William de Camargo (São José do Rio Preto, 1999) aterrizó este verano en el Deportivo después de un periplo por varios equipos que lo ha llevado de Leganés a Cartagena y Valencia pasando por Ucrania. Borja Jiménez lo conocía de su temporada juntos en el Efesé, culminada con el ascenso a Segunda División, y decidió reclutarlo para su proyecto blanquiazul. El joven extremo brasileño reflexiona sobre su papel en el equipo, el reciente bache de resultados y la evolución del juego en los últimos años.

Leganés, Ucrania, Cartagena, Valencia y A Coruña. Muchos destinos para alguien de 22 años...

Es verdad que para mi edad he pasado por muchos sitios, pero también he acumulado muchas vivencias. Eso me ha ayudado.

¿Ha sido un aprendizaje?

Sí. Tanto en los sitios en los que me sentí muy cómodo como en los fue más difícil, como en Ucrania. Al final es parte del fútbol, a todos nos gusta la estabilidad y estar en un sitio en el que te encuentres cómodo por bastante tiempo, pero eso es un privilegio, algo que no todos tenemos, solo una minoría.

Hay que ganárselo...

Eso es, pero también las situaciones que te llevan a estar de un lado a otro te pueden ayudar a estabilizarte.

¿Cómo acaba en el Deportivo?

Fue por el míster [Borja Jiménez]. Él me conocía y habló conmigo. Eso hizo que me sintiera interesado, y también era el Dépor. Es difícil rechazar una oferta así.

Su cuarto equipo en tres años, ¿cómo se lo tomó?

Quizá haya sido mi mejor adaptación desde que me empecé a mover así por diferentes sitios. Me integré rápido, porque yo al principio soy así un poco difícil de entrar en las conversaciones. Me cuesta. Aquí ha sido el sitio en el que más rápido me sentí cómodo.

En el campo no parece tímido...

Quizá por mi personalidad busco al principio no hablar tanto e ir conociendo a la gente. En el campo todos necesitamos confianza para mostrar lo que sabemos. Yo no soy distinto, pero manejo mejor mi personalidad dentro del campo que fuera. Me cuesta más integrarme fuera del campo que dentro.

Ha entrado y salido del equipo en estas primeras jornadas, ¿lo entiende?

Me gusta tener continuidad, como a todo el mundo, pero hablamos de una plantilla con mucha competencia. A cada uno le toca esperar su momento. Intento tener la cabeza fría para ver las cosas de la mejor manera y entender lo que quiere el míster en cada situación.

¿Se siente cómodo en este Deportivo de Borja?

Sí. Me siento muy bien jugando con libertad por las bandas. Él explota mis características y me pide que cree jugadas. A veces la gente piensa que el extremo tiene que marcar diferencias con números y acciones, pero yo siempre fui creador de jugadas, no finalizador. Eso es lo que me pide Borja: crear, sacar algo siempre que me llega el balón...

Le da libertad...

No solo a mí, se la da a todos los jugadores en cada puesto porque es un entrenador que la fomenta.

Existen cada vez más voces que defienden que esa libertad está desapareciendo, que cada vez se limita más la libertad de los jugadores en favor de los planteamientos y la táctica...

Hoy en día muchos entrenadores tienen esa visión. No lo veo bien porque el jugador tiene que sentirse libre para intentar algo distinto. Si todo el mundo hace lo mismo, se vuelve previsible y aburre. Hay que intentar hacer cosas distintas, eso debe partir también del entrenador.

¿Se ha perdido parte de la inspiración?

En el fútbol, a medida que han ido pasando los años, ha ido disminuyendo el tiempo de raciocinio. Cada vez hay que pensar más rápido y entonces eso te lleva a hacer siempre lo mismo, hacer las cosas automatizadas. Si el camino lleva a eso, el fútbol perderá libertad.

¿Cómo se contrarresta eso?

Creo que es algo general. El fútbol ahora es casi todo igual. Si coges partidos de Primera y Segunda División, la diferencia no es tan grande como antes. Antiguamente costaba llegar a Primera División, pero ahora con intensidad y ritmo te puede servir. Hay menos calidad.

¿Qué más echa de menos?

A los jugadores brillantes, a los cracks, al ‘10’ de antes, a los que deciden los partidos. Cada equipo tenía su crack, cogías los equipos grandes y cada uno tenía el suyo. Eso se va perdiendo. Creo que también por la intensidad, antes tenías más espacio para jugar, te dejaban pensar más... Y la manera en la que se trabajaba la cantera también era distinta. Hoy vas a la cantera y difícilmente ves a los niños trabajando fundamentos: el control, el pase...

El jugador de la calle...

Exacto. Mi madre tenía que salir a buscarme porque me pasaba desde las tres de la tarde hasta las doce de la noche jugando al fútbol. Ahora también se ha perdido eso. Yo voy de vacaciones a mi barrio y no veo tantos niños por la calle. Eso también perjudica.

Habla del típico ‘10’ de antes, ahora en extinción, ¿le hubiera gustado jugar ahí?

Lo hice, pero creo que no tengo las características para poder serlo. A mí me gusta desbordar y jugar de cara. Recibir el balón de espaldas no me gusta, te dan muchas hostias (ríe).

¿Qué marca ahora las diferencias?

Cada vez hay menos diferencia entre categorías. Marca mucho el nivel técnico y físico, pero la diferencia no es tan larga como parece. Antes quien tenía calidad estaba por encima de todos y ahora no es así. Si no trabajas igual que el, digamos, tiene menos calidad no te va a valer. Hoy ya no se depende solo de la técnica.

¿Están pagando ahora esa igualdad en el bache que atraviesa el equipo?

Parece que no, pero cuesta mucho sacar puntos, y más fuera de casa. Pero en este último partido creo que no fue el caso. Es importante que estamos creando ocasiones y llegando con claridad, pero eso solo no te hace ganar los partidos.

Borja dijo que no se explicaba el resultado, ¿le han encontrado ya alguna?

Yo tampoco me lo explico. Es el típico partido que va todo bien y ellos tienen bastante fortuna. Su portero también estuvo muy bien y fallamos muchas ocasiones.

¿Preocupa esta racha?

Yo personalmente lo estaría si el equipo no estuviera bien, pero cualquiera que vea los partidos nota que estamos haciendo las cosas lo mejor posible. Los partidos se no están escapando por detalles.

Cuando aparecen dinámicas así en las que un equipo deja buenas sensaciones pero los resultados no son buenos pueden aparecer dudas y desconfianza...

Tenemos que manejar eso, las dudas que surgen por los resultados. Hablando con los compañeros y viendo el día a día en el vestuario, nadie las tiene.