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Tomas Svensson Exguardameta de balonmano, segundo entrenador del Barça y padre del deportivista Max

Tomas Svensson: “Max siempre ha tenido esa garra, muere por sus compañeros y por su equipo”

“Nos parecemos en el carácter ganador, pero él tiene bastante más talento que yo”

Tomas, junto a su hijo mayor, el deportivista Max Svensson. | // CEDIDA

Pocos deportistas tan laureados en la historia del balonmano como Tomas Svensson (Eskilstuna, Suecia, 1968), exguardameta del Fútbol Club Barcelona, entre otros equipos, y actual preparador de porteros de la selección sueca y segundo entrenador del Barça como ayudante de Carlos Ortega. Desde Dammam (Arabia Saudí), donde el equipo azulgrana afronta esta tarde la semifinal de la Super Globe 2022 contra el Kielce polaco, Tomas Svensson habla del presente en el Dépor del mayor de sus tres hijos, Max, pero también del lado más humano del joven delantero después de su prometedor estreno como titular en Riazor ante el Linares: “Sabe lo que quiere ser y es lo que está intentando hacer”.

Tomas Svensson, segundo entrenador del Barça de balonmano y preparador de porteros de la selección sueca. | // FC BARCELONA

¿Qué le transmitió Max tras su debut desde el inicio con el Dépor?

Está muy contento por haber empezado un partido por fin, que quizá no contaba con eso, aunque con un cambio de entrenador siempre puede haber otra oportunidad. Max llegó un pelín tocado a dos días del primer partido de liga, el equipo ha ido con problemas y, si no conoces al jugador, evidentemente es más difícil meterlo. Como padre, claro que me ha dolido. Si no juegas, es duro, además es la primera vez que ha salido de casa. Ha sufrido un poquito, pero a la larga le puede ir bien.

¿Ese coraje y esa fuerza que derrochó contra el Linares ya las tenía de pequeño?

Sí. Siempre. Cuando jugaba al fútbol con mi padre, me decía mi padre: ‘este no se rinde nunca, siempre vuelve’. Siempre ha tenido esa garra, desde chaval. En uno de los equipos infantiles en los que jugaba le llamaban el animal. Es un poquito su forma de ser. Es un ganador nato que muere por sus compañeros y por su equipo. Algunas veces en exceso, pero con la edad ha ido madurando y tiene que seguir madurando, evidentemente, porque solo tiene 20 años. Yo soy de balonmano, pero da igual el deporte en el que estés. La forma de ser es la misma, es dar siempre el 100% para tener la oportunidad de ser bueno. Si no das el 100%, es difícil ser muy bueno. Si lo das, te puedes equivocar y puedes fallar, pero al menos has dado todo lo que tienes.

Supongo que el balonmano le venía de serie desde que Max nació, ¿cuándo se pasa al fútbol?

Él ha crecido en un vestuario de balonmano. Le gustaba mucho el balonmano porque su padre jugaba. A veces estaba en la portería y en Pamplona empezó a jugar de jugador. Sí que una vez a la semana iba a la escuela de fútbol de Osasuna, pero no era nada en serio. Simplemente a mí me educaron en que no solamente practicara un deporte, sino muchos más para probar lo máximo y hacer lo que más me gustara. Eso es bueno para todos. Al final, un verano cuando hacemos un cambio de Pamplona a Valladolid, mientras yo hacía la pretemporada mi familia estaba en un camping, Max jugaba al fútbol todo el día y España ganó el Mundial (2010). Me dijo: ‘papá, me gustaría jugar al fútbol’. Le dije: ‘Claro, chaval, tienes que jugar al fútbol, por supuesto’, y su madre también lo decía. Pero ambas cosas (balonmano y fútbol) no, porque le costaba el colegio y tal, y entonces probamos ese año al fútbol.

Y hasta hoy.

Sí. Empezó a jugar y a entrenar casi todos los días en Arroyo de la Encomienda, un pueblo a las afueras de Valladolid, y cuando volvimos a Barcelona siguió jugando en Gavá. Cuando se va al Cornellá es cuando da el salto un poquito más de calidad. En 2016 tiene una lesión importante, que le costó, pero aun así el club estuvo apoyándole todo el rato y acabó firmando por el Espanyol, subiendo un escalón más. Lo escogimos porque era el club que también apostaba por los estudios. Estaba muy contento, pero el salto de Segunda RFEF a Primera RFEF es gigante y cuando surgió el interés del Deportivo, que es un clásico donde se vive el fútbol al 100%… Además, estar fuera de casa le viene bien a cualquier jovencillo. Los padres tratamos de cuidar y mimar demasiado, sobre todo su madre, que creo que está muy encima de él, y pienso que le va a ir bien independizarse un poquito. Tiene que tomar decisiones por su cuenta.

Por su experiencia en el deporte de élite, ¿qué consejos le ha dado?

Procuro ser padre, no entrenador. Evidentemente, procuro darle algún consejo, sobre todo lo que es dar el 100%, entender también lo que es ser un buen compañero, entender las decisiones de los entrenadores, que no siempre son fáciles, y educarle un poquito en que a veces se juega y a veces no. Y, sobre todo, cuando estás en un equipo, lo importante es que gane tu equipo. Esas cosas clásicas que son importantes para un deportista, que no siempre es fácil (cumplirlas). A la larga, es insistir y ser constante, que es lo que normalmente da sus frutos.

¿En qué se parecen padre e hijo a la hora de competir y en qué se diferencian?

Yo creo que nos parecemos en el carácter ganador, ahí se refleja ya incluso de su abuelo. Somos los dos ganadores natos. También en la intensidad de no rendirse, de seguir luchando. Ahí nos parecemos bastante. Yo creo que Max tiene bastante más talento que yo, que fui producto de mucho sacrificio y entrenamiento desde pequeño. Max tiene eso, pero también tiene más talento.

Como portero de balonmano, ¿sufrió muchos disparos de Max jugando padre e hijo en casa?

Desde siempre. Había una portería en casa y había o bien balonmano o bien fútbol. Siempre ha chutado fuerte, tanto en balonmano como en fútbol. Potencia y calidad muscular tiene. Tiraba mejor con la mano derecha, pero también con la izquierda. Y en el fútbol también es bastante bueno con la izquierda. Chutaba muy fuerte y había que tener mucho cuidado con él porque no dominaba tan bien la pelota cuando era pequeño y pegaba pelotazos. Muchas veces tenía que decirle: ‘Aquí hay niños, Max, ten cuidado’. Lo típico del patio tirando pelotas a todas partes sin pensar en las consecuencias. Más que una lámpara se ha ido a tomar por culo. Siempre ha sido un tira piedras.

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