las grandes irrupciones blanquiazules de los últimos años, Diego Villares, ojo derecho de Riazor en el pasado final de liga que llevó al Dépor a asegurar plaza en Primera Federación.

El vilalbés acaba contrato el próximo 30 de junio después de ampliar un año más tras subir en enero al primer equipo y, en los primeros contactos de hace unos días para prolongar su vinculación, el club coruñés le ha planteado un nuevo contrato por tres temporadas para que se convierta en uno de los fijos de la medular.

Diego Villares solo quiere escuchar al Deportivo, a pesar del reciente interés de algún equipo de Segunda División y otro centroeuropeo, y le da prioridad al planificar su carrera deportiva. Pero, de momento, las posturas están alejadas entre lo que proponen económicamente ambas partes. Sus emolumentos son acordes a los de un canterano recién ascendido al primer equipo y su rol de los últimos encuentros de la pasada temporada le situaron en otra esfera. Las conversaciones se encuentran en punto muerto y, salvo giro inesperado en las próximas semanas, en el club no esperan que se produzca un desenlace inminente tras los contactos iniciales. Diego Villares empezará la temporada sin haber renovado su vínculo con el Deportivo.

El mediocentro se hizo con un hueco en el equipo en los últimos meses de la mano de Rubén de la Barrera y a la par de Álex Bergantiños. Pronto Riazor reconoció su impacto y en los últimos partidos con público la grada le mostró su cariño, algo que empuja al pivote a seguir firme en su idea de quedarse en A Coruña. Para él, natural de Vilalba, toda la historia del equipo blanquiazul en A Terra Chá y sus pretemporadas en el complejo de A Magdalena también pesan.

De Borges a De Vicente

La anterior dirección de fútbol, comandada por Richard Barral, recurrió a Villares en un momento de extrema necesidad la pasada temporada tras un frenazo en la inversión del equipo el pasado mes de enero. El pivote llegó el último día de mercado a Riazor tras pasar el COVID y junto a Rayco, ahora en Unionistas.

A pesar de que Borges y Gandoy disponían de ficha del primer equipo y una carrera más dilatada en el caso del tico, el jugador de Samarugo logró imponerse y ganarles la carrera en las preferencias del técnico. Él y Álex fueron la sociedad de los últimos duelos, aunque en la apuesta del Dépor en este mercado de fichajes se le ha buscado competencia. De Vicente, con una mayor trayectoria en Segunda B y un ascenso con el Racing de Santander, será el futbolista que pelee directamente con él por un puesto si Borja apuesta por un 4-2-3-1. Si el técnico abulense recurre a un 4-3-3, habrá sitio para ambos en una zona del campo, de momento, superpoblada a la espera de las salidas de Uche Agbo y Celso Borges.

El último amistoso ante el Bergantiños sirvió para probar unos minutos a Villares como lateral derecho, una posición en la que ya le había colocado Valerón en el Fabril, aunque parece una apuesta puntual. Mientras encuentra sitio y se resuelve su futuro, Villares está listo para rendir en el Dépor, como ha hecho siempre en estos meses.