Mucho más balón que ocasiones tuvo el Deportivo en El Sardinero, de donde no se había escapado ningún punto hasta ayer. Los dos se respetaron, tratando sobre todo de no equivocarse, cada uno con sus armas. El Racing apeló al orden y a la fortaleza defensiva a la espera de aprovechar alguna contra para explotar la velocidad de sus atacantes. Pocas veces pudieron correr con espacios Soko y compañía, prácticamente ninguna. Mérito del Dépor, que llevó más el control del partido, jugando la mayoría del tiempo en campo contrario, pero sin la profundidad ni el desequilibrio necesarios para generar llegadas verdaderamente claras. La única la falló William a la media hora de juego. Rafa de Vicente lo dejó solo ante Parera, pero al brasileño se le hizo de noche y culminó el mano a mano con un remate telegrafiado al cuerpo del portero. De las que no se pueden perdonar, aunque sea en Primera RFEF.

Esa acción pudo cambiar el guion del encuentro a favor de los intereses del Deportivo, aunque mucho antes, cuando aún no se había cumplido el minuto cinco, el Racing también estuvo muy cerca de marcar. De milagro Bobadilla no acertó a rematar un envío desde el córner que se paseó por la línea de gol y acabó rechazando Miku con apuros. Susto grande para los blanquiazules, cómodos con la pelota pero sin ser capaces de plasmar en ocasiones su dominio en la zona ancha, ni tan siquiera de progresar a partir de tres cuartos de campo. El atasco creativo fue grande pese a los intentos de Quiles de generar superioridades centrando su posición para asociarse con los medios.

De Vicente, bastante entonado en su regreso a Santander, ayudó a Villares a iniciar las transiciones ofensivas en el primer encuentro de la temporada sin Álex en el once. Borja Jiménez creyó que el equipo estaba suficientemente maduro como para sentar al capitán y apostar por juntar de inicio a centrocampistas más creativos en busca de dar un paso al frente en la fase ofensiva. Sin embargo, el Dépor se estrelló una y otra vez contra la sólida muralla racinguista, incapaz de generar superioridades ni por dentro ni por fuera. William fue uno de los pocos que intentó desbordar, sin suerte ni precisión. Se ofrece, es valiente y tiene descaro, aunque no siempre elige bien.

El equipo echó de menos su desequilibrio, como también el de Juergen, bastante más apagado que en la anterior jornada frente al Sanse. El colombiano es mucho más que un especialista para las acciones a balón parado. Puede y debe dar bastante más de lo que está ofreciendo. Cualidades, tiene.

El partido se jugaba casi todo el tiempo lejos de las dos porterías, con muchas interrupciones y pocas ocasiones. Era un encuentro trabado, bastante más emocionante y vistoso en las gradas, cada afición animando a los suyos, que sobre el terreno de juego. Al margen de la ocasión de William, la única acción finalizada por el Dépor hasta el descanso fue un disparo lejano de Rafa De Vicente, a las nubes. Escaso bagaje también el del Racing. Solo ese centro que no acertó a rematar Bobadilla, más una falta directa lanzada por Bustos fácil para Mackay.

Tras el descanso el aroma a 0-0 fue creciendo con el paso de los minutos. El Dépor venía de marcar en las ocho jornadas anteriores, siempre fiel a su cita con el gol, pero esta vez su caudal ofensivo fue más bien escaso. En su anterior salida, la de la inexplicable derrota en Irún, fue un vendaval atacante generando un sinfín de ocasiones, mereciendo claramente los tres puntos pese a la derrota final. Ayer, en cambio, fue otra historia. Llegó muchísimo menos arriba. Claro que el Racing no es el Real Unión. Es un rival directo. Por algo hasta ayer había ganado sus cuatro encuentros como local. Concede poco y arriba tiene pólvora.

El Dépor también derrochó eficacia en las primeras jornadas. Rentabilizó al máximo sus ocasiones para empezar el campeonato con cuatro victorias seguidas. Pero ayer perdonó la única clara que tuvo y se acabó teniendo que conformar con un empate valioso teniendo en cuenta el escenario y el rival, también aspirante a todo.

En la segunda parte solo Miku, con un remate flojo a la media vuelta, y Juergen, de falta directa desviada, rondaron la portería cántabra. Insuficiente para llevarse los tres puntos. El Racing siguió igual de ordenado atrás y poco a poco se fue animando a combinar con la pelota. No le gustó a Jiménez, que echó mano de Álex para fortalecer el centro del campo. Con el paso de los minutos el empate empezó a convertirse en un resultado interesante para los dos equipos. El Racing siguió sin arriesgar y el Dépor tampoco hizo ninguna locura en ataque. Se limitó a seguir manejando la pelota más tiempo que su rival, pero sin apenas aproximarse al área.

De hecho, las mejores llegadas en la recta final fueron del Racing. Primero, un remate de Fausto Tienza que atajó Mackay, bien colocado. Y poco después, ya en el descuento, un lanzamiento lejano de Camus que volvió a neutralizar el portero coruñés. El empate les sirve a los dos para mantenerse en la zona noble con 17 puntos, a dos del liderato, que ahora comparten Unionistas y Rayo Majadahonda.

El Deportivo no ha sido capaz de ganar en ninguna de sus últimas tres salidas, pero es el primer visitante que puntúa en El Sardinero. Mantiene esa media inglesa que, a la larga, suele garantizar el éxito. Ganar en casa y empatar fuera. Hará bueno el 0-0 de ayer si el próximo sábado tumba al Zamora en Riazor. Otro escenario y otro rival ante el que el equipo coruñés intentará regresar a la senda del triunfo.