Peleando cada centímetro, luchando contra sus demonios, con un golpe de riñón en el esprint final del partido... El gol de Lucas Pérez al Rayo Majadahonda, después de una docena de intentos y con un rebote incluido, es la mejor metáfora de una victoria oscura por su desarrollo y plena de la luz por lo que aclara el panorama coruñés en la lucha por el ascenso. Fue una apisonadora de salida el Dépor, se lo tragaron todas sus inseguridades y la falta de puntería justo después, pero siguió remando y remando, agarrado a la cornisa, hasta que apareció, de nuevo, el salvador Lucas Pérez para batir al agigantado Lucho García y brindarle al equipo un triunfo que es oro puro. Su victoria, sumada a la derrota del Alcorcón y a los empates de Castilla, Córdoba y Racing, le convierte en el gran beneficiado de una jornada que puede pasar a la letra pequeña, pero imprescindible de su historia. Acaba el sábado a cuatro puntos de la cabeza, de Segunda. 

Sin Raúl y aún sin Orest Lebedenko, Óscar Cano se animó a hacer pruebas, a cambiar el dibujo en un contexto favorable como el que presumiblemente podía suponer el partido ante el Rayo Majadahonda en casa. Pablo Martínez se incrustó como tercer central y Víctor Narro ocupó la banda izquierda como carrilero para que el equipo cogiese vuelo por ambas bandas. El Dépor, con las zapatillas de casa y por la temeraria salida de balón de su rival, tocó corneta, cual Chousa, y se lanzó a por los goles.

Recuperaba arriba, se tiraba a tumba abierta hacia la meta de Lucho García. Entre la comodidad que tenía y la ansiedad bien entendida que desprendía por resolver el duelo, se le empezaban a caer las ocasiones de los bolsillos. Tuvo un par Lucas Pérez, otro tanto Mario Soriano, hubo dos cabezazos para Pablo Martínez, una internada de Diego Villares... Innumerables las oportunidades que desbarataron el ex meta del Dépor, los defensas los madrileños o la propia mala puntería blanquiazul. Parecía un milagro el 0-0 y se estaba produciendo. El Rayo de Alfredo no se cansaba de jugar con gasolina y salía indemne tras cada explosión. Magia.

Deportivo - Rayo Majadahonda Carlos Pardellas

Llegado el ecuador de la primera parte, el equipo visitante empezó a lograr lo que deseaba. El Dépor estaba más cansado, su presión funcionaba peor y el Rayo salía mejor desde atrás, Albiach aparecía por todas partes, le bajaba revoluciones al duelo. Un partido más acorde a lo que necesitaba. El Dépor se tomaba, de paso, un respiro, era imposible jugar todo el duelo con el acelerador pisado. 

El grupo de Cano, cerca del intermedio, volvió a soltarse y rondó de nuevo el gol, pero no llegó al mismo nivel que en los primeros minutos. Se jugaba, en ese momento y en gran medida, a lo que deseaba su contrincante, aunque aún no hubiese probado las manos de Edu Sousa. Riazor estaba quejoso, el equipo un tanto frustrado. Tenía que seguir jugando y lucir paciencia. A apretar.

Deportivo - Rayo Majadahonda Carlos Pardellas

El equipo coruñés quiso salir a la misma velocidad de juego tras el descanso. Dos pases en profundidad en menos de un minuto. Era todo intención, le faltan ya la comodidad con la pelota del primer acto y la confianza tras tantos fallos. De nuevo, se veía una propuesta realmente punzante y peligrosa cuando robaba más que en ataque estático. Las ocasiones seguía cayendo. Eso sí, era más un goteo esporádico que una cascada, como en la primera parte.

Ya antes del cuarto de hora, el Dépor pedía cambios a gritos, bajaba y bajaba su nivel poco a poco. Su técnico, de nuevo inmóvil, quiso esperar. El Rayo creía con la pelota y apenas pisaba área rival, era un fútbol sin porterías que le llevaba camino de cosechar un punto.

Deportivo - Rayo Majadahonda Carlos Pardellas

Llegaron más tarde los cambios y el Dépor tampoco revivió en exceso, pero no le perdió la cara al partido. Su gran mérito. En una de tantas galopadas de Antoñito, el mejor del partido, le sirvió un buen centro a Lucas, que tuvo tiempo de controlar y hasta de rematar en semifallo para batir a un enorme Lucho García. Esta vez sí entró ese remate, no como el de Yeremay en la primera vuelta. 1-0, minuto 78. El zurdo de Monelos se encaraba con el meta colombiano tras el tanto, ajustaba con cuentas.

El Dépor, sin sobrarle la confianza, sufrió hasta el minuto 101. Hubo entradas feas a Mario Soriano, una desagradable lesión de Isi Gómez, un árbitro que estaba deseando tener protagonismo... A todo, de una manera muy humana, se sobrepuso. El Dépor sigue en pie. A cuatro puntos y con casi una vuelta por delante. Que nadie le dé por muerto.