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La Opinión de A Coruña

Fútbol - Deportivo

El “jabalí” Sam Piette llega al Mundial

El exfabrilista lleva a Canadá a la cita de Qatar tras 36 años de ausencia | “El primer día que lo vi entrenándose, ya me pregunté qué hacia aquí”, apunta Marcos Remeseiro

Sam Piette posa con la bandera de Canadá. | // LOC

“Le puse yo el mote del jabalí”, cuenta riendo y orgulloso el exdeportivista Marcos Remeseiro, ahora en el Bergantiños. “Él no sabía lo que era, pero en cuanto lo supo, a Sam (Piette) le hizo mucha gracia. Es un superhumilde, siempre lo fue. Es de las mejores personas que me he encontrado en el mundo del fútbol. Ahora cada vez que hablo con él se lo llamo, no falla”, relata de aquel joven venido de Alemania, que aprendió castellano “en tres meses”, que vino a buscarse la vida en el Fabril y que hoy, seis años después de su marcha, ha hecho carrera en la MLS, es un referente en su equipo, el Impact, y en la ciudad de Montreal, y se ha convertido en uno de los capitanes y fijos de la selección de Canadá que se acaba de clasificar para el Mundial de Qatar 2022. Es la segunda vez que lo consigue el combinado de la hoja de arce en toda su historia, la primera en 36 años tras su paso casi olvidado por México 86. “Él allí es el jefazo”, apunta de un futbolista que es habitual ver en entrevistas en televisión en prime time, haciendo anuncios de diversas marcas comerciales de la que es imagen o ejerciendo de embajador de causas benéficas. Un futbolista y mucho más en Montreal y en Canadá.

“Cuando llegó a entrenarse con nosotros, yo ya me pregunté: ‘¿qué hace este tío aquí?’ Se veía, era de otra categoría, iba a llegar arriba, no pintaba nada aquí (en el Fabril) si no venía para el primer equipo”, comenta Remeseiro sobre la impresión que le causó un Sam Piette (Repentigny, Quebec, 1994) que estaba llamado a altas cotas y al que le penalizó la falta de apuesta por la base y que el Dépor en aquel tiempo se afianzase unos años en Primera.

Sam Piette posa con la bandera de Canadá. | // LOC Carlos MIranda

De la sorpresa en el primer entrenamiento al shock en el primer partido de un estreno tardío. “Estuvo un tiempo entrenándose con nosotros sin jugar porque no conseguía los papeles. Cuando los tuvo, debutó en Bertamiráns y jugó conmigo porque Queijeiro era baja por lesión”, relata Remeseiro, al que nunca se le olvidará la charla previa que tuvieron y lo que vio en el partido. “Me dijo ‘Reme, tú tranquilo, no hace falta que corras mucho, yo robo y te la doy, esto es lo mío’. Era una barbaridad, tenía muy en mente que era un 6 y lo que tenía que hacer. Robaba balones como un animal, llegaba siempre, al corte y luego jugaba fácil. Cuando haces eso y lo haces bien...”, dice seguro.

Ese feeling en el terreno de juego se trasladó al tiempo libre. Era habitual que hiciese de su “taxista” y que fuesen, al menos, un par de veces por semana a cenar fuera. Ahí también captó su atención. “Le gustaba mucho ir a comer hamburguesas al Peggy Sue. ¡Qué manera de comer! Nunca había visto nada igual”, avanza antes de constatar que todo lo que entraba se acababa convirtiendo en músculo. “Yo me decía ‘tiene que estar fondón’ y no, todo lo contrario. Era un bicho, no engordaba. Tenía un pecho enorme... Chocabas con su estómago y te reventaba. Era una barbaridad. Yo ya le decía que en el entrenamiento me iba a apartar porque, aunque no quisiera, me iba a hacer daño”, cuenta.

“Chocabas contra él y te reventaba, era un bicho. Llegaba siempre al corte”

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Grande para Fabril e Izarra

Entre 2014 y 2016 Sam Piette ya se solía perder partidos con el Fabril porque era internacional con Canadá. Ahora ya cuenta con 50 internacionalidades, pero entonces en el Dépor no pudo jugar más allá de Tercera. Tuvo una experiencia fallida de unos meses como cedido en el Racing de Ferrol, donde coincidió con Mackay, pero acabó marchándose al Izarra ya sin contrato en Riazor. En A Coruña le dirigió Manuel Mosquera y en tierras navarras, en Segunda B, Borja Jiménez, justo los jefes técnicos del Talavera-Dépor. Incluso en la categoría superior, en la 2016-17, también estaba fuera de sitio. Solo él había retrasado su salto a la Major League Soccer que llegó tras su eclosión en la Golden Cup de 2017. “El Izarra también se le quedaba pequeño. Él mismo lo sabía, él estaba en estas categorías y en Europa para hacerse un nombre. Ya tenía ofertas entonces de la MLS, pero quería irse cuando ya estuviese bien valorado, con otro caché”, razona un Remeseiro que recibió hace unos meses un regalo: la camiseta de Sam Piette de la selección de Canadá.

Su llegada a Montreal le dio nombre, proyección en un equipo que ha jugado play off en EEUU y que casi siempre es campeón de Canadá. Ha ido creciendo a la par de una selección que no se parece en nada a la de hace años con futbolistas como Alphonso Davies. Piette no pudo jugar en el histórico 4-0 ante Jamaica por una lesión, sí estuvo en la celebración con sus compañeros. Ahora luchará por cumplir su sueño, el de una generación y el de todo un país: estar en Qatar 2022.

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