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La Opinión de A Coruña

Con la puerta entreabierta

El Deportivo basó sus equipos en la cantera hasta la década de los ochenta - Los dos últimos referentes, José Luis y Fran, debutaron 20 y 18 años - Álex, Mackay, Sousa, Raúl y Trilli son los canteranos de hoy

De izquierda a derecha: José Luis Vara, Fran González y José Ramón González (arriba); y Marcos Vales, Emilio Viqueira y David Fernández (abajo).

Las circunstancias hicieron pensar que el actual era el instante de cambiar y variar la política de incorporaciones al primer equipo del Deportivo. Parecía el momento de dejar de mirar tanto hacia afuera y centrarse más en lo que hay en casa. Las circunstancias son: contar con una generación de futbolistas que hicieron historia con el título de campeones de España y con su participación en la UEFA Young League; y que el equipo militará en la tercera categoría del fútbol español por tercera temporada consecutiva.

El Dépor, con la puerta entreabierta a la cantera.

Da la impresión de que es el momento y que se dan los mimbres para hacerlo. Sin embargo, solo uno de los campeones tendrá ficha del primer equipo, Trilli, y otros tres están realizando la pretemporada. Algo parecido sucedió 26 años atrás cuando el equipo juvenil había logrado su primer título. Hay que ir cuatro décadas atrás para encontrar los dos últimos grandes referentes nacidos en la casa, y lo fueron merced a un mínimo empujón tras llegar directamente a los juveniles: José Luis y Fran.

Con la puerta entreabierta

Que futbolistas procedentes de la base se asentasen en el primer equipo era algo habitual hasta la década de los ochenta. Hasta entonces más de la mitad de la plantilla estaba conformada por jugadores de la casa, reforzada con otros procedentes de distintos equipos gallegos y con puntuales refuerzos llegados de fuera. Con esa filosofía, el Deportivo compitió en Primera y en Segunda División, con la excepción de los dos descensos a la tercera categoría producidos en los años setenta del siglo pasado. En esas dos anteriores veces en las que el Deportivo visitó la tercera categoría, los jugadores jóvenes que pedían paso tuvieron un protagonismo escaso, lo mismo que parece suceder en la actualidad.

Con la puerta entreabierta X. M. Mallo

En aquellas dos temporadas 1974-75 y 1980-81 había numerosos jugadores de la cantera, e incluso varios de otros equipos de Galicia, que ya se habían hecho con un sitio en el primer equipo en Segunda División e incluso en Primera. Cuando a la conclusión del curso 1973-74 el club coruñés se fue al pozo de la Tercera División había 17 futbolistas locales con peso en el equipo; seis años después, cuando se produjo el descenso a la recién creada Segunda División B había 19 jugadores que habían salido de las categorías inferiores. Sin embargo, en ninguno de esos dos años se les dio la alternativa a otros más jóvenes y que empezaban a despuntar.

Con la puerta entreabierta X. M. Mallo

Cuando arrancó la competición en septiembre de 1974 con el Deportivo en la tercera categoría por primera vez en su historia, José Antonio Irulegui tiró de los hombres de casa que habían estado el año anterior en Segunda, entre los que estaban siete que dos años antes jugaban en la elite del fútbol español. Jugadores coruñeses que en solo dos cursos pasaron de estar en la categoría más alta a la más baja. Entonces, el primer club coruñés contaba con el Fabril como filial, dos equipos en juveniles y hacía dos años que había empezado a formar alevines e infantiles. Todos entrenándose cada día en el mal llamado campo de Marathón.

Con la puerta entreabierta

En ese curso brilló Guillermo Muñoz, un interior zurdo chileno de apenas 20 años internacional con la selección de su país. El peso lo llevaron los veteranos Seoane, Luis, Richard, Piño y Rabadeira; los que habían jugado en Primera. Con ellos lucía un espectacular Pepe Vales; un emergente Ramón Piña con 20 años, que había sido internacional en las categorías inferiores con España, y dos jóvenes llegados de Ferrol: Alfonso Castro, con 19 años, y Paco García. Una temporada que se saldó con el ascenso del Deportivo.

Con la puerta entreabierta

De vuelta en Segunda, otra vez numerosos chavales incluidos en la primera plantilla, pero con escasa aportación. Fue el año de la aparición de Buyo (llegado del Mallorca), Jorge, Vituco, Traba, y otros jugadores formados en el fútbol modesto que, previo paso por el Fabril, veían como se les abrían las puertas del profesionalismo. A la mayoría se las cerraron en los morros. Al frente del equipo estaba un coruñés: José Antonio Naya; pero no finalizó la temporada. Fue sustituido por José María Martín, otro ilustre coruñés más centrado en la pintura que en el fútbol, pero dispuesto a ayudar al club de su ciudad. Cuatro años más tarde, tras intentar con insistencia regresar a Primera, llega otro descenso a la tercera categoría, en este caso llamada Segunda División B. Ya entonces José Luis Vara, con 21 años, se había erigido en el líder del grupo. Lo fue hasta que al concluir la campaña 86-87 fue traspasado al Betis.

Con la puerta entreabierta

Mientras el 10 de Esteiro se estrenaba en Primera División, esa temporada asomaba otro 10, Fran, al que había dado la alternativa Luis Rodríguez Vaz, el mismo que ese año hizo debutar a seis fabrilistas, entre ellos José Ramón, el mayor de los González Pérez, y Mella, padre de la actual perla de la cantera. Fue Vaz el encargado de darle el empujón a aquellos que despuntaban a sus órdenes en el filial; antes ya había hecho lo propio con Vicente Celeiro y con Jaime Agulló. Un año después de la irrupción de Fran y de José Ramón le llegó el turno a Antonio Doncel, que militó cinco campañas en el primer equipo, incluidas las dos primeras tras el regreso a la elite. Después fue Marcos Vales, pero con 19 años decidió marcharse al Sporting de Gijón. Solo había estado dos temporadas en el primer equipo. En 1995-96, con John Toshack en el banquillo, fueron varios los jugadores que cumplieron su sueño de llegar al Deportivo; pocos se asentaron. Los más destacados acabaron triunfando lejos de Riazor: Emilio Viqueira y David Fernández Miramontes. Solo fueron dos los que llegaron a la elite, pero las puertas se les abrieron a otros muchos. Ahora, de momento, los canteranos son ilustres veteranos que tuvieron que abrirse camino saliendo para volver a regresar. Y Trilli. A pesar del momento adecuado y de las circunstancias

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