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La Opinión de A Coruña

Fútbol - Deportivo

Primer aniversario del ‘Marbellazo’ de los juveniles

La victoria del Juvenil en la Copa de Campeones cumple un año - Óscar Gilsanz recuerda el camino hacia el título ä “Mejor guion hubiera sido imposible”

Plantilla y cuerpo técnico del Juvenil A que se proclamó campéon de España de la categoría en 2021. | // ARCAY / ROLLER AGENCIA

Hace exactamente un año, el 27 de junio de 2021, que los Brais Suárez, Trilli, Dani Barcia, Jairo, Yeremay, Nájera y Noel proporcionaban al club una de las escasas alegrías que ha podido llevarse a la boca el deportivismo en una época plagada de calamidades. El título de la Copa de Campeones conquistado en Marbella después de dejar en la cuneta a Real Madrid y Barcelona consagró a la mejor generación reciente de canteranos del Deportivo, enrolados en aquel Juvenil A que dirigía Óscar Gilsanz, ahora técnico del Fabril. Todo salió redondo, tanto que podría parecer una historia de película. “Quien escribiera el guion de esto sabía lo que podía suponer cada paso”, recuerda Gilsanz.

El título en Marbella, el segundo en la historia del club después del logrado en 1996, fue el colofón a una temporada de ensueño en la que el Deportivo consiguió sacudirse el dominio del Celta en la última década y volver a ganar la liga para poder acceder a la Copa de Campeones. “Lo más importante, y quizá lo más complicado, porque hay que tener regularidad, es ganar tu liga. Hacía diez años que el club no la ganaba y era muy importante. Además se hizo con una apuesta por promocionar jugadores y con algunos actuando en una categoría superior. Fuimos capaces de ganar esa competición y después en la fase de campeones mejor guion hubiera sido imposible porque los emparejamientos te obligan a ganar a Madrid y Barcelona”, destaca Gilsanz.

El Juvenil tuvo que eliminar primero a la Unión Deportiva Las Palmas en una ronda previa que se resolvió en la tanda de penaltis y en la que el portero Brais Suárez emergió como héroe al detener varios lanzamientos. En la Copa de Campeones esperaban Málaga, Barcelona y Real Madrid. El primer obstáculo sería el poderoso conjunto blanco, reforzado para la ocasión con varios jugadores del Castilla con el objetivo de levantar el título.

Gilsanz y su cuerpo técnico utilizaron ese exceso de confianza que podía existir en las filas blancas para motivar a los suyos y hacerlos creer en sus posibilidades. “Muchos de los jugadores ya se habían enfrentado tanto al Madrid como al Barcelona en categorías inferiores y siempre habían competido bien. Teníamos ese recuerdo y sabíamos que no había por qué no competir bien. Les hicimos ver que todo estaba preparado para que todo fuese al revés y para que fuese el Madrid el que pasase a la final. Utilizamos ese tipo de cosas y no nos era difícil mostrárselo a los jugadores porque estábamos incluso en el mismo hotel que el Real Madrid. Veíamos la grandeza de ese club en muchas cosas y éramos un poco la cenicienta. Eso facilitó la motivación extra que hicimos, incluso apelando al famoso Centenariazo. Yendo hacia el estadio les mandamos un vídeo a los jugadores de esa hazaña que todo el mundo conoce, aunque para ellos pueda ser solo de oídas. Intentamos utilizar un poco esa serie de cosas que nos pusieran a la altura”, reflexiona el actual entrenador del Fabril.

El plan de partido sonrió a los deportivistas, que conseguirían resistir el empuje del Real Madrid tras adelantarse con un tanto de Fito. “De muchos partidos contra el Madrid, en casi todos no hubiéramos sido capaces de ganar, pero se dieron las circunstancias que habíamos hablado con los jugadores para que eso ocurriese”, reconoce Gilsanz.

La derrota, sin embargo, era una posibilidad y la expedición deportivista había encargado la cena en previsión de que tuvieran que emprender el viaje de vuelta inmediatamente después de la semifinal. “Teníamos unas pizzas encargadas para cenar después del partido. Si perdíamos nos teníamos que volver, no había hotel para ese día. Al ganar llegaron las pizzas y nadie se hacía cargo de ellas. Incluso me llamaron desde el club para que las recogiera porque estaba el repartidor esperando. En ese momento no pensábamos que no fuésemos a necesitar esas pizzas. Creo que todo eso nos ayudó un poco”, resumen Gilsanz sobre aquella mentalidad que había interiorizado el grupo.

La victoria contra el Barcelona en la final volvió a hacer saltar por los aires todos los pronósticos y culminó un trabajo desarrollado desde hacía años en las categorías inferiores del club. Brais Suárez, Hugo Ríos, Dani Barcia, Jairo y Noel, recién desvinculado del club, llevaban juntos desde benjamines y recorrieron todo el camino en la cantera hasta proclamarse campeones en Marbella. “Es una generación con mucho talento. Venía con muy buen trabajo de atrás y con muy buenos jugadores, que evidentemente es lo más importante. Hace un año lo decía y lo repito ahora: que un equipo juvenil de cualquier club quede campeón es fruto del trabajo de mucha gente que ha estado con ellos en las categorías de base”, remarca Gilsanz.

El técnico de aquel Juvenil A guía ahora a parte de esa generación en el Fabril como parte de una estrategia del club para que los jugadores vayan consumiendo etapas en su formación hasta poder alcanzar la meta final del primer equipo. “El resultado del año pasado no es producto de los que llegamos, sino de toda la gente del club: entrenadores, captadores, preparadores físicos, ojeadores...”, insiste Óscar Gilsanz sobre aquel Marbellazo.

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