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Las frases de Arsenio, el catecismo del Dépor

Frases que agijoneaban o creaban tendencia, frases que hacían romper de risa | Desde la Perestroika de Stoyanov hasta la rueda de prensa tras el penalti de Djukic, al mito también se le conoce por su verbo

Arsenio Iglesias, en un entrenamiento en la torre en los años noventa.

Arsenio Iglesias, en un entrenamiento en la torre en los años noventa. / LOC

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Carlos Miranda

Carlos Miranda

Una frase suya podía abatir a cualquiera, un pensamiento hecho palabra que saliera de su boca podía sacarle una carcajada al menos pensado. Arsenio conquistó por los hechos y también por las palabras. Por esas profundas que resquebrajan, por esas que retorcía hasta convertirlas en un golpe al mentón. Todo el mundo le recuerda por ese speech, toda una enseñanza de fútbol y de vida, cuando el Dépor cayó desde los once metros ante el Valencia en 1994. Todo un catecismo para el deportivismo en poco más de un minuto de rueda de prensa. “Ojo con la fiesta que nos la quitan de los fuciños”, “mucho que decir, poco que contar” o “yo ya sufría por todas esas gentes” son flechas que han pasado a la historia. Pero hay más, mucho más. Pocas palabras, mucho peso. “Cuando hablas mucho, acabas mintiendo la mitad”, decía en en una de sus biografías. Él hacía lo justo y nunca dejaba de sorprender.

Habrá que recurrir al Chupa Chups, ¿me entiendes? Porque eso quita la presión”. Cuando el Barça le metía presión al Dépor ese año, él también sabía lanzar dardos hacia el Barcelona y hacia El Flaco. En dirección a la Ciudad Condal y también hacia la grada de Tribuna de Riazor, con la que tuvo sus más y sus menos en el famoso ascenso de 1991. “Las pancartas, los silbidos o las orquestas no me preocupan, la gente tiene derecho a extasiarse un poco”. Él apostaba por la relajación y también sabía de geopolítica aplicada al fútbol, tal y como constataba su hijo Pablo Iglesias en un artículo de Panenka. Su contestación a un periodista tras el meritorio debut de Stoyanov en Riazor fue, como mínimo, inesperada. “Hoy nos funcionó la perestroika, coño”, espetó entre las risas de los que allí estaban.

Su oratoria era única y viajaba de la ironía a la crudeza con facilidad

Otra de las frases que pasó a la historia ligada a Arsenio, aunque no la pronunció él, fue aquella de Huapaya, el peruano que llegó al Dépor en los ochenta y que no estaba acostumbrado a los rigores del balompié europeo. “Estoy muy exigido”, le dijo cuando el de Arteixo le apretaba.

Arsenio Iglesias en la plaza de Pontevedra

Arsenio Iglesias en la plaza de Pontevedra / LOC

Lo que también exigía era la presión por la altas expectativas que estaba despertando el Superdépor y, sobre todo, la fiesta, lanzar las campanas al vuelo, algo que desquiciaba sobremanera a Arsenio, que estaba mucho más cercano a la figura del antihéroe. “¡Tanto Súper y tanta hostia!”, soltó entre dientes tras un empate a última hora cuando la grada festejaba. Él nunca se fiaba de nada ni de nadie.

¡Qué alegría, Martín, qué alegría. Cuánto sufrimos! Dios mío, creí que me moría”. Esta la pronunció delante de un micrófono de ambiente, no en una rueda de prensa._Fue, mientras le estaba dando un abrazo eterno a Martín_Lasarte. El_Dépor se había salvado ante el Betis, pero todos los allí presentes y los que estaban en la distancia se habían dejado medio corazón. Es otra de sus muchas frases icónicas.

Arsenio era de los que consideraba “antinormal” o “antilógico” jugar en ciertos campos o cuando le preguntaban en un restaurante por si le gustaba el atún que le habían servido, decía que “lo bonito era haber ganado en Oviedo” tras aquel partido de 1986. Genio y figura, capaz de atravesar, desarmar y hacer reír casi en silencio.

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