LA PELOTA NO SE MANCHA

El Dépor que se dejó caer y la caldera de Riazor

Juan Carlos Menudo se queda de una decisión del colegiado en Logroño.

Juan Carlos Menudo se queda de una decisión del colegiado en Logroño. / LOF

Carlos Miranda

Carlos Miranda

Anda el deportivismo estos días relamiéndose las heridas, preparando sus mejores galas para una noche de caldera en Riazor y buscando seguridades. Demasiada tarea para una semana tan trascendental y en una temporada de tranquilidad. Otra vez lo mismo. De una sensación casi olvidada, la de la relativa paz, la de ganar casi por costumbre, a recuperar recientes e incómodas rutinas. Dudas, inquietud por no estar a la altura en el día D. Todo se junta, todo le hace no encontrar acougo al deportivista. En casa, con los amigos, en las horas previas... La cabeza vuela. Más por el miedo a un pasado que le baqueteó a conciencia que como consecuencia de lo que tiene ante sus ojos. El Dépor y sus circunstancias.

El Dépor, imperial en la primera media hora de Logroño, fue voraz, tuvo fe ciega en lo que hacía. Es la guía para el futuro

Cualquiera de Primera RFEF pagaría por el arsenal que dispone el equipo coruñés y por acercarse a esa suficiencia que desprende, por momentos, sobre el césped. En ese sentido, sigue siendo inigualable en la categoría. También por oír en cada campo el aliento de su gente, casi siempre en superioridad numérica o con mayor fuerza vocal ante las aficiones locales. La misma emoción, la misma sorpresa de cada quince días al mirar a la grada.

Estuvo imperial el Deportivo de Borja Jiménez en la primera media hora de Logroño. De los mejores arranques en toda la temporada. Y no era sencillo después de salir trasteado del duelo ante el Real Unión. Esa capacidad para lanzarse voraz a por el partido, para hundirse en sus señas de identidad, para subir la línea defensiva casi hasta la garganta del rival... Fue como dejarse caer de espaldas sin saber si habría alguien para sostenerle. Un ahogo, un acoso y derribo en uno de los momentos llave del año que solo pueden venir de un equipo granítico mentalmente, profundamente convencido de lo que hace. La mejor de las respuestas en un contexto complicado.

No solo le faltó puntería, con el paso de los minutos también decidir mejor y tener más jugadores al remate

Pero no llegó. No acertó con la portería rival, acabaron por encontrarle fisuras y, finalmente, se llevó otro sopapo. Injusto, real. Más magulladuras, más dudas. Tocará afrontarlas y descubrir, de nuevo, de qué pasta está hecho este equipo, este proyecto. Si juega como en Las Gaunas y recupera ese acierto en las áreas que le ha acompañado gran parte de la temporada, pocos partidos perderá hasta verano.

Un Dépor humano

Eso sí, la máquina que lleva meses engrasando Borja también es humana. Se apreció en el gol de la SD Logroñés y se percibió en detalles que el equipo coruñés debe pulir y no dejar arrinconados. Cuanto más apure la excelencia, menos se convertirán en problemas enquistados y en fendas por las que resquebrajarlo. Hay muchos que llevan tiempo esperándole a la vuelta de la esquina.

El Dépor no supo sostener su ofensiva, su modelo de juego en la segunda parte y más tras el gol. Ahí ya le costó más levantarse, aunque Miku acabase teniendo varias ocasiones. A la falta de eficacia ante el meta Vidal se sumaron entonces malas decisiones cerca del área. Demasiado volumen de ataque para pocas ocasiones tangibles. Tampoco se vio que tuviese mucha llegada de rematadores de segunda línea, algo que le podía haber ayudado a ponerse por delante, ya en la primera parte. En ese sentido, el regreso de la pareja Miku-Quiles gana enteros ante el Racing. Las transiciones también las debe cuidar, aunque con una apuesta defensiva tan arriesgada es normal que sufra en el repliegue, corriendo hacia atrás. Borja, también por libreto futbolístico, ha optado por convertir en cualidad una hipotética debilidad. Y en ese equilibrio lleva manejándose todo el año.

Riazor debe empujar y latir con su equipo ante el Racing, pero no añadir un voltaje innecesario. El fútbol es el que va a hablar

Solo necesita el Dépor darle unas pinceladas a su cuadro y no perder la mentalidad del arranque de Logroño, seguir siendo una roca, impermeable a la adversidad. El resto llegará solo, como consecuencia, como el resto de la temporada.

Dirimirlo en el campo

El Dépor y el Racing se encontrarán por fin en Riazor. Con algunas semanas de retraso y un poco de deshonra visitante por el camino llegará el denominado choque del año, aunque quedarán a su conclusión meses de liga por delante. El equipo coruñés se presenta con más dudas y el cántabro es una incógnita. La grada se convertirá más que nunca en actor en esta trama en la que hay más que fútbol.

El partido de la Youth League prendió una mecha que ya venía generosamente rociada de combustible por las triquiñuelas del Racing en el aplazamiento del duelo por un “posible brote” de COVID, que se quedó en solo dos jugadores con positivo. Escudó entonces el conjunto santanderino su decisión en resguardar la salud de su tropa. Más de uno percibió que buscaba réditos deportivos al acumular bajas y toparse con un Dépor en pico de forma. Parte de lo que quería lo ha logrado. Es una partida nueva. Entonces era un duelo en el equipo coruñés podía sentenciar y ahora está en juego el liderato. En A Coruña hay ganas, todas las del mundo. Pero, al final, habrá que decidirlo todo con argumentos futbolísticos más que pasionales y ahí el Dépor necesita paciencia, ser él mismo. Así es como mejor le irá. Empujar, alentar, latir con el equipo, no añadir un voltaje innecesario que acabe siendo perjudicial para los intereses coruñeses en una de las noches de la temporada. Que Riazor reparta suerte.