Fue donde siempre quiso estar, donde acarició ese sueño en un amistoso ante el Milan y donde quizás ya había perdido la esperanza de colocarse tras recorrer media España y pasar por mil penurias. Pero es también ese lugar que mañana será suyo, por fin, con el primer equipo del Deportivo. El coruñés y canterano blanquiazul Ian Mackay, a sus 35 años, debutará en partido oficial bajo los palos de Riazor, su hogar. “Siempre tuvo claro que el Deportivo es el equipo de su vida y, por fin, podrá estar en casa después de haber pasado por muchos sitios y tras haber sufrido por el camino”, confiesa Miguel Ángel Kuman Santiso, primo del meta del Deportivo, compañero de joven en el Ural e histórico del fútbol playa, ahora en el AD Miño.

Tras cerrársele las puertas del primer equipo en 2006, creció a marchas forzadas en Ceuta y en el Vecindario. Oviedo, Santiago, Ponferrada, Sabadell, Murcia, Boiro, Ferrol... Quince años, infinidad de destinos y no siempre con los focos alumbrándole como en los penaltis de sus dos ascensos (2010 y 2020) o en la última temporada de confirmación en la categoría de plata en la Nova Creu Alta. “Impagos, una lesión el tendón de Aquiles, aquellos viajes en el día por carretera desde A Coruña para tener minutos en el Universidad, hubo un momento que tuvo que dar un paso atrás y jugar en Tercera para relanzar su carrera. Lo que le está pasando ahora es un premio a la constancia y al trabajo. La gente no es muy consciente de todos los sacrificios y las penurias que ha pasado para llegar hasta aquí”, contextualiza Kuman, una de las personas más cercanas a Mackay, junto a Héber Pena, ahora en Racing, con el que, además de en Ferrol, coincidió en Murcia y Sabadell.

El sueño de jugar en el Dépor no nace en 2006 cuando se le niega el salto al primer equipo, es el deseo de toda una carrera. Antes del propio Dépor fue el Ural, el club en el que dio sus primeros pasos firmes antes de llegar a Abegondo como juvenil. Ahí y años más tarde en el Ciudad de Santiago quien le acompañó fue Damián Seijoso, portero del Silva en las últimas temporadas. “Me alegró mucho de que se puede quitar la espinita de jugar en el Dépor. Juntos las vivimos de todos los colores, buenas, malas, y sé todo lo que sufrió hasta llegar aquí. Ahora seguro que tuvo ofertas mejores, pero le tiró el corazón y ahí está. Es una alegría para todos”, admite quien reconoce, entre parada y parada o en esa furgoneta que les llevaba a Santiago, alguna conversación entre ambos sobre aquel amistoso ante el Milan de Kaká en 2006.

Mackay, arriba segundo por la derecha, en el Teresa Herrera de 2006

Los esfuerzos se produjeron por el camino, pero también en el momento de cristalizar el regreso al Dépor. La inimaginable caída del equipo coruñés a Segunda B, ahora Primera Federación, y la consagración del meta como uno de los mejores de Segunda con el Sabadell hicieron que Dépor y Mackay volviesen a desacompasar sus ritmos. El equipo que siempre había sido inalcanzable para él vio como, de repente, el que estaba fuera de su mercado era el portero. Ahí pudo la voluntad, el sueño, el deseo de regresar a casa. “Por suerte tenía muchas ofertas de Segunda”, avanza Kuman: “Proyectos interesantes, propuestas económicamente superiores... Pero peleó por estar en el Dépor. De hecho, cuando apareció ni quiso escuchar a nadie más ni saber nada de otros ofrecimientos”.

Su caminos coincidieron por fin, aunque quizás su vuelta pudo darse un poco antes. “En el momento en el que hizo aquella pretemporada (2006) el nivel del Dépor era otro, pero hace poco hubo un año en el que tuvo a cuatro porteros que no hacían uno. Tal vez, en ese momento, ya tenía hueco. Hay gente competente en la casa. Le pasó también a Dani Mallo, que pudo acabar sus últimos años en el Dépor y no fue posible”, recuerda Seijoso.

Ian Mackay, junto a Jose Sambade, en un entrenamiento en Abegondo en 2006

Ya entonces, y ahora también, Ian era “un portero sereno, que maduró pronto y con una capacidad de concentración que le hace ser decisivo en momentos clave, como ha demostrado en alguna tanda de penaltis”, tal y como recuerda Kuman Santiso.

El pasado y las oportunidades perdidas quedan atrás. El futuro inmediato depara a un Mackay con unas cualidades sobresalientes y que se colocará mañana bajo los palos de Riazor vestido de rosa en honor a su madre Luisa, a la que se la llevó el cáncer, la misma enfermedad que no pudo superar su padre John hace tres años. Serán los grandes ausentes de una noche para recordar en la familia, una velada que llevan una vida esperando. “Su padre era un escocés futbolero, hubiese disfrutado muchísimo un día así. Es a los que más echaremos de menos”, refuerza Santiso. El domingo cumplirá su sueño, el de toda su gente, estén donde estén.