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El ‘partido del siglo’ para el Deportivo

Si busca negro o blanco en esta columna, no lo encontrará: no sé si es mejor despedir a Borja Jiménez o mantenerle en el cargo. Aunque diría que, a estas alturas, creo decantarme por lo segundo

Borja Jiménez se dirige a sus futbolistas en el círculo central del estadio de Riazor. Víctor Echave

El documental Nadal-Federer y el partido del siglo repasa, con el tono épico habitual ante las hazañas deportivas, a veces excesivo, el considerado mejor enfrentamiento de la historia en el tenis, la final de Wimbledon de 2008. El mallorquín se había impuesto en los dos primeros sets, pero el suizo se recompuso y le derrotó en los dos siguientes. Con empate a dos sets y con igualdad a dos juegos en el quinto, la lluvia obligó a suspender la final.

Toni Nadal, entonces entrenador de su sobrino, explica en el documental que decidió acudir al vestuario para animarle: “Yo pensaba que el partido estaba perdido, que Federer ya tenía más opciones de victoria. Pensaba que me encontraría a Rafael bastante desanimado. Pensé: ‘¿Qué le digo para motivarle y levantarle el ánimo?”.

En la siguiente secuencia, Nadal ofrece un resumen de cómo entiendo que debe considerarse el deporte: “Estaba preparado para asumir el reto y para la adversidad en todo momento. Y eso fue lo que le dije a Toni: ‘Yo no voy a fallar.’ Federer podía ganarme la final, pero yo no iba a perder la final. Si el otro me gana, me gana, pero yo no voy a perder”. Y Nadal ganó la final.

Ese diálogo lo he descubierto esta semana y lo he vinculado de inmediato con la reacción de los deportivistas ante el mazazo de la derrota frente al Albacete. No comparo, ni mucho menos, el mejor partido de tenis de la historia con nuestro play off de ascenso a Segunda división, ni siquiera que el Dépor, trazando un paralelismo con Nadal, haya tenido enfrente a un Federer. Solo concluyo que ambas finales son deporte.

Tras el mazazo-tarde negra-fracaso-hecatombe de no lograr el ascenso —guste usted llamarle como quiera—, el foco se ha centrado en Borja Jiménez como máximo responsable de un proyecto con un objetivo claro no alcanzado: el ascenso. Parece que la mayoría de las opiniones reclaman la destitución del entrenador blanquiazul por ser el culpable de habernos dejado en Primera RFEF. Menos son los que defienden su continuidad para apuntalar un proyecto que parecía haber olvidado etapas de feroz inestabilidad en el club coruñés. Si busca negro o blanco en esta columna, no lo encontrará: no sé si es mejor despedir a Borja Jiménez o mantenerle en el cargo. Aunque diría que, a estas alturas, creo decantarme por lo segundo.

La decisión corresponde al consejo de administración del Deportivo, asesorado por la secretaría técnica, y no dudo de que, concluya lo que concluya, lo hará con más y mejor información que nadie, y en beneficio del club y de sus aficionados, más fieles cuanto peor nos vienen dadas. Solo espero que su resolución no se base solo en los últimos siete minutos de la temporada.

Ahí entra en escena el partido del siglo. En deporte, cuanto mejor te desempeñes, más cerca tienes la victoria. Pero no basta. Entran en juego otros condicionantes, fundamentalmente el rival. Te pueden ganar, pero eso no implica que tú pierdas.

Más allá de su juego y de sus victorias en el último minuto, el Deportivo se lució en la primera vuelta, se desplomó en el arranque de la segunda y reaccionó, aunque tarde, al final de temporada. Pero, aunque repitiera en la segunda vuelta los números de récord de la primera, no le habría bastado para evitar el ascenso directo del Rácing de Santander. El rival fue mejor. El mejor de la historia en la categoría, si me apuran, para lástima de los blanquiazules. Es deporte.

Luego, en una final, todo se enrevesa. Te puedes agarrotar pese a tener el aliento de 25.000 de los tuyos; puedes errar en una decisión o un cambio; puedes sufrir gastroenteritis en el peor momento; puede que la enfermedad extenúe a tus puntales hasta obligarles a pedir el cambio...

Una fría lectura empresarial decretaría el inmediato finiquito de Borja Jiménez: el objetivo no se ha logrado. Pero el fútbol, el deporte, no funcionan con la lógica que rige, por ejemplo, la gestión de un banco. Demasiados imponderables por el camino y esa posibilidad de no perder aunque no se gane.

La plantilla del Dépor, confeccionada al gusto del entrenador, era top en su categoría. Pero, ¿acaso no era top, incluso mejor que la actual sobre el papel, la de la temporada anterior, con internacionales y mundialistas, y que no solo no ascendió, sino que a punto estuvo de impedirnos luchar por esa meta este curso?

El actual consejo, nombrado por Abanca como propietaria del club, apostó por dar carpetazo al inestable pasado inmediato del Deportivo; debe ahora decidir si esa estabilidad pasa también por dar continuidad en el banquillo en la actual situación o si el cambio es lo mejor. Valorar si la dirección de Borja Jiménez, con sus aciertos y errores, es mimbre resistente para buscar el ascenso el próximo año. Si no lo es, que cada uno siga su camino y construyamos otro proyecto en busca del objetivo del ascenso al tercer intento. Si lo es, que Borja Jiménez goce en su segundo año de la confianza que le ha brindado el club en el primero, cuando lo ha mantenido en el cargo pese al cúmulo de derrotas de febrero. De nada serviría ratificarle en el puesto y dudar en el primer traspiés de la temporada.

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