Ni el gol de Yeremay Hernández alivia en exceso el batacazo. El mejor Deportivo de la temporada se asomó por Riazor para maravillar y hacer creer que una remontada era posible, que un ascenso de abajo a arriba estaba en la hoja de la ruta, que el equipo resucitaba. Su falta de puntería, un apagón tras el empate y su endeblez atrás le llevaron a recibir una de las peores bofetadas de los últimos tiempos. Una igualada, por obra gracia del canario, que le hace sumar un punto profundamente insípido. No impide ese 2-2 que el equipo coruñés sienta que le acaban de cortar las alas, que se aleja del ascenso directo (a siete puntos) y que, en más de un sentido, vuelve a la casilla de salida. Todo cuando acababa de mostrar su mejor fútbol, cuando se mascaba la goleada, cuando algo estaba floreciendo. Muy cruel.  

2-2 | Deportivo-Cultural Leonesa Víctor Echave

Un vendaval. Eran los mismos, eran otros. Óscar Cano volvió a tocar lo justo en el once inicial, aunque la baja de Villares le permitía tomar una decisión estratégica. U optaba por un futbolista más posicional o táctico como Álex Bergantiños o apostaba por Isi Gómez y Roberto Olabe junto a Rubén Díez para meter electricidad al circuito de la pelota. Arriesgó, fue fiel a lo que siempre ha defendido y al equipo le sentó de maravilla. Incorporaba un quinteto de jugadores más Raúl y los centrales que hablan el mismo lenguaje, que se entienden, que se abrazan al esférico.

Un equipo que flotaba

Parece mentira que, en gran parte, fuesen los mismos futbolistas de hace dos meses. Aquellos jugadores pesados y atenazados que iban atrancados, a golpecitos, con Borja Jiménez. Ahora volaban, flotaban. Fue un monólogo blanquiazul esa primera parte. El equipo hizo posesiones largas, también corría, pero todo era punzante, con sentido y, sobre todo, con mucha comodidad en su juego. Esa que le habían dado las victorias, el método Cano, el verse en la pelea cuando todos los daban por muertos. 

Tuvo el equipo coruñés, al menos, una media docena de ocasiones en el primer acto. También hubo un penalti no señalado a Antoñito y otro reclamado por una mano de Trigueros, que no lo parecía. Mario Soriano mandó una al palo, Quiles erró otra a placer, Salvi frenó un mano a mano de Svensson. Cada centro de Raúl -sí esta vez el Raúl que todo el deportivismo esperaba-, olía a peligro para la defensa y suponía un caramelo para cualquier atacante. Solo le faltó al grupo en ese tramo crear a balón parado en la infinidad de saques de esquinas que dispuso. También el gol, claro. Un resultado injusto, había que convivir con él, superarse.

Edu Sousa, el día de su debut en Riazor con el primer equipo, fue hasta el descanso un espectador de lujo del mejor Deportivo de la temporada. Junto, móvil, suelto con la pelota, divertido, jugón, incisivo. El principio de algo muy ilusionante. Le quedaba refrendarlo con el gol y con la tercera de muchas victorias. La Cultural estaba desaparecida, la habían aniquilado, pero no estaba muerta. Ya lo demostraría.

2-2 | Deportivo-Cultural Leonesa Víctor Echave

El inicio de la segunda parte del Deportivo fue imperial. Como si no se hubiese ido a vestuarios, como si las ganas le ardiesen, salió apretando, sin dejar de ahogar a la Cultural Leonesa. Dos ocasiones, un minuto, un gol. Lo que tardó Soriano en inventarse un pase maravilloso en la frontal para habilitar a Quiles. No falló. 1-0, minuto 46. La celebración fue de las grandes. Por la belleza del gol, porque el fútbol se lo debía, porque sigue habiendo cicatrices que hacen dudar. Por fin, tenía el Dépor el tanto, la diferencia, lo que tanto había buscado y tanto se le había resistido.

El alivio dio paso a los nervios, a que la Cultural saliese de la cueva. Ya se había mostrado como un equipo con argumentos ofensivos que cuando se asomaba hacía daño. El equipo coruñés no dio grandes síntomas de tranquilidad y de dominio de la situación en cuanto empezaron a rondar su área. Un manojo de nervios. Un despeje con inquietud, una duda en una disputa... Ni cinco minutos, ya había cambiado todo. Y llegó el primer batacazo. Un mal despeje de Lapeña que Alarcón se encontró en solitario en la frontal y convirtió en oro puro. 1-1, minuto 51.

Piedras en la mochila

El Dépor se adentró entonces en su propia desgracia, le vació ese tanto. Ese equipo alegre, con confianza, que volaba volvió a meter piedras en su mochila, las del fatalismo. Frío. Ya no dominaba, era un partido de ida vuelta en el que cualquiera podía herir a cualquiera y en el que el conjunto visitante era el que tenía la confianza por las nubes. Dos ataques, dos tiros a puerta, dos goles. Todo después de que Salvi hubiese parado todo y más. Una tarde redonda.

2-2 | Deportivo-Cultural Leonesa Víctor Echave

El intercambio no sentó del todo bien al Dépor. Pegaba pero tenía la guardia muy descubierta, lo que peor le sienta. En ese toma y toma y daca se llevó otro derechazo que le mandó a la lona. Carrera maradoniana de Percan que sentó a Isi e hizo recular y recular a Jaime, y gol ante Edu Sousa. 1-2, minuto 66. La desgracia era doble, era infinita.

Óscar Cano hizo pronto cambios. Primero Kuki Zalazar y Víctor Narro, después Trilli, Yeremay y Gorka Santamaría. Buscaba juego de bandas ante una Cultural pertrechada por dentro, hundida en su área. El Deportivo lo intentaba, pero en parte ya estaba entregado a su mala suerte. Poca rebeldía de remontada. Solo despertó con la entrada del canario, que cazó un centro de Rubén Díez para hacer el empate. 2-2, minuto 85. Un control y regate del canterano fue el único motivo postrero para la esperanza. Hubo otro rebote en un remate que casi rescata al equipo en el descuento. La suerte estaba echada, había empatado, como si hubiese perdido. El enésimo golpe y van...