Despedida de Arsenio: dijo adiós a Riazor, donde hizo los sueños posibles
La comitiva abandonó el estadio entre lágrimas, cánticos, bengalas y un pasillo interminable de gente

“Nunca más volverá a haber uno como él”. La frase se repetía entre los miles deportivistas que se arremolinaban al mediodía en torno al portalón de Marathón de Riazor. En unos minutos iba a marcharse del estadio para no volver nunca más Arsenio Iglesias, la figura más importante de la historia del Dépor. En 1995 se había ido solitario y en silencio, como a él le gustaba, aunque todo el mundo deseaba entonces para él una despedida diferente. 28 años más tarde, el deportivismo le dijo adiós con un aplauso interminable, entre cánticos, bengalas y lágrimas en un pasillo confeccionado por todas “esas gentes” por las que él siempre se preocupó hasta abandonar la ciudad camino de Arteixo, donde fue enterrado. Dejaba huérfanas a varias generaciones de deportivistas el hombre que había hecho posible todos los sueños en ese mismo escenario, el mismo que también había sabido estar a las duras. Alguno ni siquiera lo vio sentado en un banquillo y buena fe de ello la daban la gran cantidad de niños vestidos de arriba a abajo del Dépor, que aplaudían o veían la salida de la comitiva desde los hombros de sus padres. “Arsenio eres Dios”, cantaban todos a su salida. El arteixán es eterno, seguirá ahora guiando desde los cielos.
Fue el clímax de una mañana en la que se prolongó la vigilia, el velatorio. Las colas para entrar en el estadio y presentarle su último respeto se fueron desperezando y cogieron fuerza una hora antes de las 12.00. Había sentimiento y se habían cuidado los detalles. Al entrar, el videomarcador lo recordaba, las pantallas de publicidad alrededor del césped lo recordaban. Pasar por el banquillo camino de las entrañas de Riazor, donde estaba el féretro en la salida del túnel de vestuarios, era el primer paso para impresionarse. Ahí se podían ver muchísimas bufandas que los aficionados habían dejado y que, posteriormente, irían enganchadas a uno de los coches fúnebres de la comitiva. Había más en la barandilla en torno a su estatua de Las Esclavas. No solo eso. Flores, dibujos de niños, dedicatorias, coronas... Todo donde horas después se iban a sentar el entrenador y los suplentes del Dépor para medirse al Alcorcón.

Un día cargado de emoción / Carlos MIranda
Los ojos húmedos y la emoción que embargaba a la mayoría de aficionados ante el cuerpo presente de Arsenio era la misma que se sintió a la salida del féretro en una despedida que le tributó A Coruña, que quizás solo tiene parangón en la ciudad con el sepelio de Curros Enríquez cuando volvió de Cuba en 1908. La comitiva salió casi a la una y el paso por Manuel Murguía fue lento, cargado y sentido para que todos pudieran despedirse.

Un día cargado de emoción / Carlos MIranda
Ya después de que la familia tuviese intimidad para decir adiós en el cementerio de Arteixo, quedaban los últimos gestos antes de que arrancase el Deportivo-Alcorcón. Salieron al césped algunos de sus nietos, junto a su inseparable Carlos Ballesta, para extender una pancarta y depositar una corona al borde del césped, mientras se vivía uno de los minutos de silencio más sentidos de la historia de Riazor. Era sepulcral, el pesar se podían cortar. Todo antes de que la grada rompiese en aplausos y los cánticos resonasen desde el fondo de Marathón con la pelota en juego. Os nenos descamisados, como tantas veces, le decían a su ídolo que “nunca” se iría. Permanecerá en todos ellos.

Un día cargado de emoción / Carlos MIranda
Charla de Florentino
La capilla ardiente estuvo pocas horas abierta en Riazor. Ya fuese en la distancia o in situ, la familia de Arsenio Iglesias se vio sorprendida por la magnitud de la ola de cariño y reconocimiento que recibieron de los deportivistas, del fútbol en general y de toda la sociedad coruñesa y española. Les impresionaba ver a niños llorar desconsolados ante el féretro cuando era imposible que hubiesen disfrutado de los éxitos del arteixán. Aquel lema de “de padres a hijos” también sirve para sentir a quien no han visto en directo. Una de las visitas que sorprendió fue la de Emilio Butragueño, en representación del Real Madrid, aunque ya estaba en Sevilla para la final de Copa. Florentino Pérez quiso tener una larga charla por teléfono con la familia. Uno de tantos detalles que les han llenado.

Un día cargado de emoción / Carlos MIranda

Un día cargado de emoción / Carlos MIranda
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