Mentes bulliciosas, personas inquietas y una ciudad abierta a la vida social. A Coruña, a principios del siglo XX, les ofrecía un contexto propicio y “aquel grupo diez o quince jóvenes de entre 20 y 30 años” estaba dispuesto a experimentar con cualquier actividad, en cualquier deporte, a beberse la vida a tragos y a dejar huella. La más indeleble es el Club Deportivo de la Sala Calvet, hoy Deportivo, esa entidad que alumbraron un 8 de diciembre de 1906 y que hoy cumple 115 años.

“Tenían una vida social arrolladora. Estaban con las traineras, con el fútbol, también pusieron a andar Cántigas da Terra y la peña taurina. Eran el alma máter de la ciudad. No se me ocurre nada más divertido que todo lo que hacían”, rememora Salvador Fojón, nieto del primer portero que tuvo el club, que estuvo bajo palos en aquel partido ante el Coruña (2-1) jugado en el Corralón de la Gaiteira, a orillas del río Monelos, (hoy estaría entre el parque Europa y Ramón y Cajal) y que también hacía las veces de “secretario y tesorero”, cuenta. “Era un gran gestor. Todos los jugadores tenían un puesto en el campo y otro en la directiva. El club nació con una ambición tremenda”, relata de una entidad que dio sus primeros pasos sobre el césped y a caballo del gimnasio de la Sala Calvet (hoy, calle Galera, 47-49) y el ultramarinos de la familia Fojón Peña (San Andrés, 53). Allí, entre el mostrador y las torretas de aceite, se arremolinaban esos jóvenes que pedían a Fojón que redactase instancias, los estatutos o cartas a la Casa Real. “Las actas fundacionales y los papeles de aquella época tienen la letra de mi abuelo”, corrobora Salvador Fojón, que conserva, por empeño de su padre, un manuscrito escrito por aquel portero-gestor en el que se relatan las andanzas de aquellos amigos y la génesis del propio club. “Hasta cuenta alguna bronquilla”, apunta entre risas.

Equipación de Salvador Fojón, que llevó hace 115 años como portero del Dépor y que porta en la foto de 1908, que hoy en día conservan sus descendientes con jersey, gorra, botas y espinilleras | FUNDACIÓN GAIÁS-VALOR E MESTRÍA

Aquel Dépor, que había nacido coruñés, a la sombra del acomodado Coruña y siguiendo las migas que habían dejado los pioneros, se acabó haciendo gigante, el único con títulos nacionales en Galicia y el más antiguo. Hasta llegar a ese 1906 el foot-ball se había ido colando en la vida de la ciudad desde que aparecen las primeras referencias en prensa en 1892. Figuras clave de la época son José María Abalo, estudiante arousano en Suiza, que tras establecerse en la ciudad trajo todos los elementos para su práctica. También el colegiado Monteagudo o Juan Guillermo Long, con orígenes en Liverpool, que abastecía a los barcos británicos desde su granja de A Gaiteira y también primer capitán de la historia del Dépor, presente el día fundacional. Hacían las veces de traductores e intérpretes para establecer contactos con las embarcaciones que llegaban a puerto y servían de sparring, una de ellas la del Diligent. Así fue cuajando el Coruña, nacido en 1902 y arraigado en el Sporting Club Casino. Pronto tendría competencia.

De un costado y de manera paralela emergió el Dépor. Primero se lanzó a la bahía con las traineras y después, “por un reto” hizo suyo el césped y el fútbol acabó convirtiéndose en el núcleo, aunque naciese como una entidad con vocación polideportiva. Tanto con la creación de las secciones como por sus protagonistas. De hecho, Long era un consumado ciclista. Había atletas, practicantes de artes marciales.

De aquel lejano 8 de diciembre de 1906 ha llegado el legado del mejor club de Galicia y también ha sobrevivido, además de ese manuscrito, la equipación de Fojón, el primer portero. Todo por empeño de su hijo, fallecido hace tres o cuatro años. “Perdió pronto a mi abuelo y era una manera de acercarse a él. Era exquisito en la conservación, meticuloso, algo casi reverencial”, concluye responsabilizándolo de que esa joya sobreviviese desde entonces.