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La Opinión de A Coruña

BADAJOZ - DEPORTIVO (3-0)

El Dépor se desangra

Encaja en Badajoz la derrota más abultada y sonrojante de la temporada víctima de sus propios errores y de su incapacidad en ataque - De dominar la categoría ha pasado a ser un equipo vulgar, del montón

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El Deportivo cae 3-0 ante el Badajoz LOF

Nadie le había metido tres goles al Deportivo en las 26 jornadas anteriores. Ayer lo hizo el Badajoz. Tres, y pudieron ser más. Justo castigo para el desastroso partido del cuadro coruñés, que ha pasado de dominar la categoría a ser un equipo vulgar, del montón, candidato a nada a este paso. Difícilmente se pueden hacer las cosas peor. Nefasto tanto en ataque como en defensa. Nada a lo que agarrarse. Nada que rescatar. Y todas las alarmas encendidas en el peor momento, justo cuando empieza la fase decisiva.

Al Dépor le volvió a faltar fútbol y personalidad para espantar las dudas y la ansiedad con una victoria que era imprescindible para seguir enganchado a la pelea por el ascenso directo. Era lo que más necesitaba, un resultado para recuperar sensaciones y esperanzas. Le urgía clasificatoriamente, pero sobre todo para recargar los niveles de autoestima, bajo mínimos en esta segunda vuelta tan decepcionante. En busca del cambio Borja Jiménez repescó a Noel y a Soriano para dinamizar el ataque, y también a Aguirre para refrescar el carril izquierdo. Muchos buenos propósitos anunciados durante la semana, pero que se quedaron simplemente en eso, en intenciones. En la práctica, nada de nada. Solo decepción.

Ya desde el arranque el encuentro tuvo muy mala pinta, con el Badajoz dominador ante un Dépor a verlas venir. Ni siquiera reaccionó tras el tempranero 1-0. Fallo defensivo grave, otro más a la hora de contener un centro lateral. Dani Fernández colgó un buen balón al área y Gorka Santamaría aprovechó el despiste de Jaime para inaugurar el marcador con un soberbio cabezazo. Minuto seis y el Deportivo ya tenía que remar a contracorriente. Quedaba todo un mundo por delante, casi el partido entero para dar un paso al frente y demostrar por qué el equipo coruñés era hasta hace pocas semanas el gran favorito al ascenso. Pero nadie encendió una luz. Ni rastro de reacción.

Mucho pase horizontal, pero sin apenas capacidad para progresar con la pelota y generar ocasiones. Un disparo de Trilli desviado por Miku y otro del venezolano al palo fueron las únicas oportunidades visitantes. Escasas e insuficientes como para remontar un partido en el Nuevo Vivero o en cualquier campo de Primera RFEF. Definitivamente, al Dépor le han perdido el respeto. Y no solo el Badajoz. Ya no impone el equipo coruñés, ayer de nuevo empequeñecido por un rival que no tuvo que hacer demasiadas cosas bien para completar el partido que más le interesaba con el marcador a favor, el de juntarse y no perder nunca el sitio, sin renunciar a atacar en busca de más goles. Lo acarició Dani Aquino en el 27. También Zelu lo intentó desde lejos con un lanzamiento que atajó Mackay sin apuros.

El Badajoz acababa la primera parte demasiado cómodo, comodísimo ante un Dépor impotente, cabizbajo, sin desborde. Y William y Quiles, en el banquillo. Tal y como estaba el partido, lo mejor que le podía pasar a Jiménez y los suyos era que se llegara al descanso con esa mínima desventaja en el marcador para rearmarse y buscar un nuevo plan. Esta vez el técnico no empezó para hacer los cambios. Tres novedades a la vuelta de la caseta: Granero, William y Quiles, por Jaime, Calavera y Miku.

Después de una primera parte tan floja, en teoría el Dépor solo podía mejorar. Solo en teoría, porque nada más comenzar el segundo acto encajó el 2-0. Tras dos avisos de Aquino fue de nuevo Gorka Santamaría el que completó su doblete aprovechando otro despiste defensivo para batir a Mackay con un disparo ajustado desde la frontal del área. Ver para creer. Y menos mal que Jesús Clemente no llegó a rematar un centro desde la izquierda que olía al tercero. Poco después el siete del Badajoz sí finalizó una contra con un disparo que Mackay desvió para aplazar la sentencia.

Todo el control seguía siendo de los extremeños, que se empezaron a gustar asociándose en diferentes sectores del campo para armar posesiones largas con las que descansar y defender con la pelota. Los deportivistas, superados y ansiosos, corrían detrás del balón en permanente desconcierto, dando verdadera sensación de equipo pequeño, y cuando lo robaban no eran capaces de romper líneas. Ni asociándose, ni optando por el atajo del fútbol directo, ni tampoco a balón parado. Pura impotencia.

Al Dépor se le esfumaba la segunda parte sin tan siquiera asomarse al área rival. Solo Villares, con un disparo lejano que no encontró portería, fue capaz de finalizar una jugada antes de encajar el tercero. Lo anotó en propia meta Lapeña, otra víctima más de la ansiedad colectiva que amenaza con llevarse por delante todo lo bueno que el Deportivo construyó en su sobresaliente primera vuelta. Era grande, y ahora es pequeño, minúsculo. Justo cuando más necesitaba ganar, hizo su peor partido de la temporada. Sigue desangrándose y a este paso peligra otro tren, el del play off. El del ascenso directo está ya en otra estación, lejanísima, más incluso por las sensaciones de equipo roto y deprimido que por la clasificación en sí.

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