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El Dépor se estrella contra diez

Primera derrota del equipo coruñés, que puso todo de su parte por remontar el tempranero gol de Gabri pero no fue capaz de marcar y acabó desquiciado por su propia histeria y por las marrullerías del San Fernando y la permisividad del árbitro

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0-1 | Deportivo - San Fernando Carlos Pardellas

Al Dépor le costó contra once y también contra diez. Le siguen faltando muchas cosas, sobre todo fútbol, pero no mereció perder ante el San Fernando. Difícil asimilar una derrota así, cuando uno se vacía sin recibir nada a cambio. El equipo coruñés lo intentó de todas las maneras y puso todo de su parte por remontar el tempranero gol de Gabri, el mejor del partido junto al portero Perales, pero ni siquiera contra diez fue capaz de perforar la meta visitante. Sobra ansiedad y falta puntería. Ni Gorka Santamaría, la principal novedad en el once, ni tampoco Alberto Quiles, que entró tras el descanso para juntarse con el vasco en busca de más pólvora, acertaron a estrenar sus respectivas cuentas goleadoras. No marcan los delanteros y el equipo lo nota, aunque esta vez Dépor generó ocasiones de sobra como para haber rescatado al menos un empate.

En cambio, a los rivales les cuesta muy poquito hacer daño. Ayer fue un saque de puerta mal defendido y un esprint de Gabri. Le robó la carrera a Jaime, al que Borja Jiménez repescó para el once en lugar de Pablo Martínez, y casi sin ángulo batió a Mackay con un disparo que se le coló entre las piernas al guardameta coruñés (m.9). Otra vez a remar corriente, algo a lo que desgraciadamente el Dépor se ha acostumbrado esta temporada, como si necesitara recibir un primer golpe para despertar.

Hasta el descanso dominó la posesión, como de costumbre, pero sin acabar de generar ocasiones claras ante un San Fernando bien armado, cómodo con la pelota y con la bala de Gabri para estirarse a la contra. El joven atacante fue una pesadilla constante para los defensas blanquiazules, a los que superó en velocidad una y otra vez. Los andaluces daban verdadera sensación de peligro cada vez que pisaban campo contrario. Con tres pases les bastaba para armar rápidos contraataques ante un Deportivo sin capacidad ni decisión para frenar a tiempo esas transiciones pese a formar con tres centrocampistas a la vez: Álex, Villares y Olabe.

A falta de fluidez en ataque, el Dépor recurrió al balón parado para acercarse con algo de peligro. A base de saques de esquina y faltas cercanas al área consiguió merodear la portería visitante, pero sin poner en verdaderos aprietos a Perales. Un remate aislado de Jaime, otro de Rubén Díez. Insuficiente como para equilibrar el marcador.

Víctor Narro, muy bien tapado, apenas fue capaz de desbordar. Sí lo logró Antoñito, pero sin precisión para poner buenos centros. Con Mario Soriano y Rubén Díez apagados y apareciendo casi siempre escorados y demasiado lejos de la portería contraria, el equipo coruñés no acabó de encontrar vías por las que sorprender al ordenado San Fernando, que ya desde antes del descanso llevó el partido al terreno que más le interesaba, el de las interrupciones y las continuas pérdidas de tiempo.

Marrullero el equipo andaluz por las reiteradas faltas, bastantes de ellas duras, pero sobre todo por los reiterados parones que acabaron por desquiciar a los futbolistas blanquiazules y también al público de Riazor. Imposible mantener un ritmo alto durante varios minutos seguidos, porque el cuerpo a tierra fue incesante, sobre todo tras la segunda amarilla a Biabiany.

Para entonces Borja Jiménez ya había puesto sobre la mesa la carta de Quiles, precipitado y ansioso, como todo el equipo. Entró con ganas de marcar el segundo antes que el primero y, aunque estuvo cerca de anotar en un par de ocasiones, se fue una jornada más sin estrenar su cuenta. Fue otra de las malas noticias de un partido en el que el Dépor cargó con todo en la última media hora, pero sin lucidez. No acabó de ensanchar el campo, lo que más necesitaba. Solo tras la entrada de Yeremay el equipo coruñés fue capaz de desbordar. El canario caracoleó para ganar varias veces la línea de fondo. Lo hizo casi todo bien, pero le faltó algo más de acierto en el último pase a la hora de decidir.

El 0-1 pesaba como una losa y los minutos caían rápido, igual que los jugadores visitantes. El acoso del Dépor era total. Daba la sensación de que el empate era solo cuestión de tiempo, de que entrara una de las muchas ocasiones coruñesas, pero el 1-1 no llegó. Lo tuvo Soriano, también Gorka, Ibai de volea, Quiles en una par de ocasiones... Hasta Martínez y Olabe estuvieron cerca de marcar en una recta final de llegadas continuas, ya con el San Fernando achicando balones y completamente encerrado en su área. Pero ninguno acertó a marcar.

Los diez minutos de alargue ni mucho menos compensaron las reiteradas pérdidas de tiempo de los andaluces, pero por lo menos le dieron esperanza al Dépor para buscar un último arreón. Incorporó mucha gente al ataque, con Narro y Yeremay muy incisivos desde los costados, pero faltó precisión, tanto en el último pase como en el remate. Demasiados nervios, demasiada ansiedad, casi histeria. Muchas ganas de agradar y poco acierto. Malos compañeros de viaje para este Deportivo que no acaba de mostrar el nivel que se le presupone, ni individual ni colectivamente, y al que le está costando demasiado convivir con la exigencia y la presión de tener que competir por tercera temporada consecutiva en la categoría de bronce. El objetivo, irrenunciable, es el ascenso. No hay otro. Y se trata de ganar partidos, no de hacer méritos.

Ayer el Dépor se quedó sin sumar por primera vez en la temporada. Peor incluso que la derrota son las malas sensaciones que vuelve a transmitir el equipo. Encaja con facilidad, los rivales lo saben y le están perdiendo el respeto. Y en la portería contraria le cuesta un mundo anotar. Mucho que mejorar, cada vez con menos margen.

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